Discorsi

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la clausura de la VIII Conferencia de la Asociación Americana de Juristas, celebrada en el Palacio de las Convenciones, el 17 de septiembre de 1987

Data: 

17/09/1987

Compañeras y compañeros de la presidencia;

Distinguidos invitados;

Distinguidos delegadas y delegados:

No piensen que estoy impaciente por venir a esta tribuna; pero ya sabía que no podía escaparme de aquí, por lo que vi allí en el receso, que empezaron las protestas, porque creían que yo había venido unos minutos para escaparme, y sabía que iban a insistir en que les dijera algo.

Me parece que en otras circunstancias, el magnífico discurso del compañero Escalona habría sido suficiente para concluir cualquier conferencia; pero por culpa mía —y me echo toda la culpa— ustedes tendrán que prolongar un poco más la estancia en este salón para escuchar unas palabras, que yo trataré de que sean breves, desmintiendo mi fama de hombre de discursos largos (Aplausos).

En realidad, los compañeros me habían insistido en que yo hiciera una intervención, y yo nunca soy partidario de las intervenciones, de ningún tipo de intervención, y menos de estas aquí en las conferencias. ¿Qué suelo hacer? Participar en cualquier evento todo el tiempo, sin moverme un solo segundo; discutir, analizar, percatarme bien de las cuestiones, de las inquietudes, de los temas, de los puntos esenciales, y solo en esas ocasiones acepto decir algunas palabras. Y eso se comprende.

Yo les decía también a los compañeros: miren, si ustedes se equivocan, bueno, es malo; pero se lo van a perdonar. Si yo en una de esas intervenciones improvisadas me equivoco, va a ser un desastre, no para el mundo, ni para Cuba, pero para mí, por lo menos, va a ser un desastre.

Aquí se trata de una reunión de personas muy conocedoras de estos temas. Como decía el compañero Escalona, hay diputados, magistrados, fiscales, abogados, y no son cuestiones sobre las cuales, realmente, se debe estar improvisando. Incluso, ante la situación de comparecer en esta tribuna, yo meditaba quién podría saber los temas que fueran para ustedes de más interés. Algunos compañeros me decían: bueno, ¿por qué no se hace un interrogatorio, o un cambio de impresiones, un diálogo de preguntas y respuestas, como hicimos cuando la deuda externa? Y yo decía: bueno, eso se prolonga cinco o seis horas. Y creo que después de un congreso, cuando se está finalizando, no hay quien resista cinco o seis horas de diálogo.

Meditaba cuando escuchaba los dictámenes, o los acuerdos, o resoluciones de las distintas comisiones, cuáles pudieran ser temas de más interés para ustedes en lo que a Cuba se relaciona. Seguí el orden de las comisiones. Creo que empezaron por la Comisión número 5, la que tiene que ver con las cuestiones relacionadas con el derecho laboral. En este dictamen se hablaba de las excepciones de Nicaragua y de Cuba, y yo me preguntaba: caramba, ¿por qué nosotros somos las excepciones? ¿Cómo interpretarán los delegados, los juristas aquí presentes, esta cuestión de las excepciones?

En realidad, no hay muchas excepciones. La excepción fundamental estaba relacionada con la cuestión del derecho de huelga. Aquí dijo el compañero que leyó el dictamen, que fue el compañero argentino, que Cuba ni las prohibía, ni las incluía. Es decir, no mencionaba las huelgas. Escalona dijo que, bueno, en un sistema como el nuestro, donde la propiedad es de todo el pueblo, de todos los trabajadores, carece de sentido la cuestión de las huelgas.

Yo creo que en todo esto habría que profundizar un poquito más. ¿Qué pasa en nuestro país con este fenómeno de las huelgas?; no del resto de nuestra legislación laboral, que es muy amplia, a veces digo que demasiado amplia; que concede una cantidad de prerrogativas, que a veces digo que son demasiadas prerrogativas, y que han estado presididas por las nobilísimas intenciones de los revolucionarios, y que no siempre han sido realistas.

Yo a veces he meditado que, por ejemplo, los países industrializados no solo nos han dejado una herencia terrible en todos los sentidos, y las sociedades de consumo no solo nos han dejado esa herencia del hábito y ansias de consumismo: sociedades presididas por el espíritu de la ganancia, por el espíritu mercantil, no por el afán de resolver los problemas del hombre, no por el afán de satisfacer las necesidades reales, espirituales y materiales del hombre, sino que se guían por otras leyes y por otros objetivos egoístas, que no tienen nada que ver con el hombre, apelando a la filosofía de que coinciden esos intereses con los intereses de la sociedad, desde que Adam Smith proclamó ese principio, allá frente al feudalismo, de que el interés de los individuos era el interés de las naciones, y que había que dejar que el individuo hiciera todo lo que quisiera y que sus intereses coincidirían siempre con el de las naciones —y me pregunto hasta qué punto hoy día los intereses de las grandes transnacionales coinciden con el interés de los individuos, de los pueblos y de las naciones (Aplausos); todos se rigen por leyes distintas que están en constante contradicción con los intereses de la sociedad en el mundo de hoy—, ese liberalismo que en un tiempo tuvo su razón de ser y que fue un día incluso revolucionario frente al feudalismo.

Pero, bien, estas sociedades desarrolladas han alcanzado gran nivel de desarrollo tecnológico; las fuerzas productivas se impulsaron considerablemente; saben explotar el trabajo, lo saben explotar bien; imponen la disciplina a base de condiciones objetivas muy duras para el individuo, no es una disciplina consciente, como la que tiene que crear el socialismo, puesto que no puede renovar, o no puede recrear las condiciones en que funciona y trabaja el capitalismo; tienen ya, incluso, muchas industrias automatizadas, robots, etcétera; solo que en este caso el robot desplaza al hombre: ponen una máquina a producir allí y al lado tienen millones de desempleados, como le pasa a Estados Unidos y como le pasa a Europa, y les va a pasar peor en esos famosos programas de reconversión industrial, que son programas, siempre, siempre, como ocurre en el capitalismo, a costa del ser humano, a costa del hombre. No sé, en definitiva, cómo van a resolver esas contradicciones entre los robots, las máquinas automatizadas y el hombre; pero, bien, tienen mucha más productividad que un país del Tercer Mundo. Los países del Tercer Mundo tienen que desarrollar su fuerza productiva, su economía.

En el caso nuestro, con la noble aspiración de distribuir todo lo que pueda crearse de una manera justa, no tan justa como aspiramos a que sea en un futuro más lejano, cuando se pueda hablar de una sociedad comunista, sino todo lo justa que pueda ser la distribución en una sociedad socialista, una redistribución socialista que, según Marx, como lo dijo en la Crítica al Programa de Gotha, no rebasaba los estrechos horizontes del derecho burgués, porque dar a cada cual según su capacidad y su trabajo parte de la premisa ya de que hay desigualdades, puesto que todos no tienen la misma capacidad, todos no tienen la misma fuerza, energía mental o física, y, sin embargo, todos tienen diferentes necesidades, en nuestro caso, digo, luchamos por desarrollar la economía para esa distribución. Pero el desarrollo es una ley objetiva, inevitable, nadie puede escapar de las necesidades del desarrollo.

Otra cosa es ya la filosofía distributiva. Si vamos a desarrollar las fuerzas productivas y vamos a desarrollar la economía para meterles en la cabeza a los individuos que cada uno debe tener 50 metros cuadrados de tela si a lo mejor le alcanzan 20, ó 17, ó 25, y cuando ya tiene 50 se quiere que tenga 65, y cuando ya tiene suficiente para vestirse decorosamente se quiere que cambie todos los días de ropa, y cuando se puede cambiar todos los días de ropa se quiere que cambie por la mañana, por el mediodía, por la tarde y antes de acostarse también, ese es el sistema que rige la sociedad capitalista, su criterio distributivo.

O la idea de que cada individuo tenga un automóvil. Y yo me pregunto, muchas veces he dicho, bueno, ¿puede la India, cuya población crece en 10 millones de habitantes por año, y que tiene más de 750 millones de habitantes, o puede Bangladesh con más de 100 millones en unos pocos kilómetros cuadrados, plantearse como meta del desarrollo la idea de que cada individuo o cada familia tenga un automóvil o dos o tres, porque haya que copiar tal filosofía y tal concepto del desarrollo y de las necesidades del hombre de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, RFA, etcétera? ¿Cuánto duraría el petróleo existente en el mundo, que ya se está acabando y que todo el mundo sabe ya casi la fecha exacta en que se acaba? Aunque se ahorre muchísimo, ¿cuánto duraría si cada indio tuviera un automóvil?, ¿cuánto duraría? (Aplausos.) ¿Y cuánto duraría si cada chino, si cada uno de los habitantes de Asia, cada uno de los miles de millones de habitantes del planeta tuviera un automóvil? Si los chinos están prohibiendo los hijos prácticamente, porque son muchos, y establecen políticas bastante rigurosas para que un matrimonio no tenga más de un hijo y, en todo caso, nunca más de dos, y tratar de que la edad para contraer matrimonio se atrase, y, por supuesto, la población no crece a estos ritmos, y a pesar de todos los esfuerzos no los puede controlar y son ya más de 1 000 millones.

Es decir, está claro que el mundo no puede adoptar los patrones de estas sociedades capitalistas desarrolladas que crecieron, como dijo Marx, chorreando sangre por todos los poros, saqueando al mundo durante siglos, a un mundo al que todavía continúan saqueando por diversos medios, un saqueo todavía más eficiente que el del colonialismo, porque después que se fueron de las colonias inventaron otras formas de dominio y explotación económicas más eficientes, más despiadadas, en países que dejaron empobrecidos, subdesarrollados, a los que explotaron durante siglos, no solo sus riquezas, sino a sus hombres, como esclavos o como asalariados de miserables ingresos.

Esas sociedades que disfrutan de esas riquezas a costa de ese saqueo se pueden tomar esos lujos locos; han deformado al hombre, han deformado a la sociedad, y no hacen más que continuar deformándola. Luego no pueden ser esos nuestros criterios de desarrollo, nuestros criterios de las necesidades humanas. Hay otros valores que tenemos que apreciar mucho más que tener un automóvil cada familia, que no se sabe cuándo podrá ser, y si será conveniente y saludable alguna vez el día en que hasta el hidrógeno del agua se convierta en combustible, si los materiales alcanzan, o si la ciencia y la técnica pueden permitir ese milagro. Entonces no se sabría la cantidad de muertos por accidentes, pues ya se sabe que en la sociedad desarrollada es la primera causa de muerte. Pero está claro que los más de 4 000 millones de seres que habitan el Tercer Mundo, deben buscar otros objetivos y otros conceptos y otros criterios del desarrollo de la riqueza y la distribución de la riqueza, sobre otros valores, repito.

El tiempo libre mismo es un enorme valor, la serenidad, la tranquilidad, la cultura del hombre, un enorme valor que allí no se aprecia nada: la tranquilidad espiritual del hombre. Vean los índices de enfermos del corazón, de infartos y todo eso, que tienen esos países. No saben ya qué hacer con todos sus vicios y todas sus cosas. Están combatiendo el consumo de cigarro, muy bien. Pero el de la droga no pueden ni combatirlo. Cada vez son más víctimas de su propio sistema, de su propia filosofía, de su propio individualismo, de su propia falta de cultura, de educación. Y se sabe, porque se han hecho encuestas en los propios Estados Unidos, y recientemente leí una y todos los días aparece alguna, en que dicen que allí en Estados Unidos... Bueno, allí preguntan dónde está Nueva York, y hay un porcentaje bastante elevado que no sabe dónde está Nueva York y que lo mismo confunden la ubicación geográfica de México con la de Brasil. Y no tiene nada de extraño, porque el señor Reagan llegó una vez a Brasil, y en un almuerzo empezó a hablar de Bolivia. Creía que estaba en Bolivia realmente (Risas y Aplausos).

Si el Presidente no sabía dónde estaba Brasil, si no se acordaba que había llegado allí y en qué aeropuerto había aterrizado, entonces cómo puede pedírsele a ... Muchos allí, desgraciadamente, estudiantes, no saben. Es terrible la ignorancia que tienen sobre el mundo; es ultrajante, en dos palabras, porque a nosotros no nos queda más remedio que saber dónde está Estados Unidos, cuál es el candidato republicano y el demócrata, y qué pasa en ese país, porque lo que pasa en ese país nos afecta a todos. Sin embargo, ellos se dan el lujo de ignorar, no ya dónde están ubicados, sino prácticamente la existencia de ese Tercer Mundo. Ustedes lo ven en todas las conferencias internacionales, en Naciones Unidas, en todas partes.

En esa sociedad también, con mucha más productividad y que tiene unos problemas de desempleo terribles, se ven obligados a reducir la jornada de trabajo. Si antes, en la época de Marx, era de 14 horas hasta para los niños, se fue reduciendo a 12, a 10, a 8 horas, cinco días a la semana, la semana inglesa. A todos nos gustaría muchísimo eso, pero uno se tiene que preguntar, con todas las cosas que tenemos que hacer y los esfuerzos del desarrollo, ¿es posible que nos demos ese lujo las actuales generaciones que tenemos que llevar a cabo esa tarea histórica? Pues a veces nosotros, olvidándonos por completo de la productividad del trabajo y de la necesidad del desarrollo, tenemos tendencia a transferir a nuestros países horarios de trabajo, sistemas de trabajo, semanas de trabajo, etcétera.

Por ejemplo, nosotros tenemos un mes de vacaciones en nuestra legislación. No quiere decir que lo vamos a quitar, pero lo pongo como ejemplo. ¡Un mes! Hay países desarrollados que no tienen un mes de vacaciones. Y así usted ve a cada rato que hay que cerrar fábricas para dar las vacaciones juntas a todos los trabajadores, aprovechar para el mantenimiento. Ni que estuviera el país lleno de autómatas realizando la producción, y de tornos programados, en realidad.

Quiero decir que en cierta cosa debemos ser conscientes, al menos nosotros. Aquí no tenemos el problema de otros países que no están en un régimen socialista, en el que ya todo se hace para el desarrollo del país. Si uno vive en un país donde casi todas las empresas son norteamericanas, como en Puerto Rico, por ejemplo, ¿quién va a querer trabajar una hora más, quién va a querer trabajar un día de vacaciones?

Eso lo estableció la Revolución, estas vacaciones. Pero quiero decir: si hay una contradicción total entre los intereses de la economía —se puede decir del sistema de producción—, y los intereses de los trabajadores, ¿quién va a pedir, en un sistema capitalista, que los trabajadores comprendan, que trabajen por el desarrollo, si mientras más esfuerzos hacen más millonarios se hacen los propietarios, más ricas se hacen las transnacionales?

¡Nos explotan! Fíjense cómo van a invertir allí donde hay mano de obra barata. Fíjense cómo van a invertir allí donde se pueden tener empresas sucias. Se van a Puerto Rico, sí, las industrias contaminantes no las hacen allá en Estados Unidos; las industrias que requieren mucha mano de obra y mano de obra barata, se van las transnacionales para Taiwán, o para Corea del Sur, o para Hong Kong, o para la Malasia, y se van para los países latinoamericanos. Pero se encuentran ya tales problemas en los países latinoamericanos, tal miedo, que prefieren ir a lugares más pacíficos, y vean cómo esos países se desarrollan a base de gobiernos muy fuertes, muy represivos. Esos paraísos de las transnacionales son regímenes a base de represión feroz para mantener la disciplina necesaria que requiere una política de hambre, de bajos salarios y de una gran explotación.

Ellos se van a buscar a todas partes, para industrias sucias y mano de obra barata, a los países del Tercer Mundo, mientras reservan para sí las industrias de alta tecnología y de alta productividad, de grandes inversiones de capital y de poco empleo, muchas veces, de fuerza de trabajo. Pero en los países industrializados eso entra en contradicción con los propios trabajadores de esos países. Y digo que no sé cómo van a conciliar la contradicción entre la productividad y el empleo. Nosotros sabemos cómo vamos a resolver esos problemas perfectamente bien, porque tenemos nuestras ideas sobre eso y sabemos que jamás habrá una contradicción. Porque, ¿qué estamos haciendo nosotros, digamos, en la educación? Ya tenemos 17 000 profesores y maestros de reserva, unos 265 000 profesores y maestros en total, y 17 000 de reserva. ¿Para qué sirven? Para que haya 17 000 maestros y profesores estudiando, con su salario, y elevando sus niveles de conocimientos, su especialidad, haciendo estudios universitarios, mientras aquellos 17 000 están trabajando. Y pensamos: no tenemos por qué cerrar nuestras escuelas de maestros porque empiecen a sobrar los maestros.

En nuestro concepto, porque tenemos un concepto de cómo debe ser la distribución, una distribución justa, nos parece que el individuo que no hace nada de todas maneras cuesta a la sociedad; de una forma o de otra viste, calza, vive en casa de una tía, de alguien, de un hermano, recibe la asistencia médica, recibe la educación, tiene la seguridad social, tiene todo. Un hombre sin hacer nada se convierte, realmente, en una carga para la sociedad, y una sociedad racional debe arreglárselas para emplear esos recursos humanos de una manera útil a la sociedad. ¿Qué mejor cosa podríamos hacer con esos 17 000 jóvenes a los que hicimos maestros, para ponerlos a estudiar? Vamos a llegar hasta 40 000. En vez de tenerlos desempleados, o en vez de tenerlos en burocracia, o en actividades que no signifiquen nada, convertimos esas 40 000 personas en un recurso extraordinario para los sistemas de superación de nuestros maestros.

La inmensa mayoría de nuestros maestros primarios están estudiando para obtener el grado de licenciado en enseñanza primaria, un título universitario, con seis años de estudio, después de ser maestros y después de trabajar como maestros. Y los últimos dos años completos tienen el tiempo libre, gracias a esa reserva que estaría desempleada. Me pregunto si el sistema capitalista puede hacer eso.

Lo mismo vamos a hacer con los médicos. Ya nosotros tenemos 28 000 médicos; dentro de 10 ó 12 años tendremos 65 000. Ya sabemos lo que vamos a hacer con cada uno de ellos; tendremos el mejor promedio del mundo de médicos per cápita. En el capitalismo se quedarían sin estudiar, o como pasa en algunos países: en la propia España tienen 20 000 médicos sin empleo; entonces tienen que empezar a reducir los ingresos en la universidad y todas esas cosas.

Cuando nosotros tengamos 65 000, ya sabemos donde estarán todos, entre ellos 10 000 en el exterior —hoy hay alrededor de 1 500, como parte de la colaboración de Cuba con el Tercer Mundo—, tendremos también una reserva de 10 000 médicos. Y eso mismo lo pensamos hacer con ingenieros, arquitectos, con casi todos los técnicos, ¡tremenda fuerza! ¿Para qué sirven? Para la superación. ¿Para qué sirven? Para darles también, incluso, en el futuro, cuando ya tengan el título universitario esos 40 000 maestros y profesores de reserva, un año sabático a cada maestro y a cada profesor cada siete años, de manera que puedan superarse, estudiar un año entero. Esa es una forma racional de distribuir los recursos humanos. Al médico también, a todos los demás; convertir esos recursos humanos en un sistema de superación constante de los demás, en tiempo para estudiar.

¿Será o no será agradable a un maestro que estudió sus nueve años de enseñanza primaria y secundaria y después cuatro años en las escuelas pedagógicas? Una de las cosas que pensamos es aumentarlo uno más, para darles una preparación más completa. En vez de 13, 14 años de estudios, y después poder estudiar, sacar el título superior en la universidad. En el futuro próximo, nuestros maestros de primaria, de primer grado, tendrán título universitario. ¿Es o no agradable? ¿Es o no algo digno de apreciarse esa oportunidad? (Aplausos.) ¿O acaso es más útil comprarse 65 camiones cada año, u otras aspiraciones que son imposible? Me pregunto.

Y el día que después de hacer todo eso, dar impulso al desarrollo y utilizar de manera racional los recursos materiales y humanos para el progreso humano y para el bienestar del hombre, el día en que también tengamos autómatas —y empezamos a tenerlos—, el día en que tengamos muchos tornos programados —y empezamos a tenerlos—, el día en que tengamos muchos programas de producción computarizados —y empezamos a tenerlos, porque estamos desarrollando todas esas actividades, no simplemente es un problema de coser y hacer confecciones; estamos profundizando en las investigaciones científicas y en muchos campos—, entonces, si a pesar de todo sobra gente, ese día rebajamos el horario de trabajo, de ocho horas, a siete, de siete a seis, de seis a cinco. Nadie quiebra, nadie pierde nada, y todo el mundo gana.

Es decir que nos esforzamos por llevar a cabo el desarrollo de una sociedad racional, donde la contradicción entre el sistema de producción y el pueblo, los trabajadores, ha desaparecido. ¿Y cuál es la preocupación de un trabajador nuestro si está en la agricultura? ¿Y cuál es la preocupación de nuestros sindicatos?, que se preocupan muy bien de que no se cometan violaciones de la legalidad, que se preocupan muy bien de que no se cometa ninguna injusticia. ¿Pero de qué hablan nuestros sindicatos, todo el día, por la mañana, por la tarde y por la noche, allí unidos al Partido, unidos a la Juventud, unidos a la Federación de Mujeres? De lo que hablan es de cómo pueden producir más leche, y más carne, y más alimentos; y en una fábrica, cómo pueden elevar la productividad, la producción, cómo reducir los costos. Si ellos no conocen los fenómenos de superproducción, ni desempleo por superproducción.

Antes aquí luchaban contra las máquinas. El que quisiera introducir una máquina de torcer tabaco se buscaba el gran conflicto social y enormes huelgas. El que intentara introducir una máquina para cortar caña en este país, se buscaba un conflicto social increíble; en un país donde había medio millón de desempleados, con una población de apenas 6 millones de habitantes, nadie podía hablar de una máquina: ni una máquina para hacer caminos, ni mecanizar los puertos, ni un almacén de azúcar a granel, ni una grúa que tuviera mucha productividad para cargar, ni la mecanización de las construcciones, ni la mecanización de la cosecha de arroz, del cultivo de arroz, porque todo aquello desplazaba al hombre y todo aquello conducía al desempleo, a la miseria y al hambre, en beneficio exclusivo de los latifundistas y de los propietarios de todo aquello.

Sin embargo, hoy el pueblo sabe cuánto le toca de leche, y sabe que solo puede tener más leche produciendo más leche, y más arroz produciendo más arroz, y sacándole mayor productividad a aquellas máquinas, a aquellas combinadas.

¿Y qué ocurre hoy? ¡EI trabajador suspira por las máquinas, suspira! Porque no es lo mismo cortar arroz con una hoz, horas interminables, doblado, que cortar arroz en una combinada; no es lo mismo regar el fertilizante y el pesticida a mano, que regar en un avión o sembrar en un avión, que tiene una productividad fabulosa, un avión sembrando arroz o regando pesticidas o fertilizando. El campesino comprende incluso la idea de la tecnificación y la idea de trabajar en grandes extensiones, etcétera; comprende que el minifundio es improductivo, y por eso se agrupa en cooperativas o grandes empresas estatales.

¡El hombre suspira por las máquinas! Porque la máquina es la que liberó a este país de los trabajos más duros. Cargar sacos de azúcar de 325 libras todos los días, un montón de horas, acababa con la columna y acababa con la salud de los hombres. Había que ver cuántos casos, cuando no había ninguna atención médica. Hoy ningún saco pesa 325 libras, todos se cargan de otra forma, y la inmensa mayoría de los millones de toneladas de azúcar que nosotros exportamos se cargan a granel; la fuerza física del hombre no interviene para nada. Y así, en todas las actividades.

Sencillamente, ¿cómo se explica esto? Ha desaparecido la contradicción, han desaparecido las causas que originan los conflictos en la sociedad capitalista. Y una forma de manifestarse el obrero, la única que tiene, es la huelga, una de sus armas, ¡que hay que defender, porque es tremenda arma! Ahora, después hay que hacerle conciencia al trabajador; aquí no hubo que hacerla, nunca un trabajador planteó ese problema; los trabajadores plantean otros problemas totalmente diferentes, porque hay una identificación total entre sus intereses y los de la sociedad.

Esto no quiere decir que no pueda haber errores, esto no quiere decir que no puedan producirse conflictos en una sociedad socialista. Es una tarea de hombres y depende de cómo trabajen los hombres, cómo trabaje el Partido; si se burocratizan, si se acomodan, si se dejan llevar por criterios teoricistas, por criterios tecnocráticos, entonces pueden surgir las contradicciones, incluso, en el medio del socialismo, ¡pueden surgir! (Aplausos.)

Es una sociedad nueva, es un mundo nuevo en que hay mucho de experimento todavía y de ensayo; pero si hay una política correcta, si se sigue una política de principios, si la dirección del Partido, si el Partido no se aparta de las masas y el Partido es el instrumento... Y no hay que tenerle temor al Partido, porque el fundador de nuestra nacionalidad o, digamos, el gran forjador de nuestra independencia, que fue José Martí, lo primero que hizo fue organizar un partido —está en la tradición de Cuba—, el Partido Revolucionario Cubano; no organizó ni 15 ni 25 partidos, organizó uno. Antes que Lenin, Martí desarrolló el concepto de un partido para dirigir la revolución, donde unió a todos los sectores de la sociedad (Aplausos).

Y digo que si el Partido no se aparta de las masas, si no se aparta de los principios, si no cae en manos de tecnócratas y burócratas, entonces jamás tiene que surgir esa contradicción. Cuando hay oído atento y cuando el pueblo se siente parte activa de todo el proceso en todos los sentidos, entonces no tienen que surgir esas contradicciones. Porque es el Partido el primero que tiene que velar, no solo los sindicatos; y cada militante del Partido y cada militante de la Juventud tienen que velar por los intereses de los trabajadores, la atención material al hombre, los problemas de los trabajadores y lo que puede hacerse por el trabajador; no es solo el sindicato, son todos los factores, todas las organizaciones de masas, luchando por la misma preocupación, trabajando en el mismo sentido.

Esa es una de las características de nuestra Revolución, y llevamos 28 años, vamos a cumplir 29. ¡Sí, señor, ha pasado el tiempo! (Aplausos.) Veintinueve años de firmeza inconmovible, frente al imperio superpoderoso que todo lo podía, aplastar como a cucarachas los procesos políticos; hacer lo que hizo allá en Guatemala, en 1954, para que después murieran 100 000 personas allí. De eso no se habla, de eso no hablan los fariseos y los hipócritas que tienen siempre a flor de labios los derechos humanos (Aplausos).

Eso quisieran haber hecho con nosotros, con una expedicioncita; ya se sabe lo que pasó cuando vinieron con su expedición aquí. Eso quisieron hacer con Nicaragua, y le han impuesto ocho años de heroica lucha. Eso no habría sido posible más, la resistencia de nuestro pueblo frente a todos los poderes militares, económicos, políticos, frente al virtual monopolio de los medios masivos de divulgación; porque ustedes saben que la inmensa mayoría de lo que se escribe en los periódicos del hemisferio, lo que se divulga por la televisión y por la radio son programas enlatados, son artículos confeccionados en las agencias cablegráficas de las grandes potencias imperialistas y neocolonialistas. Y eso es lo que nos obligan a leer todos los días, que son las noticias que llegan de todas partes: de Nicaragua, de todo proceso revolucionario, de todo país que lucha contra sus intereses; les vuelcan todo ese torrente de medios masivos de divulgación. ¡Y eso es peor que el SIDA, peor que cualquier epidemia! (Aplausos.)

Afortunadamente, nuestros pueblos han ido desarrollando anticuerpos frente a esas epidemias y a esas enfermedades, y por eso se puede dar un congreso como este, con los criterios que ustedes han expuesto aquí (Aplausos). Es que ya se vuelven ineficaces sus venenos, y si hasta los mosquitos se adaptan al malathión y a otros insecticidas, fosforados y de otro tipo, cómo los seres humanos no nos vamos a adaptar y convertirnos en insensibles a esos venenos. Y es, precisamente, lo que está ocurriendo, son los fenómenos que estamos viendo.

Para seguir en el punto relacionado con esta cuestión de las huelgas, en que me he extendido en consideraciones que me parecían necesarias, puesto que ustedes, en realidad, viven en dos puntos y en dos mundos que son diferentes, me parecía que esto era necesario. Y, desde luego, estas cosas las comprende nuestro pueblo. Es lo que ha hecho posible su unidad, es lo que ha hecho posible su fortaleza y su defensa frente al imperio.

Porque hay una conciencia. Recorran nuestras calles, vayan a nuestros campos, vayan al interior los que puedan o cuando puedan, hablen con el pueblo y pregúntenle por todas estas cosas. Ellos les darán explicaciones mejores que las que yo puedo darles, porque no es ya un pueblo de analfabetos, donde había un 30% de analfabetos y un 80% de semianalfabetos; no llegaba al 20% los que aquí tenían instrucción de sexto grado. Ustedes van a una fábrica hoy, a cualquiera, y le preguntan a cualquier trabajador: ¿Cuál es tu nivel? El que menos le dice: secundaria básica, y muchos le dicen: preuniversitario, nivel medio, técnico tal o más cual. Hay que ver los niveles de educación, de instrucción general; pero, sobre todo, los niveles de instrucción, de educación, de conciencia política que ha alcanzado nuestro pueblo. Y nuestros trabajadores entienden todo eso, ellos les podrían dar respuesta a algunas de estas inquietudes.

Esa conciencia, esa unidad, ese consenso, ¡ese consenso de nuestra sociedad es lo que explica nuestra capacidad de haber resistido al imperio! Es muy importante. Y algunos podrán preguntarse cómo, con qué métodos represivos se podría mantener una revolución, un gobierno cualquiera, frente a esos poderes enormes de Estados Unidos, sin el consenso, sin la unidad del pueblo. Es decir, ¿con métodos policíacos se podría mantener algún régimen, de esa forma, contra el pueblo, frente al imperio? Por métodos policíacos se mantienen los regímenes como los de Pinochet, Stroessner, etcétera, ¡con el apoyo del imperio!, ¡con el apoyo del imperio! (Aplausos.)

Quizás me he extendido en este tema, pero me pareció esencial la explicación de por qué ciertas instituciones que son imprescindibles en la sociedad de la explotación del hombre por el hombre, vienen a resultar algo que a nadie se le ocurre pensar, como regla. Aquí nadie ha pensado en una huelga, ¡nunca!, no lo he visto en los 28 años de Revolución, en miles de reuniones con trabajadores, con campesinos.

Señores, si aquí —y esta es la prueba, digamos, suprema— los defensores de la Revolución son los obreros, los estudiantes, los campesinos, ¡armados!; si aquí en nuestras fábricas los colectivos obreros tienen las armas allí, al alcance de la mano; si todo el pueblo está organizado y armado, ¡millones de personas!, de acuerdo con los conceptos de la guerra de todo el pueblo para la defensa del país frente a una agresión imperialista; los estudiantes armados, los obreros armados, los campesinos armados, el pueblo entero armado. Entonces, si alguno cuestiona, le podríamos decir: vamos a dar un derecho que corresponde, vamos a dar un derecho que el socialismo en Cuba ha dado, superior al derecho de la huelga, que es el derecho de los obreros, campesinos y estudiantes, el derecho del pueblo, a armarse, ¡a armarse! (Aplausos.)

Retemos a aquellos que duden, porque esas huelgas en el capitalismo son huelgas contra la policía, contra el ejército, contra los bomberos, contra los chorros de agua a alta presión, contra las municiones, contra las balas de goma; hasta carros blindados movilizan a veces para aplastar una huelga, para intimidar. Es la huelga del pueblo y de los trabajadores frente al sistema capitalista, burgués, que tiene que defenderse y defender el sistema con las bayonetas de sus instituciones armadas.

Yo creo que esa es la prueba completa, cabal, de cómo en un sistema social nuevo, esa contradicción entre pueblo y poder, trabajadores y poder, desaparece, sencillamente porque a partir de esas nuevas circunstancias el pueblo puede decir —como una vez dicen que dijo Luis XIV—: ¡El Estado soy yo, el poder soy yo, el propietario soy yo! (Aplausos.)

Aunque aquí los temas de las comisiones se asocian, hay muchas de estas cosas que pudieran ser comunes a la explicación de cómo se elaboran distintas políticas en nuestro país.

Yo escuché con mucho interés todo lo que se dijo en el Dictamen sobre la cuestión del sistema penitenciario y el sistema de justicia del país.

En general, creo que debí haber dicho una de las impresiones que tuve mientras escuchaba todos los dictámenes: realmente, podría señalarse que ese cuerpo de ideas, de resoluciones en el Dictamen, constituye, pudiéramos decir, todo un código de un elevado contenido ético y de un gran sentido progresista, yo diría que revolucionario. Me admiraba de cada una de las conclusiones que ustedes habían sacado y la forma en que las exponen, porque creo que eso puede ser un programa para todo el mundo; pero que trae también lecciones para nosotros, enseñanzas para nosotros, que nos hacen ser más conscientes de nuestras deficiencias y de nuestras limitaciones.

No piensen que nosotros estamos aquí con la idea, o en la actitud de que de nosotros solo se puede aprender. ¡No! Por el contrario, que a nosotros mucho se nos puede todavía enseñar (Aplausos). Y este congreso es una prueba, porque hay ciertas ideas que nosotros hemos estado analizando, en nuestro esfuerzo y en nuestro deseo de hacer mejor las cosas cada día y de perfeccionar nuestras instituciones, en nuestra eterna inconformidad con lo que hacemos.

Claro que, frente a las calumnias del enemigo, defendemos con mucha energía y categóricamente lo que tiene de éxito la Revolución. Pero ante nosotros mismos y ante nuestros amigos, siempre estaremos dispuestos a reconocer y a examinar cuántos errores y deficiencias hayamos podido cometer.

Estoy escogiendo solo algunas de las cosas más relevantes de lo que ustedes han planteado, y dentro de este tema del sistema penitenciario y el sistema de justicia, una de las cuestiones más relevantes es lo que se ha planteado sobre la política penal, y sobre la cuestión que, más que de despenalización, la comisión calificó de destipificación; es decir, trabajar en el código, suprimir categorías de determinados delitos; en dos palabras, lo sustantivo del código, como dicen ustedes los abogados.

El oficio me ha obligado a aprender otras cosas a lo largo de la vida, y creo que me he ido rezagando un poco en este terreno del derecho. Después les digo cuál es la primera actitud en una revolución sobre las leyes de los revolucionarios, incluso de la población, cuál es la actitud.

Pero, para seguir en el tema, nosotros estamos analizando, hemos tomado conciencia. La presencia de ustedes, las proposiciones de ustedes, los análisis de ustedes, nos hacen tomar más conciencia todavía, y nos permiten hacer cosas más progresistas.

Recientemente, tuvimos una reunión en el Ministerio del Interior con toda la Policía. Estuvimos hablando todas estas cuestiones relacionadas con el delito, las penas, las leyes, la política; analizando el porcentaje de sanciones que tenemos. Y yo decía que hay países que han renunciado a luchar contra el delito, se han declarado impotentes; estoy hablando del delito más serio. En nuestro país no se renunció a luchar contra el delito. Incluso, nuestro país no puede renunciar a la idea de erradicar el delito; no mediante la represión, porque no es mediante la represión. Hay medidas penales que hay que tomarlas inexcusablemente, pero hay que profundizar y ver dónde están las causas del delito, cuáles son las múltiples causas del delito.

Nosotros, dentro de unos días, vamos a discutir este asunto, precisamente, en una reunión del Comité Central del Partido, porque vienen trabajando hace rato los compañeros, hace muchos meses, hace casi un año, en eso que ustedes llaman destipificación. Y creo que tenemos que recoger todas estas cosas tan interesantes, que nosotros, un poco aislados en este sentido, no veíamos con tanta claridad, pero que empezábamos a ver. Y un poco en eso estábamos siguiendo, si se quiere, casi viejas corrientes. No en el sistema penitenciario, creo que es difícil encontrar un sistema penitenciario más racional, más humano en el sentido del tratamiento, de las condiciones de vida que el que tenemos desde hace mucho tiempo; desde hace mucho tiempo, desde hace muchos años, aquí los presos que trabajan cobran. En un tiempo había muchos presos contrarrevolucionarios —hoy hay muchos menos, infinitamente menos—, hay presos de los llamados delitos comunes, y se estableció, hace muchos años, el trabajo. Pero no el simple trabajo, como método educativo, sino el trabajo como medio de vida y el cobro de su salario. Y yo quiero que ustedes sepan que aquí hay miles de presos trabajando; digamos que debe haber más de 20 000, unos en fase abierta y otros en fase cerrada, porque hay algunos que tienen otra peligrosidad social, realmente, que son reincidentes, que son incorregibles, pudiéramos decir. Desgraciadamente, tenemos esa categoría todavía de presos. Esperamos que en el futuro tengamos menos, y que un día en la sociedad humana desaparezca esa categoría, digamos, de población penal. Pero cobran el ciento por ciento de su salario, exactamente igual que un trabajador normal en la fábrica; ayudan a su familia.

Recuerdo que en los primeros tiempos lo que hicimos fue ayudar a los familiares de los presos con alguna pensión, analizando, lo mismo presos contrarrevolucionarios que presos comunes. Y después se fue estableciendo el derecho a laborar, pudiéramos decir, del preso y a ganarse la vida. Hicimos los planes de rehabilitación.

¡Aquí hubo momentos de muchos miles de presos contrarrevolucionarios! Por aquellos días de Girón, la CIA creó alrededor de 300 organizaciones contrarrevolucionarias, ¡trescientas!, para citarles un ejemplo, para que no les extrañe. Es que fue una guerra que trató de ser tan sucia como la de Nicaragua; ya ven ustedes, la CIA y el imperialismo con su dinero, más la confusión de una parte de la gente.

Había mucha gente que no quería oír hablar de socialismo, porque era una cosa terrible, era lo que le habían dicho toda la vida. Incluso, usted se encontraba a alguna gente en algún lugar: "¿Tú estás de acuerdo con la reforma agraria, y que todos esos latifundios se conviertan en cooperativas o se reparta la tierra? ¿Tú estás de acuerdo con que se libere al campesino de pagar renta, de pagar aparcería?" "Sí, estoy de acuerdo". "¿Y estás de acuerdo con que el comercio exterior se nacionalice y que todas esas empresas que ganan millones de pesos sean empresas de todo el pueblo, y que se puedan dedicar esos ingresos a otros programas, tales y más cuales?" "De acuerdo". "¿Y estás de acuerdo con que todos esos bancos, donde tiene la gente depositado su dinero, en vez de estar manejados por unos intereses particulares, esté manejado por el gobierno, y eso se dedique al desarrollo del país?" "De acuerdo". Les preguntaba sobre la industria, lo mismo; sobre muchas cosas similares les preguntaba y obtenía la misma respuesta. Era todo un programa socialista y estaban ciento por ciento de acuerdo. Y les preguntaba: "¿Estás de acuerdo con el socialismo?" "Ah, no, no" (RISAS).

Con el socialismo no, porque había una especie de reflejo condicionado, que a eso se dedica el imperialismo con toda esa propaganda de que les hablaba, la propaganda enlatada, esa que hace que en muchos de nuestros países, desgraciadamente, según encuesta, el 80% o el 90% de los niños sepan quién es Supermán y no sepan, en cambio, quién era Juárez, o quién era Sucre, o quién era San Martín, o quién era Bolívar (Aplausos). Eso forma parte de todo ese diabólico mecanismo de acondicionamiento mental, los reflejos condicionados, porque nos tratan como a los perros del famoso experimentador Pavlov, que estudió los reflejos condicionados.

Y así nos tratan a nosotros, nos van condicionando la mente con toda esa propaganda.

Nosotros, en un perenne análisis de lo que hacemos, estamos acercándonos ya a tomar decisiones sobre esta cuestión de la destipificación de los delitos y seguir otra política. Vamos a seguir otra política, y esperamos avanzar todo cuanto sea posible.

En esa reunión nosotros analizábamos una cuestión muy importante, ¡muy importante!: Cuáles son las causas del delito. Porque todavía tenemos delito. Y nosotros estamos empeñados en hacer investigaciones serias de dónde procede un joven delincuente y cuáles son los factores que determinan; y tenemos algunos indicios, tenemos algunos indicios de la influencia que tiene el hogar, la influencia que tiene todavía la familia; la influencia que tienen, incluso, algunas tradiciones en algunos núcleos; la importancia que tienen también los hogares divididos, cuando los padres no asumen cabalmente sus responsabilidades; los problemas que trae cuando el muchacho deserta de la escuela. O sea, los factores que van conduciendo a la delincuencia, y casi son matemáticos esos factores.

Yo tengo la convicción de que en la educación, en la escuela, en el sistema educacional, está el arma principal contra el delito, ¡el arma principal contra el delito! (Aplausos.)

Y nuestra sociedad ha avanzado mucho. No resisten comparación los análisis entre los delitos de sangre en Cuba y los delitos de sangre en Estados Unidos o en cualquier otro país de América Latina, ¡no hay comparación posible! Es que aquí no se hace la apología del crimen, aquí no se divulga ni se hace sensacionalismo, como en el caso de un descuartizado, lo que era la famosa crónica roja, que aparecía en los primeros cintillos del periódico: "El descuartizador", donde se describía incluso la técnica precisa, exacta y rigurosa del descuartizamiento. Si había alguno con aquella locura, o aquella tendencia, no tenía más que leerse tres o cuatro periódicos para estimularse después a cometer una proeza semejante, porque, además, casi era glorificada. Aquí no hay crónica roja.

Realmente, los delitos nuestros, que todavía tienen un índice alto en cosas intrascendentes, son mucho menos, por supuesto, que en Estados Unidos o en cualquier otro país. En muchos países, desgraciadamente, es regla, porque las condiciones sociales impulsan esa actividad, el hombre desarrolla sus instintos y trata de protegerse de mil maneras diferentes.

Los análisis nuestros de todos esos delitos graves, de violencia, son mínimos, ¡mínimos! Hay otros contra la propiedad —hurto—intrascendentes, que justifican mucho más un tratamiento adecuado. Y nosotros empezamos ya a elaborar bien la política, toda esa política de diferenciación: qué tratamiento darle al individuo que por primera vez comete una falta de ese tipo, y la segunda y la tercera; qué tratamiento darle al reincidente y al recalcitrante o al incorregible, porque todavía, desgraciadamente, nuestra sociedad produce eso. Y es tremenda herencia; hay una herencia del pasado que no es fácil de erradicar. Nosotros teníamos esa ilusión y no la hemos perdido, pero teníamos ciertas ilusiones en los primeros tiempos de la Revolución. Incluso al delito común no se le daba importancia.

Voy a decir algo más. En aquellos primeros días del triunfo de la Revolución, había tanto repudio a los criminales de guerra y tanto repudio a los contrarrevolucionarios en aquella dura lucha que tuvimos, en que había —como decía— miles de presos contrarrevolucionarios, cientos de organizaciones creadas por la CIA, que en aquella época el preso común casi se sentía orgulloso: "¿Tú eres preso contrarrevolucionario?" "No, yo sí que no soy preso contrarrevolucionario, yo soy preso común." Casi lo decían con orgullo: preso común. La atención de la Revolución se dedicaba, esencialmente, al preso contrarrevolucionario. Era el que irritaba al pueblo. Los agentes de la CIA...

Decía que eran muchos. Calculen que solamente en Girón, de una sola vez, cayeron prisioneros 1 200 mercenarios que habían invadido al país. La atención se concentraba en el preso contrarrevolucionario, no en el problema del delito común. Fue después cuando se vio también que el delito común irritaba mucho a la población; se siente intranquilo el trabajador cuando sabe que le pueden robar en la casa, que le pueden quitar las cosas, o pueda darse el caso de que estando la familia en la casa el delincuente penetre; crea inseguridad, realmente.

En ese sentido puede decirse que las masas tienen una actitud más exigente, tienen una actitud, pudiéramos decir, más extremista, por lo general exigen más rigor frente al delito. Y es nuestro deber, en este caso, orientar precisamente a la población, al pueblo. Cualquier otra cosa sería demagogia, seguir la corriente. En esto tenemos que educar a todo el pueblo, en todas estas ideas, qué es el delito, cómo tenemos que combatirlo.

Hablaba precisamente de los criterios de que la lucha contra el delito no es mediante la represión, sino que empieza en el sistema educacional. ¿Y por qué digo el sistema educacional? No se trata de predicar la buena conducta, se trata realmente de educar; y se requiere de todo un sistema, no bastan ni siquiera los buenos maestros. ¿Y qué realidades nos hemos encontrado cuando hemos profundizado en los estudios, incluso estadísticos, a nivel mundial? ¿Cuántos niños necesitan escuelas especiales? Porque necesitan escuelas por distintas causas: porque tienen problemas de la vista, o porque tienen problemas acústicos —estoy citando los casos más conocidos—, o porque tienen problemas de retraso mental, o porque factores sociales determinan problemas de conducta que requieren una educación especial.

Nosotros hemos trabajado mucho en la educación especial, y tenemos una capacidad de 45 000 matrículas en escuelas especiales. Sin embargo, según datos estadísticos internacionales, lo que requeriría nuestro país por su población, sobre todo por la población infantil que tiene, es alrededor de 80 000 capacidades. Nosotros en tres años vamos a crear esas 30 000 capacidades. En la propia capital estamos construyendo 10 escuelas este año y nos faltan 24; pero en las provincias orientales nos faltan 90. Hay una provincia que todavía no tiene ninguna, que es la provincia de Guantánamo. Esto incluye escuelas para limitados físicos; hay que hacer escuelas.

¿Qué hacemos hoy con el niño limitado físico que por nacimiento o por accidente le falta una pierna y tiene que andar en un sillón de ruedas? Le mandamos el maestro a la casa; pero ese niño no hace vida colectiva, no va a la escuela, se siente diferente. Y nosotros estamos dando una atención lo más científica posible a ese problema; estamos haciendo ya escuelas, incluso, para los casos de muchachos impedidos, que son escuelas especiales, costosas, desde luego; estamos llevando a cabo un programa.

Pero también hay muchachos que tienen algunos problemas congénitos por alguna razón, o porque en el parto hubo dificultades, o porque unos tienen una media de inteligencia, otros están por arriba y otros están por debajo de la media. Esos pueden tener problemas de asimilación en las escuelas; si está en una escuela normal, empieza a tener dificultades, empieza a hacer un rechazo a la escuela, puede terminar alejándose de la escuela.

Nosotros le prestamos especial atención a la deserción escolar, porque del adolescente que se va de la escuela empieza a forjarse un delincuente en potencia y llega a ser delincuente.

Cuando ustedes hacen los estudios, y nosotros los vamos a hacer más profundos, se encuentran que el delincuente dejó la escuela en tal época, no tuvo atención del padre o de la madre, tuvo tales problemas, más cuales. Ese niño requiere escuelas especiales, tener una educación especial, maestros con un nivel especial, especialistas en eso; tener una escuela donde pueda recibir una educación adecuada, el tratamiento adecuado y no que se vaya marginando de la escuela y, sobre todo, deserte. Nosotros tenemos que ganarle totalmente la batalla a la cuestión de la deserción escolar,

Hay casos de jóvenes que han cometido delitos, y tenemos algunas excelentes escuelas que hacen un trabajo realmente educativo con relación a ellos. Recientemente estuvimos analizando el caso de una escuela, porque esa es la que tenemos que hacer, que ya es una escuela interna. Para los problemas de trastornos de conducta hay dos tipos de escuelas; no pueden ser iguales, hay algunos alumnos ya de más edad. Pero nosotros estamos comprobando la tremenda eficacia de la educación de la prevención del delito, y sabemos que los alumnos que están en esas escuelas se transforman verdaderamente, con una educación adecuada; les enseñan oficios, les enseñan arte, les enseñan música, les dan la instrucción general.

Y hay que ver, requieren un grupo de especialistas, son costosas esas escuelas. Quiero que sepan que el costo de una escuela especial con relación a una escuela normal es cuatro veces mayor, lo que cuesta un alumno en esas escuelas. Y necesitamos 80 000 capacidades.

Nosotros, en este proceso en que estamos envueltos, en medio de esta efervescencia que hoy se puede apreciar en nuestro país, con un movimiento de masas fuerte para las construcciones, estamos llevando a cabo un programa de estas obras sociales, no solo de círculos infantiles, sino también de escuelas especiales. Después nos daremos a la tarea de algunas escuelas de educación general que ya están en viejas instalaciones, hacerlas nuevas, construir sus nuevas instalaciones, porque ya hemos llevado a casi todo el país la doble sesión en la primaria. Porque también ese muchacho mataperreando por las calles por la mañana o por la tarde, cuando el padre y la madre están en el trabajo, es un problema, se convierte también en un vivero de conductas antisociales. Y nosotros hasta hace relativamente unos años, teníamos una sola sesión, porque eran tantos los muchachos que no había suficientes instalaciones ni maestros. Ahora estamos llevando la doble sesión; en los últimos tres o cuatro años, casi la hemos llevado al ciento por ciento. Hay varias provincias con el ciento por ciento de doble sesión en la primaria, y la vamos a llevar también a las secundarias urbanas. Aunque muchos de nuestros estudiantes están en escuelas secundarias en el campo, o en preuniversitarios en el campo, que son instituciones de gran calidad.

Estamos prestando mucha atención a ese muchacho que anda solo y sin control por la calle. Aparte de los riesgos que corre, es también un factor que incide en esto. Ir cortando todo eso, irle ganando la batalla a todos esos factores es, realmente, ir haciendo política preventiva contra el delito.

¡Más que sancionar, debemos evitar que surja el delincuente! Y cuando la sociedad no sea suficientemente perfecta, entonces está la política de justicia: qué tratamiento darles, cómo hacerlo; porque muchos sistemas penales en el mundo, que mezclan allí a la gente en esos antros que suelen ser las prisiones, convierten las cárceles no en centros de rehabilitación del hombre, sino en centros creadores de más delincuentes y peores delincuentes.

Me parecía necesario, y no sé si alguien habló en este Congreso de esta política, de esta concepción que nosotros estamos aplicando. En el año 1990 tendremos las 80 000 capacidades que necesitamos para todos los tipos de escuelas especiales. Y estamos siguiendo de cerca algunos experimentos muy interesantes, porque ese tiene que ser un personal muy consagrado, muy dedicado. Está demostrado que la pedagogía es capaz de conquistar a esos adolescentes jóvenes que, incluso, ya han practicado delitos, y me parece que eso debe formar parte de nuestro programa progresista, el de todos nosotros, y que no se describe solamente con los conceptos planteados aquí de cuáles son las mejores técnicas, o la destipificación. Nosotros vamos a hacer eso; pero antes que eso, incluso, estamos haciendo lo otro.

En lo de la destipificación, no creo que transcurran muchas semanas antes de que nosotros hagamos esas modificaciones adecuadas en nuestro Código Penal, en el que hemos pagado un poco la inexperiencia. Durante mucho tiempo teníamos el viejo código; hicimos el nuevo, pero aparecieron muchas figuras delictivas que son innecesarias, y que pueden resolverse con otras formas de sanción, como multas, etcétera. Así, tenemos algunas —me contaba el mismo Ministro— como la de manejar sin licencia. Las leyes, en el afán de proteger a la población, establecen que el delito de manejar sin licencia sea sancionado con rigor, y solo ese delito origina un montón de causas radicadas; y es del tipo de cosas, como otras muchas, que deben ser resueltas con otra receta y medidas de otro tipo.

Nosotros ya estábamos llegando a esas conclusiones, pero ustedes han acabado de introducir en nosotros la convicción absoluta de que lo que estamos haciendo en este terreno es correcto. Y esperamos que en un próximo congreso de juristas la delegación de Cuba pueda hablar de lo que ha hecho en este terreno (Aplausos).

No quiero extenderme mucho en el tema de la mujer, porque quiero hablar de los derechos humanos, me parece importante (Aplausos), y de la autodeterminación, la paz, y, si me dejan un poquito, de la deuda. Y con esto les digo que, por lo menos, algunos minutos más voy a estar hablando.

Creo que el compañero Escalona lo expresó sintéticamente. Quizás debo añadir algunos datos, y son los siguientes: en nuestro país hay ya municipios, en la propia capital de la República, donde la fuerza de trabajo femenina equivale al 50% de la ocupación civil. Esto se explica porque quizás en barcos de pesca haya muchos más hombres, casi todos hombres, o en barcos mercantes, o en determinadas unidades militares, aunque tenemos unidades militares de mujeres, y se van impulsando; no digo de Milicias de Tropas Territoriales, sino unidades regulares de mujeres. El hecho es que en algunos municipios donde hay gran demanda de fuerza de trabajo, se da el fenómeno de una mayoría de mujeres en la fuerza de trabajo.

Esto se asocia mucho con la cuestión de las facilidades que tenga la mujer para incorporarse al trabajo, porque no basta proclamar el derecho de la mujer al trabajo, por ejemplo, o la igualdad de la mujer.

Aquí también se hizo el Código de la Familia, que tiene preceptos que más bien son normas morales, incluso; una gran prédica, luchando contra ese machismo tan ancestral (Aplausos), típico de nuestras sociedades, heredado de la colonia, de la España que estuvo como siete siglos ocupada por los árabes. Y no quiero hacer ninguna crítica a los árabes, y lamento mucho si hay alguien de origen árabe aquí entre ustedes, debe haber alguno; pero, ustedes saben, las ideas un poco forman parte casi de la religión, ciertos criterios de esos, y a nosotros nos ha llegado una parte, y nosotros hemos tenido que luchar muy duro contra eso.

Quiero que sepan que una de las batallas más difíciles de la Revolución es la lucha por la igualdad de la mujer, porque la discriminación no existía solo entre los hombres, sino entre las propias mujeres, cosa curiosa, a pesar de todo lo que se ha avanzado en educación e ideología. Porque lo vemos en las elecciones del Poder Popular. No sé si ustedes conocen cómo están establecidos nuestros órganos del Estado, cómo se organiza nuestra Asamblea Nacional: parte de las circunscripciones, son alrededor de 11 000 circunscripciones, y allí se eligen los delegados de circunscripción, que son los que eligen a todos los demás poderes del Estado; son los que eligen el poder municipal, el poder provincial e incluso la Asamblea Nacional.

En esas circunscripciones la postulación es absolutamente libre. Quiero que sepan que nuestro Partido no interviene en ninguna circunscripción para proponer. Se estableció desde el principio el sistema de que reunido el pueblo en asamblea pública, como si estuviera en Atenas, todos los vecinos de la circunscripción con derecho al voto... Se reunen en distintas asambleas, en distintas áreas de la circunscripción; a veces casi todas postulan al mismo, y alguna por obligación de la ley tiene que postular a otro. Pero a veces postulan ocho. Se pone un límite máximo, hasta ocho candidatos por la circunscripción; límite mínimo, dos. Y el que gane tiene que ganar el 50%, y si entre varios ninguno gana el 50%, hay que repetir la elección. Y díganmelo a mí, que desde que se estableció la Constitución, este sistema, no he escapado en ninguna elección de dos domingos consecutivos, porque en la circunscripción mía nunca nadie gana más del 50% de los votos en la primera elección.

Ahora, la postulación es libre, y nosotros exhortamos mucho a la idea de promover a la mujer: promover a la mujer en los sindicatos, promover a la mujer en la Juventud, promover a la mujer en el Partido, promover a la mujer en la administración, promover a la mujer en los cargos de elección popular. Pero hay que postularías. Y entonces sacamos la cuenta de cuántas mujeres han postulado, a pesar de la lucha, y vemos todavía esa manifestación: puede ser un 20%, un 21%. Debiera ser un 40%, un 50%, tal vez un 60%, si la gente se diera cuenta de verdad de que las mujeres son mejores administradores que los hombres (Aplausos). Es verdad, realmente.

Ahora, de las que postulan, ¿cuántas eligen? Son las mismas mujeres... Y no son prejuicios, sino porque creen que aquel que no tiene hijo va a estar en mejores condiciones de desempeñar la tarea, que no es profesional; todo el trabajo que tiene que hacer el delegado de circunscripción es en horas extras, cuando termina la jornada laboral, y piensan, casi hasta les da lástima el trabajo que tiene que hacer aquella, porque es madre, etcétera, etcétera.

Entonces es una lucha para establecer la igualdad. Pero hemos avanzado extraordinariamente y desde el principio organizamos a las mujeres. No se hizo ninguna federación de hombres cubanos, porque no la necesitaban y bastante tenían con su hegemonismo milenario; hicimos la Federación de Mujeres Cubanas. Casi todas las mujeres de más de 14 años en nuestro país pertenecen a la Federación de Mujeres Cubanas. Y se han organizado y libran su batalla. No hacen huelgas; pudieran hacerlas, pero tendrían que hacer también huelgas contra ellas mismas, que tienen su parte de responsabilidad en el fenómeno de la discriminación. Pero, en fin, ellas solas no ganarían esa batalla sin el apoyo de todas las organizaciones de masa, sin el apoyo del Partido, sin el apoyo del Estado socialista.

Pero debemos decir con satisfacción que hoy la mujer está incorporada a las actividades productivas. Se han creado cientos de círculos; hemos creado capacidad para 100 000 matrículas en los círculos infantiles. Hay que tener en cuenta, desde luego, que no todas las mujeres son de 25 años, hay trabajadoras ya entre 30 y 40 años que ya no tienen niños, por lo general, de círculos infantiles; pero tenemos cientos de miles de capacidades de seminternos para que las madres trabajadoras que tienen hijos en la edad de enseñanza primaria los envíen allí.

En la propia capital de la República, tenemos capacidad para 40 000 niños y estamos llevando a cabo un programa acelerado, cuando comprendimos en este proceso de rectificación que se había descuidado el área de la construcción de círculos, por criterios tecnocráticos, teoricistas y burocráticos, que veían el círculo como un lujo y no como una necesidad, incluso, de la producción y de los servicios, para que mujeres altamente calificadas o mujeres que trabajan en la industria, en la producción material, puedan incorporarse. Porque los problemas que nosotros hemos tenido en nuestro país, más que desempleo, aunque tenemos algunas regiones del país donde actualmente hay un cierto excedente que nos lleva a realizar un programa acelerado de industrialización y de inversiones en estas regiones, como consecuencia de que por ser más atrasados, tenían un crecimiento de la población más acelerado. Eso nos pasaba en las provincias orientales.

Puedo decirles, por ejemplo, que la natalidad media en las provincias orientales puede ser alrededor de 21%, 21 por cada 1 000 nacen, mientras que la media nacional es de 16 por 1 000. Allí fue mayor; antes eran más todavía. También en esas provincias, que es nuestro Tercer Mundo, a pesar de los esfuerzos de la Revolución, nos encontramos allí que si en la Ciudad de La Habana, la capital, un 18% de los niños que nacen son hijos de madres de menos de 20 años, en las provincias orientales casi un tercio de los que nacen son hijos de madres de menos de 20 años.

Estudiamos todas estas cosas para llevar a cabo nuestros programas, muy variados, de desarrollo social, educacional en todas estas cosas. También en las familias orientales hay más hijos por familia; es un poco más difícil una incorporación alta. Pero en muchos lugares las mujeres están casi igual: 40%, cuarenta y tanto por ciento, treinta y tanto por ciento.

Pero debo decir que el 54% de la fuerza técnica del país son mujeres —el 54% ya—, mayor que el número de los hombres (Aplausos). ¿Hemos o no hemos alcanzado cierto nivel de igualdad, cierto nivel de posibilidad para las mujeres? Y, claro, muchas de ellas son ingenieros, arquitectos, médicos, otras son técnicos medios. Un gran número de esos 26 000 profesores y maestros son mujeres. También en el sector de la salud, hoy, la mayoría de los estudiantes de las 20 facultades de medicina que tiene el país son mujeres, y las escogemos según expediente y vocación. ¿Qué descubrimos? Bueno, hemos tenido casi que poner cuotas, porque de los alumnos de preuniversitario, si diéramos ingreso solo por expediente, de cada tres ingresos en la facultad de medicina, dos serían mujeres, ¡dos serían mujeres! (Aplausos.) En cierto momento, para buscar algún equilibrio, debido a las funciones, a las misiones internacionalistas, etcétera... Pero ahora nos estamos apartando, incluso, de esa idea y ya estamos dejando el ingreso, prácticamente, a lo que den los expedientes, de modo que aumentará el número de mujeres en ese sector tan importante como es la medicina.

Pero, bueno, para la situación que tenía la mujer en nuestro país en el pasado, un país que con 6 millones y medio de habitantes tenía 100 000 prostitutas, según los cálculos, entre las que ejercían directamente la prostitución o las que la ejercían indirectamente, porque muchas de esas tiendas de lujo, muchos bares y lugares eran también prostíbulos disfrazados adonde llevaban a las muchachas para que fuesen espléndidas y fuesen generosas, todo lo posible, con los enriquecidos clientes de aquellas tiendas y de aquellos lugares.

Había también la prostitución indirecta, de aquella situación en que muy pocas mujeres tenían empleo, en que la mayoría de los analfabetos eran mujeres también, en que el trabajo de las mujeres era el hogar o la servidumbre en las casas, el empleo doméstico, la prostitución y otras actividades que eran las que tenían, con una gran desigualdad en salario, por el mismo trabajo. Todo eso desapareció.

Hoy día, la mujer es mayoritaria en los trabajos de tipo técnico, que suelen también ser de alta consideración social y alta remuneración. Es una batalla en la que estamos enfrascados, en que hemos avanzado mucho, en que no retrocederemos jamás, porque aun dentro del socialismo se pueden cocer habas y surgir teóricos que digan: si va a haber desempleados, es mejor que sean mujeres y no que sean hombres. Aun dentro del socialismo, algunos tecnócratas y teóricos pueden admitir el principio de que haya excedente de fuerza laboral, puesto que es mejor organizar la producción y establecer la disciplina cuando usted tiene una reserva de desempleados. Pero un verdadero revolucionario, un verdadero socialista, jamás puede admitir esos conceptos y tiene que buscar otra forma de organización de la sociedad (Aplausos). Y en estos avances no retrocederemos jamás.

Y ya les digo que tenemos cientos de círculos infantiles. Solo en la capital de la República tenemos 350 círculos con capacidad para 40 000 niños, y en dos años vamos a elevar un 50%, la vamos a elevar a 60 000. El número de matrículas que teníamos pendientes, de madres que solicitaban un lugar para sus hijos en los círculos infantiles, era de 19 500. El 31 de diciembre habremos aumentado las capacidades, en menos de un año, en 10 000. En 1988, para diciembre, habremos completado todas las necesidades de la capital. Iniciamos un programa similar en 1988 en el resto de las provincias, y en 1990 habremos satisfecho todas las necesidades de círculos de todo el país. Y si aumenta la demanda, porque puede haber alguna que ni siquiera lo haya solicitado porque sabía que había limitaciones, entonces, sencillamente, aumentaremos las capacidades con las tremendas fuerzas sociales que hemos desarrollado o hemos desatado con un movimiento de masas, a través de lo que hemos dado en llamar las microbrigadas de construcción. Yo no voy a intentar explicarles esto porque va a ser demasiado extenso, pero pueden ustedes antes de irse preguntarles aquí a los compañeros de la Ciudad de La Habana qué son las microbrigadas y qué concepto implican; una idea realmente revolucionaria que promete mucho.

Ya hay 18 000 en la capital solamente, y a fines de año tendremos 30 000, para programas de construcción de viviendas, programas de construcción de círculos, escuelas, etcétera, y así nosotros rebasamos el limitante, que era la falta de fuerza de trabajo para todos esos programas constructivos. Porque ante la cantidad de oportunidades que tiene en la capital un trabajador, prefiere el trabajo fijo, estable en una fábrica u otro centro, que el trabajo nómada de los constructores, aunque se pague mejor y se tengan diversas facilidades.

Pero no me voy a extender en esto, solo les digo que como consecuencia de este movimiento de masas en que lo que se requiere son materiales, no tendremos materiales para toda la masa que podemos movilizar construyendo. Para construir no tendremos materiales, pero estamos haciendo un gran esfuerzo en el desarrollo de la producción de cemento, acero de la construcción y distintos elementos de pisos, de techos, de paredes para las construcciones. No me extiendo en eso, que no es trabajo del Congreso de los Juristas, pero que tiene algo que ver con este importante tema: el desarrollo social del país, las facilidades de viviendas para las madres, de escuelas para sus hijos, de doble sesión, de todos los seminternados que hagan falta y de todas las matrículas de círculos infantiles que hagan falta.

No basta proclamarlo; hay que crear las condiciones para ello, y nosotros hacemos un gran esfuerzo en ese sentido. Creo que es un campo en que hemos avanzado mucho y nos proponemos seguir avanzando, sin vacilaciones y sin retrocesos ni claudicaciones de ninguna índole.

Paso al tema cuatro, con lo cual me voy acercando al final, aunque este tema es un tema creo que de enorme importancia y algunas cosas tenemos que decir, aunque algunas cosas dijo Escalona ya, sobre este tema de los derechos humanos, tan importante y tan fundamental, sobre el cual, incluso, se ha tratado de acusar a nuestro país, se ha acusado a nuestro país, se ha calumniado miserablemente a nuestro país.

Por eso quiero profundizar un poquitico en este tema y en nuestros conceptos sobre los derechos humanos, porque se ha llegado incluso a la felonía increíble de acusar a nuestro país de torturas físicas a prisioneros. Gran campaña. Incluso, los imperialistas, apoyados por sus aliados de la OTAN y apoyados por algunos gobiernos que son dependientes totalmente, trataron de sentar a Cuba allí en el banquillo de los acusados en la reunión de Ginebra; hicieron cosas increíbles para lograrlo y no lo lograron, pero no fue poco el esfuerzo. Yo diría que jamás Estados Unidos presionó tanto en una dirección, y ustedes saben que Estados Unidos presiona a la ONU, presiona a la UNESCO, los chantajea, los amenaza con quitarles los créditos, quitarles la parte que le corresponde en el financiamiento de esas instituciones, para tratar de hacer lo que le da la gana, con un descaro como no lo había hecho nunca ninguna otra administración de Estados Unidos.

Yo creo que este tema de los derechos humanos es una de las banderas más hermosas que pueden esgrimir los revolucionarios y los hombres progresistas y democráticos del mundo; no tienen que ser marxista-leninistas. Pero creo que nadie debiera estar por delante de un revolucionario, de un marxista, de un leninista, en la idea de la realización de los derechos humanos.

Escalona explicó algunas cosas, pero yo quiero abundar un poquito en este tema. Como él dijo muy bien, en los derechos humanos no se trata solo del derecho a la vida, el derecho a la libertad, el derecho a la seguridad; no se trata solo de las garantías legales, institucionales, que debe tener todo ciudadano, la garantía absoluta con relación a su integridad física; no se trata solo del derecho a participar de manera activa, o al derecho a elegir, el derecho a escoger, como ocurre en nuestro país, incluso a los candidatos, en este caso, y elegirlos y tener formas verdaderamente democráticas de organización del Estado socialista. Esa forma de organización que tratan de desprestigiar los imperialistas, porque llaman democrático únicamente a su sistema, y habría que ver si es democrático, en primer lugar. Porque usted ya me pone en igualdad de condiciones al pordiosero y al millonario, al que está en las calles de Nueva York durmiendo y tapándose con periódicos, y al que tiene 100 millones de dólares, empieza por eso.

Hemos visto las terribles desigualdades que se manifiestan en hechos tales como, por ejemplo, una mortalidad infantil entre la población blanca de 10 y una mortalidad infantil en la población negra de 30. Ustedes no se encontrarán aquí ningún sector que por origen étnico o social tenga mayor mortalidad infantil que otro, o en población negra, o en población llamada mestiza, o en población llamada blanca. Incluso, en las provincias usted no se encuentra grandes diferencias entre los niveles de mortalidad infantil entre una y otra.

Bueno, en Estados Unidos son increíbles esos desniveles. Por pertenecer a un grupo étnico, por el color de la piel, ya está condenado a que se mueran cuatro veces más niños por cada 1 000; o en la educación, o en el empleo, o en los ingresos de los trabajadores. Usted toma las estadísticas y se encuentra que la población blanca tiene como tres veces el ingreso de la población negra, y muchas más que el ingreso de la población hispana, para citar ejemplos, porque estos tienen los trabajos más duros. Como sabemos que en la RFA o en otros países de Europa, son los turcos los que construyen y hacen hoy los trabajos más duros; o son los argelinos, son la gente del Tercer Mundo; o son, incluso, de algunos países de Europa, como los yugoslavos, que van allá, y esas sociedades relegan los trabajos más duros para determinados sectores que vienen de otros países.

El imperialismo hace muchas campañas tratando de despreciar el sistema de un país revolucionario como Cuba. Pero los derechos humanos no se pueden limitar a los clásicos derechos que hay que establecer, hacer realidades y llevarlos a la práctica consecuentemente: derecho a creer y sostener la religión que se estime pertinente, tener la opinión que se estime pertinente... Y nosotros, en este sentido, estamos desarrollando como nunca antes la cuestión de la crítica y la autocrítica y la crítica pública, dura, por parte de nuestra prensa, y estamos estimulándola por todos los medios. Claro que nuestra prensa no es propiedad privada de nadie, que a veces cuando están hablando de la libertad de prensa de que tanto habla el imperialismo, es la libertad de propiedad de los periódicos para que el dueño escriba lo que quiera, lo que le parece; tiene el derecho sagrado, lo mismo en Estados Unidos que en otras partes, de publicar o no.

Desgraciadamente, nos encontramos con lo que ocurre a la prensa escrita; en los países capitalistas, la inmensa mayoría de la prensa tiene posiciones muy conservadoras, muy reaccionarias, muy de derechas. Hay países donde, si acaso tú te encuentras un periódico distinto, todos los demás están guiados por un principio conservador, vinculados a las transnacionales, vinculados al gran capital, y los periódicos de izquierda que defiendan causas populares son muy pocos. Si se hace una estadística, se verá cómo las transnacionales de la información dominan la información del mundo; se publica lo que ellos quieren, a través de sus medios, sus tecnologías, sus computadoras, sus satélites; ellos aprietan un botoncito y sobre cualquier cosa aparecen 50 noticias y tienen máquinas automáticas de trasmitir. Muchas veces, en países del Tercer Mundo, si tienen una pequeña e ignorada agencia de noticias, andan con una máquina de escribir vieja y trasladando la información por los cables tradicionales. Es decir que hay una competencia tecnológica tremenda. Ellos en el mundo poseen una tremenda, enorme maquinaria.

En nuestra sociedad las organizaciones de masa tienen sus periódicos: los sindicatos tienen su periódico —y a mí me gusta mucho el periódico de los sindicatos, por la forma en que escribe, habla y analiza los problemas, con mucho espíritu crítico—-; la Juventud tiene su periódico y está planteando todos los problemas, y hace críticas fuertes; el Partido tiene su periódico; las mujeres tienen su revista; las organizaciones científicas ... Más bien así es como se han distribuido, con distintas líneas de publicación, líneas editoriales. El Partido tiene el periódico nacional; todas las provincias tienen sus periódicos, igual que todas las provincias tienen sus estaciones de radio y todas las provincias van teniendo su centro de televisión. Estamos desarrollando ya —aunque hay dos cadenas nacionales, no es económico, no es racional que por el momento tengamos más— los centros de televisión propios en las provincias, para los temas que les interese.

Pero la única solución en nuestras condiciones, en que no existe la propiedad privada de los medios de divulgación, es el desarrollo más amplio de la crítica y la autocrítica; el desarrollo más amplio de la crítica pública con la participación de todo el que quiera exponer una opinión.

Desde luego que, en las condiciones de nuestro país, cuando hablábamos del delito, tal vez omití algo que me había propuesto explicarles a ustedes, que nosotros tuvimos que enfrentarnos al delito contrarrevolucionario fundamentalmente, ya les decía lo que pasaba con los delitos comunes, hasta que tomamos conciencia de ese problema, que nos obligó a darle mucha más importancia; pero tuvimos que defendernos tremendamente contra la agresión imperialista, como hoy se tiene que defender Nicaragua. Parte de la guerra subversiva, de la guerra sucia, es también la guerra psicológica, y al imperialismo le gustaría tener a su disposición todos los medios y todos los recursos.

Claro que una revolución mientras más tiempo pasa es cada vez más fuerte y puede aceptar cualquier tipo de desafío. Pero hemos librado y estamos librando todavía una batalla dura, no vayan a creer; una batalla dura frente a la hostilidad imperialista, la agresividad, los planes. Aquí se habló, incluso, de las prácticas del imperialismo en relación con la eliminación física de los dirigentes. Creo que el hecho de que nosotros estemos vivos aquí, unos cuantos de nosotros, es una prueba irrebatible de la ineficiencia del imperialismo para llevar a cabo sus planes (Aplausos), y también una prueba irrebatible de la eficiencia de los medios de la Revolución para defenderse y defender a los cuadros, porque los defiende con el pueblo, entiéndase bien, ¡con el pueblo!

Es decir, ¿por qué no pueden hacer los imperialistas aquí nada de lo que hacen en otros lugares? ¿O por qué no pueden hacer lo que hacen los revolucionarios en otros lugares? Es que aquí se topan con el pueblo unido y organizado en todas partes, aquí no se da el caso de que puedan andar haciendo lo que quieran, no se da nunca el caso siquiera de un asalto a mano armada; muy excepcional, muy excepcional. La actividad subversiva del imperialismo se estrella contra los mecanismos de defensa populares de la Revolución. Porque es que cada ciudadano es un defensor de la Revolución dondequiera que esté y no se mueve una hormiga; una hormiga contrarrevolucionaria frente al pueblo no puede moverse en nuestra sociedad, por esos mecanismos de defensa que ha creado la Revolución.

Bueno, eso explica también el fracaso. Recientemente salieron unos episodios ahí que eran dignos de verse, ¡el papel ridículo que hizo el imperialismo con su espionaje en Cuba! Desde hacía 15 años casi lo veníamos siguiendo de cerca. Creían que tenían montones de agentes y de espías aquí, y todas las informaciones que durante todos esos años recibieron las hacía la Revolución; la Revolución es la que ha mantenido informada a la CIA durante todos estos años (Aplausos), ¡pero bien informada, excelentemente bien informada! Y lo bonito es que a veces les decíamos la verdad, cuando la decíamos en el momento oportuno, adecuado, porque los compañeros nuestros que estaban infiltrados en la CIA —y se infiltraron porque ellos quisieron convertirlos en espías—, esos compañeros eran altamente apreciados en ese tenebroso organismo. Eso es un papel increíble.

¿Qué creían? Todo lo de ellos es una constante apelación al egoísmo de la gente, ¡todo por dinero! Mientras que los que colaboran con la Revolución —allá en Estados Unidos y en todas partes, y mucha gente de diversas nacionalidades—, todo el que colabora lo hace por principio, ¡por principio!, porque sabe que es justa la causa, que hay que defenderla, que es noble causa, y que aquella es agresiva.

Como estoy seguro de que si cualquiera de ustedes hoy pudiera conocer algo que fuera útil que lo conocieran los sandinistas, no tardarían ni un segundo en ir a informarles a los sandinistas lo que ustedes saben (Aplausos). Ustedes nunca esperarían que los sandinistas les fueran a dar un centavo, porque ni siquiera tienen un centavo para poder dar a nadie por información.

Bueno, todo el trabajo del imperialismo es a base de dinero, soborno.

Recientemente me reuní con los 27 compañeros que condecoramos por su brillante papel como supuestos agentes de la CIA. Ya era necesario sacar a la luz pública, por distintas razones, ese trabajo. La CIA recibió un golpe moral terrible.

Es decir que nos hemos defendido, porque es una defensa popular —que son las condiciones de que les hablé, que existen en nuestro país—, y, desde luego, hemos tenido que tener en cuenta esos factores de que nos hemos visto envueltos en una guerra. Eso en cierto tiempo ejerció cierta influencia de plaza sitiada, eso ejerció cierta influencia en los medios de información, ejerció cierta influencia en que hubiera poco espíritu crítico y poca crítica en nuestra prensa.

No hace mucho tuvimos un congreso de periodistas en que se analizaron todos esos problemas, y esa política se está siguiendo de una manera consecuente. Hemos dicho: no importa que se equivoquen una o mil veces, siempre serán preferibles los inconvenientes de los errores de la crítica, que los de falta de crítica, ¡que los de falta de crítica! (Aplausos.) Y nosotros procuramos que a través de esos medios el pueblo se exprese, que el pueblo se exprese con toda amplitud; pero las circunstancias son diferentes a como se desarrolla el periodismo en un país capitalista.

Es decir, nosotros les prestamos mucha importancia a las formas históricas que se comprendían en el capítulo de los derechos humanos, todas las garantías de todo tipo.

Creo realmente que la revolución burguesa, simbolizada en la Revolución Francesa con sus ideas de libertad, igualdad y fraternidad, por sus limitaciones de clase, por las abismales diferencias en esas sociedades, nunca llegó a tener verdaderamente ni libertad, ni mucho menos igualdad y fraternidad. La fraternidad no la puede conocer, por naturaleza, la sociedad burguesa. Quizás en los primeros años de revolución, frente a los feudales y frente a la monarquía absoluta, podía hablarse de cierta fraternidad de artesanos —no existía la clase obrera—, comerciantes, industriales, etcétera, dentro de los límites en que realmente comerciantes e industriales pueden ser fraternos. Pero, en realidad, entre el asalariado y el industrial, entre el propietario de los medios de producción y aquel que no tenía más que su fuerza de trabajo, entre el campesino pobre y el terrateniente propietario de las grandes tierras, entre los ricos y los pobres, no podía haber ningún tipo de igualdad, ni la existió nunca; y las libertades eran relativas, las que han podido disfrutar algunos ciudadanos.

Las elecciones, relativas. En Estados Unidos consisten en escoger muchas veces al menos malo de los dos, evitar elegir al peor, y a veces, unas cuantas veces... Si han elegido a un Roosevelt, ahora cometieron el desafortunado desaguisado de elegir a un señor como Reagan, que se jacta de no haber leído un libro en su vida, ¡se jacta de eso, figúrense ustedes! (Aplausos.) ¡Qué alto aprecio por los valores morales y por los valores humanos! Saben la política que ha seguido en lo social —aquí se dijo— con los enfermos, con los ancianos, con los estudiantes, con los pobres, con todo el mundo. Reagan quiere volver a la economía del siglo pasado, al liberalismo del siglo pasado, como si eso fuera realmente posible.

Bueno, estábamos en el punto de las elecciones, a quién eligen. Es relativo todo. De dos grandes partidos —ustedes saben cómo son todas esas campañas: montones de millones, televisión y propaganda—, el que tiene dinero es electo.

Sin ir muy lejos. Ustedes saben que en algunos de nuestros hermanos países latinoamericanos, las campañas electorales pueden costar hasta 100 millones de dólares, o 200, sin ir muy lejos. La imagen se hace: cómo tiene que peinarse, si se hace un moñito, la corbata, de qué color el traje, la sonrisa tiene que ensayarla, como en el teatro, cincuenta veces, el gesto enérgico, la frase, el dicho, la idea, y hasta estudian qué piensa la gente —pero jamás tratan de influir en el pensamiento de la gente—, qué piensa la gente, para decir lo que le guste a la gente, para ver cómo le dan el voto ese día, y después que se lo dan se acabó todo. Si, como he dicho en otras ocasiones, ni los más poderosos emperadores romanos tenían el poder de Reagan. Reagan puede llevar al mundo a una guerra, anda con una maletica por ahí, que dice que tenía las llaves y las claves, y puede que dispare un cohete o dispare 50 sin consultar con ningún Congreso.

Dicen que Nerón quemó Roma, y los libros de historia, que muchas veces han estado equivocados, a veces unos dicen que era bueno y otros que era malo. Siempre nos hemos hecho la idea que Nerón era muy malo, porque dicen que se puso a tocar un arpa mientras Roma ardía, la había mandado a quemar; que si Calígula hacía tales cosas y que si uno hizo cónsul a su caballo. No voy a decir más, porque me dieron ganas de decir algo, pero no lo voy a decir (Risas y Aplausos). Yo lo que iba a decir pensando en esto, es que Calígula pudo hacer eso, pero el pueblo romano nunca eligió cónsul a un caballo, ¿comprenden?

El poder que tiene un presidente en Estados Unidos es ese: desatar el holocausto nuclear, el fin de todos nosotros. A ver, ¿qué derecho tiene Reagan a matarnos mañana a todos nosotros? Porque le entró una espiroqueta cualquiera, un virus cualquiera, enloqueció, abrió la maletica y dio la clave de lanzar unos cohetes. ¿Qué emperador romano tenía ese poder? ¿Dónde está la democracia implícita en ese sistema, el de un señor que pueda, el día que amanezca enloquecido, llevar al mundo a la desaparición?

Ustedes han hablado mucho de paz, pero vean en manos de quién puede estar la paz y la vida de todo el género humano; ustedes dicen que la paz —y lo han dicho con mucha razón— es indispensable para el progreso y el desarrollo de los países. ¿Pero qué? Nos encontramos con un sistema que tiene un individuo ahí que mañana puede decretar la muerte de todos nosotros, de todos los niños y los recién nacidos y los que están en el vientre de la madre, y los que están por concebir todavía, puede liquidarlos a todos.

¿Eso es un modelo de sistema? ¿Hay dirección colectiva? Ninguno de nosotros en este país puede hacer nada ni parecido, ni siquiera nombrar a un ministro porque le pareció que tiene que nombrar a un ministro, porque tenemos nuestros mecanismos para nombrarlo. Tenemos la dirección de nuestro Partido, tenemos nuestro Buró Político, y tanto como la elección de un ministro aquí no lo decide ninguno de nosotros unipersonalmente; se discute allí en el Buró Político; o la elección de un embajador. No se vayan a creer que aquí nadie elige a un embajador, que el Ministro de Relaciones Exteriores elige a un amigo para embajador, ni un viceministro; eso se discute en el Secretariado del Partido. Y así en todos los niveles. ¡Nadie puede siguiera señalar a un individuo, a un amigo, para ponerlo en un cargo! Y existe una dirección colectiva; yo creo que eso es mucho más democrático, mil veces más democrático que el sistema que otorga esos poderes imperiales (Aplausos).

¿Cómo funciona el gobierno, cómo se administra, cómo se dirige un país? Son unos tipos endiosados, unos tipos con unos poderes absolutos. Y muchas de las llamadas democracias representativas están impregnadas de esas fallas, y son unas democracias que siempre son democracias con permiso de su majestad los ejércitos, como regla; desgraciadamente es así.

Todos queremos, admiramos, apoyamos y sentimos simpatía por el proceso democrático, pero tenemos el dolor por dentro de tener que preguntarnos hasta cuándo, si la crisis económica, o los problemas, o el desgaste que en tales condiciones, con la deuda y todo eso, sufren los gobiernos, cuánto pueden durar los procesos democráticos y hasta qué día un general dice: "Bueno, desde hoy mando yo", por decreto.

Pero, aun dentro de esas condiciones, los políticos elegidos en el Gobierno tienen muchos más poderes que cualquiera de nosotros en hacer y en deshacer. ¿Quiere decir esto que nosotros no tenemos influencia? Sí tenemos influencia, pero la tenemos por argumentos, por razones, porque podemos justificar algo y defenderlo con criterios y con ideas. A mí me preguntan: "¿Cuáles son tus facultades?" Yo diría: bueno, mis facultades son las de defender, en los organismos pertinentes, una idea, un criterio; es decir, eso no niega la influencia que puedan tener los dirigentes, que es muy distinto a las prerrogativas omnímodas.

En general, hoy por hoy un partido elige a alguien, pero al día siguiente de las elecciones el partido no existe; y los llamados regímenes presidencialistas, dentro de las facultades que les son permitidas —no digo por la Constitución, sino por las Fuerzas Armadas— toman muchas decisiones, y las pueden tomar; el partido desapareció.

Aquí el Partido existe y existe de verdad, y es un instrumento necesario, porque es un instrumento no administrativo, es un instrumento educador de las masas, guía de las masas. Es el que sostiene los grandes movimientos de cualquier tipo para la defensa del país, para la producción, para el trabajo, para todo.

Si venimos a ver, analizamos y hacemos un examen profundo, resulta que nosotros contamos con procedimientos y principios mucho más democráticos que los que existen, por supuesto, en Estados Unidos, donde ya ustedes saben lo que ocurre, el nivel de falta de instrucción, de ignorancia. Nos quedamos asombrados cuando nos dicen que hay como 60 millones de analfabetos en Estados Unidos y cuando nos dicen que hay muchas personas que no saben leer la ruta de la guagua. Ellos mismos lo han dicho, lo han dicho ellos, algunas instituciones de Estados Unidos; decenas de millones de analfabetos, que no saben ni leer el periódico. Y nos encontramos con un sistema de desigualdades en que, realmente, el poder que tiene el hombre es cada cuatro años ver a qué señor pone ahí, porque ya viene condicionado por una serie de factores y con unos gastos de miles de millones de pesos en publicidad.

En nuestras elecciones no hay publicidad. ¿Qué se hace en la circunscripción con los ciudadanos que son postulados por las masas? Se pone la biografía de ellos en distintos lugares públicos, y es la biografía, la conducta del hombre, lo que decide. No se hace campaña; no se admite aquí que un individuo empiece a decir: "oye, vota por mí, porque yo soy más simpático, yo soy alto o soy bajito, o tengo tales características, o soy chistoso". Hay muchos políticos por ahí que en la campaña electoral ustedes saben que se dedican a hacer chistes; incluso, dicen que Reagan hace chistes; creo que tiene unos asesores que cuando va a Venezuela —lugar del que sabe por casualidad el día que parte para allá—, por ejemplo, o cuando va a Colombia, le dan la colección de chistes, de qué chistes puede usar, qué patriota ilustre puede mencionar, aunque no sea tan conocido como Supermán, ¿comprenden? ¡Hasta eso! En los discursos, en todo, no hay ninguna verdad, no hay ninguna sinceridad, no hay ninguna espontaneidad en lo que hace y en lo que dice.

Aquí no se admite la campaña electoral; es la biografía del individuo, es su vida, sus méritos, su historia, lo que determina que sea acreedor a recibir los honores o las responsabilidades de un cargo. Así es como funciona nuestro país (Aplausos).

Ahora, nos acusan de violaciones de los derechos humanos, incluso, cuando se analiza un país que le ha puesto fin a la droga. Y ustedes, que saben por experiencia la tragedia que significa el mercado y el desarrollo de la producción de droga, creado por esa sociedad de consumo; porque fue la sociedad de consumo, el mercado, lo que dio lugar a que el tradicional hábito del cultivo de la coca en Bolivia, en Perú o en otros países, hábito ancestral millonario, y no como droga, sino como una planta más, como un té incluso, si se quiere, o como el café, se convirtiera en objeto de gran comercio internacional. La culpa de que se haya impulsado esa producción está allá, y ellos no la quieren reprimir allí, la quieren reprimir acá, en estos países. Están matando a la gente de hambre. Y si alguien, además, por la misma situación aquella, no tiene otra alternativa que cultivar coca, quieren resolver el problema mediante métodos represivos; no mediante una colaboración económica, no mediante la condonación de las deudas, para que los países se desarrollen y puedan tener empleo, puedan tener empleo el trabajador, el campesino (Aplausos), sino mediante pesticidas, mediante helicópteros, mediante cuerpos expedicionarios, mediante represión, mediante guerra. Lo que nos duele es que ellos no hacen eso allá en Estados Unidos; eso lo hacen en América Latina. Y lo que duele saber es que ellos ya están produciendo la cocaína sintética; quizás hasta un problema de competencia es lo que tienen con los que producen la droga natural por allá, a partir de la agricultura. Hay laboratorios que producen la cocaína sintética.

Pero algo más: todo el mundo sabe que el principal productor de marihuana del mundo hoy es Estados Unidos. Todo el mundo sabe ya, ellos mismos lo han publicado que el valor en bruto de la producción de marihuana es de 18 000 millones de dólares, y que el maíz, que fue el cultivo principal de Estados Unidos tradicionalmente, hoy ocupa el segundo lugar. Valen mucho más las producciones de marihuana en Estados Unidos, es el principal renglón agrícola del país, y muchas siembras están en invernaderos y bajo techo. Y se ha desarrollado el autoconsumo, incluso; familias que cultivan en su maceta o en su patio la marihuana para no tener que comprarla, para ellos y para su núcleo familiar.

No pueden hacer otra cosa, son incapaces, son impotentes, porque el consumo de droga en Estados Unidos es hijo del sistema, es hijo de la enajenación, es hijo de la filosofía de ese sistema, y no pueden, y no podrán. Si educaron a la gente en la idea del despilfarro, en los excesos, en todo, ¿cómo pueden realmente ahora contenerlo?

Ellos no pueden, y, sin embargo, ¿en nuestro país existen acaso esos problemas? Aquí se da la marihuana mejor que en Estados Unidos, pero es muy excepcional el delito de la tenencia y consumo de marihuana, ¡pero muy excepcional en nuestro país! La cocaína no la conoce nadie aquí, la han visto en el periódico, si es un polvito o que tiene tal color; nadie la ha visto nunca aquí. Puede ser que un día venga un turista y salga un sobrecito por ahí. Pero ese fenómeno no lo tenemos aquí.

¿Acaso no vale nada que una sociedad, un sistema, una revolución, haya erradicado la droga? ¿No vale nada? (Aplausos.) ¿Preservar de esa forma la salud mental y física del ciudadano no vale nada?

¿Que el país haya erradicado el juego? Son muy excepcionales también los casos de delito de juego. El juego es una filosofía del capitalismo: no trabajes, aspira a tener una buena suerte y ganarte la lotería. Y ni siquiera para ingresar fondos en el Estado, en Cuba no existe. Una de las primeras cosas que hizo la Revolución fue erradicar la lotería y todas las demás formas de juego; es muy excepcional. ¿Acaso no vale nada, cuando el juego era causa de problemas en la familia, de hambre de los hijos, los padres se jugaban el salario, se lo jugaban todo? ¿No vale nada?

La Revolución, con su política de justicia social, de educación, de oportunidad de empleo decoroso para todos los hombres y mujeres, erradicó la prostitución de nuestro país. ¿Acaso no vale nada, desde el punto de vista de los derechos humanos, un proceso o una revolución que ha logrado erradicar la prostitución, algo tan duro, tan amargo, tan ultrajante para la mujer, tener que venderse como una forma de Vida? Y no se trata de un moralismo que aquí se haya aplicado. Lo único que ese modo de vida ya se ha hecho casi inevitable y necesario en esas sociedades. Han surgido organizaciones de prostitutas, y qué posibilidades quedan en el capitalismo, no las vamos a combatir. Pero nuestra sociedad ha demostrado su capacidad y ha demostrado su calidad, tan hondamente humana, al erradicar la prostitución.

En nuestro país no se ve un niño descalzo. A veces andan descalzos por majadería, no porque les falten zapatos, porque quieren estar metidos en el agua. Pero usted no se encuentra un niño descalzo en la ciudad; usted no se encuentra un niño pidiendo limosna; usted no se encuentra un niño que en vez de estar en la escuela, está limpiando los parabrisas de los automóviles, o limpiando botas, o vendiendo periódicos, o tragando candela con 10 y 12 años para que les paguen (Aplausos). ¿Son humanas esas sociedades, realmente son más humanas que la nuestra, en la que usted ve a todos los niños a tal hora con sus uniformes, chiquitos, y en el círculo, en la primaria, en la secundaria, en la que usted no ve ninguno haciendo ninguna de aquellas cosas? ¿No vale nada esa sociedad, no es humana esa sociedad que pone fin a un espectáculo tan duro, tan amargo, tan cruel, tan deprimente.

En nuestro país usted no ve un limosnero, no ve uno solo, que ande por ahí, cosa tan habitual en todas partes. No se encuentra uno solo porque está en el asilo, o tiene donde vivir, o tiene una asistencia social, no tiene que estar pidiendo limosna; no hay nadie sin asistencia social. Nuestra Revolución ha erradicado esa institución de la limosna y de los pordioseros en adultos. ¿Acaso esto no vale nada y son más humanas las otras sociedades?

Del mismo modo, la obra que ha hecho la Revolución en la educación: de un 30% de analfabetos, de un 80% de semianalfabetos, a que toda nuestra población tenga hoy niveles promedio de casi nueve grados, que no haya ciudadano que tenga que pasar por la humillación de presentar el dedo para firmar (Aplausos); que en nuestra población todo el mundo pueda leer libros, que haya miles de bibliotecas, millones de libros, libros a un precio realmente asequible. El lugar del mundo donde se venden los libros más baratos es en Cuba. No nos alcanzan las imprentas por el creciente hábito de nuestra población de leer de todo, lo mismo obras literarias que obras científicas. No hay un solo ciudadano que no pueda leer el periódico, cualquier periódico, cualquier libro.

¿O lo humano es que haya sociedades fruto de la política neocolonialista y de la política imperialista, donde el 50% no sepa leer ni escribir, o el 60, o el 30, o el 20, o el 1%? Basta el uno y es una infamia; el 1% de 10 millones sería 100 000, y es una infamia que hubiera 100 000 personas que no supieran leer ni escribir. ¿Es más humano ese sistema, son más humanas esas sociedades? ¿No vale nada haber erradicado el analfabetismo, haber llevado esos niveles de estudio, darles una oportunidad por igual a todos los ciudadanos? ¿No vale nada que el hijo de un campesino, el hijo de un obrero pueda ser cualquier cosa, pueda ser el más eminente cirujano o el más eminente científico, u ocupar cualquier cargo?

Cómo no voy a estar consciente de si eso puede valer o no algo, cuando sé que donde yo nací había cientos de niños que no pudieron ir a la escuela. Los únicos privilegiados que pudimos ir a la escuela y estudiar fuimos los hijos del que era dueño de la tierra, y gracias a eso pudimos cursar una primaria y una secundaria, y después continuar los estudios, ingresar en la familia de los abogados, de donde han salido tantos revolucionarios, no sé si será por falta de empleo o por qué, pero han salido unos cuantos (Risas y Aplausos). Y me pregunto, ¿acaso me puedo considerar más capaz que aquellos cientos de niños, una especie de genio o qué? Imagínense qué hubiera sido de los cientos que no pudieron terminar la primaria, ni la secundaria ni el preuniversitario, ni estudiar en la universidad, y adquirir un cierto nivel de conocimientos y la capacidad de cierta concepción teórica. Debe haber habido muchos mejores que nosotros, lo digo con toda franqueza.

Yo creo que un poeta español habló del genio oculto, que esperaba la mano que viniera a despertarlo. Y es así: en las masas están los verdaderos genios. Sería un cretino el que se creyera que es mucho más inteligente que los demás, donde hay 100, y quién lo va a saber mejor que nosotros, que hemos tenido que luchar con 10 y con 100, y vemos que donde hay 100 hay muchos valores. ¿De dónde salieron todos los líderes de este país? De hombres y mujeres de las masas, a los que no conocía nadie en absoluto, cuyos nombres no habían aparecido nunca en el periódico; de ahí salieron brillantes organizadores, brillantes jefes militares, aunque no habían estado en ninguna academia. En realidad el Che no estuvo en ninguna academia, Camilo no estuvo en ninguna academia; eran hombres del pueblo (Aplausos prolongados).

¿Y no vale nada, no es humana una sociedad que despierta la inteligencia, que le da una oportunidad a la inteligencia de millones de personas, que pone en acción la inteligencia de millones de personas y las posibilidades de millones de personas? ¿O es más humana y más democrática una sociedad que le da a una minoría privilegiada la posibilidad como regla de ir a una universidad, y de tener una cultura y disfrutar de los bienes de la cultura? ¿Es más humana una sociedad, acaso, la que le da oportunidad a todos en 10 millones de instruirse, de disfrutar de todas las mejores creaciones del hombre en el terreno espiritual, cultural, o aquella que le da esa oportunidad a una minoría de mediocres, como regla, que son los únicos que tienen acceso a esas posibilidades?

Hablo de la educación. Una sociedad que les permite a todos los niños que lo necesitan ir a un círculo, para que las madres trabajen, o a un seminternado, y oportunidad de llegar a realizar los estudios superiores a base exclusivamente del mérito, del esfuerzo y de la capacidad de cada individuo. Y no he hablado de la salud pública.

Cuando la Revolución triunfa había más de 60 niños que morían en el primer año de vida por cada 1 000 nacidos vivos, si es que —como dijo Escalona— se podía creer en aquellas estadísticas. Vaya usted a saber lo que era, porque aquí recuerdo que moría la gente y ni certificado de defunción había, ni la registraba nadie. Había epidemias que asolaban, epidemias de gastroenteritis, de tifus, de otras cosas. Esas cifras la Revolución ha logrado reducirlas a menos de 15, ha logrado reducir a 13,6 la mortalidad infantil en el primer año de vida; y se esfuerza y en cinco años más la reducirá a menos de 10, y estará entre los primeros lugares del mundo (Aplausos).

¿No es humana una revolución que en 28 años ha salvado la vida de más de 300 000 niños de diversas edades, que habrían muerto estadística y matemáticamente de forma segura sin la Revolución? ¿O es más humano y más democrático aquel sistema que deja que esos 300 000 niños mueran olvidados y sin que nadie los mencione? Sin contar los padecimientos o, incluso, la invalidez física o mental de otros, como ocurre con la poliomielitis, que todavía está produciendo inválidos cuando vale unos centavos la vacuna. Porque hay sistemas que no se preocupan siquiera de gastarse unos centavos para proteger a los niños de la muerte por poliomielitis o la invalidez.

¿Es más humana esa sociedad que la nuestra? ¿Es más humana que una sociedad que lleva a cabo programas cada vez más ambiciosos, cada vez más prometedores no solo para preservar la vida, sino para evitar la tragedia; que lleva a cabo ya un programa de genética prenatal masivo, como no lo tiene ningún otro país; que podrá detectar precozmente una malformación congénita de cualquier tipo incompatible con la vida, sea del tubo neural, que da origen a nacimientos de monstruos, o sea una cardiopatía congénita incompatible con la vida, que podrá detectarse precozmente, de acuerdo con los programas que tenemos; o saber si un niño recién nacido padece de hipotiroidismo y evitar que se le produzca un retraso mental mediante un tratamiento sencillo; o que es alérgico, de lo cual siempre hay un porcentaje alto, un 13% en nuestro país, para citar un ejemplo, para prevenir todas esas enfermedades que traen dolor y sufrimientos? ¿Son más humanas esas sociedades que ni siguiera se acuerdan de eso, ni los toman en cuenta nunca, o es más humana la sociedad que se desvela y hace los esfuerzos que realiza la nuestra en esos casos?

¿Es más humana la sociedad donde los servicios del médico no están al alcance de la inmensa mayoría de la población, más humana que una sociedad donde un trasplante del corazón, que vale en cualquier lugar más de 100 000 dólares, se le hace gratis a cualquier ciudadano, aunque se trate de un gusano contrarrevolucionario, enemigo de la Revolución? (Aplausos.) ¿Es más humana la sociedad norteamericana acaso, donde se hace tanta demagogia y tanta politiquería cuando hay que hacer un trasplante, y colectas públicas, y generosos millonarios que descargan su conciencia entregando 10 000 dólares para salvar a la criatura? Nada de eso ocurre en nuestra sociedad para un trasplante del riñón, o para un trasplante de páncreas, o para un trasplante del corazón, técnica que a pesar del bloqueo hemos podido ya desarrollar en nuestro país con éxito, y la seguridad que tiene cualquier ciudadano, ¡cualquiera!, el más humilde ciudadano sin discriminación alguna.

¡Ah!, ¿acaso es más humana aquella sociedad que bloquea a nuestro país, que prohíbe la exportación de medicinas a Cuba, no solo de cualquier equipo médico que tenemos que irlo a buscar allá cuando es de área capitalista, o en Japón, o en Suiza, o en Francia, o en RFA, o en Inglaterra, porque les tienen prohibido vender un equipo que pueda salvar una vida? ¿Es más humana aquella sociedad que prohíbe exportar, incluso, una aspirina a este país? Y aquí pudiera morir una persona si necesita una medicina que solo la tenga Estados Unidos, porque ese país que tanto habla de los derechos humanos, prohíbe incluso la exportación de una aspirina. ¡Vean hasta donde llega el brutal y despiadado bloqueo de ese gobierno hipócrita, que quiere sentar a Cuba en el banquillo de los acusados con relación a los derechos humanos!

¿Son más humanos otros sistemas, donde usted no se encuentra para el servicio del pueblo —sí algunas clínicas privilegiadas— una terapia intensiva infantil? En nuestra patria todos los niños, todos los hospitales pediátricos, tienen la terapia intensiva pediátrica, con los equipos más modernos y el personal especializado dedicado a eso.

He mencionado solo algunos programas, porque son muchos los que se están haciendo en este país. Podría hablar del médico de la familia, que ya cubre las montañas orientales, que ya cubre grandes áreas de nuestro país, institución nueva, que no la tiene ningún otro país del mundo, surgida aquí en la Revolución (Aplausos), donde hay incorporados miles de médicos jóvenes, excelentemente bien preparados, donde trabajarán 20 000 médicos en el período solo de unos 10 años más.

¿Es más humana una sociedad donde todos los médicos están concentrados en las capitales y donde millones de personas no tienen servicio, o el sistema que sembró de hospitales y policlínicos todo el país, y no conforme con llevar la red primaria al policlínico a nivel de 25 000 ó 30 000 personas, ya lleva el médico a la comunidad, a nivel de 500 ó 600 personas, que de día y de noche está allí, guardián de la salud de cada ciudadano? ¿Es más humano ese régimen donde no se puede imaginar semejante cosa; al que el imperio le roba sus mejores cerebros, apelando a sus posibilidades, a sus recursos económicos como ocurre con muchos valores latinoamericanos? Allá están en el imperio. ¿Es más humana la sociedad o el sistema que permite que le roben sus mejores valores, que tanto necesita, y que van allí a elevar el abismo que existe entre los desarrollados y subdesarrollados? Y lo que pasa aquí con relación a América Latina y a Estados Unidos, pasa allá en Europa con relación al Africa, donde los mejores valores de la medicina y de la ciencia se quedan en Londres, o se quedan en París, o se quedan en cualquier parte y no regresan a sus países.

Las perspectivas de vida —que decía Escalona— se calcula que eran de 55 años; hoy en nuestro país es de 74 años. En 10 años más, las perspectivas de vida, con estos programas que estamos llevando a cabo, rebasarán los 80 años. Estamos igual que Estados Unidos, en 10 años más estaremos por delante de Estados Unidos, ese país que nos bloquea (Aplausos).

Miles de médicos y técnicos cubanos prestan servicios en países del Tercer Mundo; personal de la salud, más de 2 000, y en nuestro programa de desarrollo de la ciencia médica y formación de personal médico, están incluidos 10 000 médicos para el año 2000 trabajando en el exterior. Nuestro país, por el esfuerzo de la Revolución, no solo le brinda salud a toda la población y está llevando ya los sistemas de atención primaria a algo tan sofisticado, pudiéramos decir, como el médico de la familia, sino que nuestro país tiene más médicos trabajando en el exterior que la Organización Mundial de la Salud de Naciones Unidas, y trabajando gratuitamente en el exterior (Aplausos), ¡trabajando gratuitamente en el exterior! ¿Es más humano el sistema que le roba los médicos y los cerebros al Tercer Mundo, o el país que manda allá a sus hijos, médicos, maestros, ingenieros, a cualquier lugar del mundo por lejos que esté; un país que en el capitalismo no tenía ni maestros para enviar a las montañas, porque no había maestros educados con esa disposición; no tenía médicos educados para enviar a las montañas, y hoy, gracias a su política humana, la educación de su pueblo, el desarrollo de una conciencia internacionalista, puede mandar médicos y maestros hasta el propio Viet Nam, a Lao, Kampuchea, Etiopía, Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Benin, Mali y decenas de países? (Aplausos).

Nuestro país hoy día tiene más de 22 000 becados extranjeros procedentes de más de 80 países que reciben la educación absolutamente gratuita. ¿Es más humano el sistema que les roba los técnicos a los países que tanto lo necesitan, o el sistema que es capaz, en un pequeño país como Cuba, de formar decenas de miles de técnicos de países del Tercer Mundo? ¿Dónde está el humanismo de aquel sistema? ¿Dónde está la crueldad del nuestro?

Pero aun refiriéndonos concretamente a las infames acusaciones de torturas, ¿qué podemos decir nosotros, cuando nos quieren sentar en el banquillo de los acusados por violadores de los derechos humanos? Podemos decir que en este país, en 28 años de Revolución, jamás ha habido un desaparecido, ¡ni uno solo! Ustedes han hablado aquí de muchos países donde ha habido muchos desaparecidos y donde todavía desaparecen. ¿Cuál es el que puede decir que en 28 años no ha habido un solo desaparecido, un solo hombre asesinado en las calles? ¿Qué país pudiera decir verdaderamente que en 28 años no ha habido un solo caso de tortura? (Aplausos.) ¿Qué país pudiera decir eso? Y digo: ¿Qué revolución? ¿Y acaso no reconocemos la historia de las revoluciones con las pasiones que desatan?

Pero esto no habría que preguntármelo a mí. Habría que preguntarle al pueblo si lo ha oído alguna vez; preguntárselo a cualquiera de los millones de habitantes, incluso a un desafecto, si ha oído alguna vez, o si sabe verdaderamente de un solo caso de tortura en nuestro país. Ellos insisten en eso porque quieren ponernos parejo con los Pinochet, los Stroessner y gobiernos como los que en Centroamérica asesinaron, masacraron, desaparecieron y torturaron a decenas de miles de personas. No tienen argumentos y se dedican a fabricar toda clase de mentiras.

¿Pero es que acaso una revolución sin principios y sin una ética profunda hubiera podido triunfar en Cuba? ¿El grupo de hombres que inició esta Revolución, sin principios y sin una ética profunda habría podido triunfar frente a un gobierno apoyado por el imperio, que tenía 80 000 soldados cuando nosotros no teníamos un fusil, no teníamos un centavo? Partimos de cero, y un puñado de hombres fue conquistando a todo el resto de la nación con su esfuerzo y con su acción, y, sobre todo, con sus principios. Y nuestra Revolución nació luchando contra la injusticia, contra la tiranía; viendo cómo todos los días perseguían a nuestros compañeros, los asesinaban, los torturaban, y nuestro pueblo se educó en el odio más profundo al crimen, a la injusticia, a la tortura, a las violaciones contra la persona humana.

Y estas no son cosas que simplemente se proclamen, sino que se pueden demostrar, porque ahí está la historia, la constancia de cientos de prisioneros, de miles de prisioneros que le hicimos al ejército de Batista: no hubo un solo prisionero asesinado, no hubo un solo prisionero golpeado, no hubo un solo prisionero torturado o agredido físicamente; apenas los teníamos prisioneros 48 ó 72 horas, no teníamos qué darles de alimentos y llamábamos a la Cruz Roja Internacional. Ahí están las actas de los prisioneros batistianos, ahí están los nombres de todos esos prisioneros, debe haber muchos vivos. Cualquiera que quisiera hacer una historia seria podría preguntar si alguno de ellos fue objeto del más mínimo maltrato.

Es que nosotros no ganamos la guerra matando o torturando prisioneros, ni nos ganamos al pueblo, ni la confianza y el apoyo del pueblo matando y torturando prisioneros, haciendo lo mismo que nuestros enemigos. Ganamos la guerra porque confiaron en nosotros, en nuestra integridad, en nuestra dignidad; ganamos la guerra porque aquellos soldados que combatían fieramente al principio porque creían que los iban a matar, cuando conocieron la política del Ejército Rebelde, al final, cuando se sentían perdidos en cualquier combate, en el sitio de cualquier cuartel o ciudad, deponían las armas. Y hubo al final soldados que se rindieron tres veces.

A nosotros no nos suministró un solo fusil, ni una sola bala, ningún gobierno; las balas y los fusiles con que hicimos y ganarnos la guerra fueron balas y fusiles del ejército de Batista, arrebatados en los combates (Aplausos). Pero no con una buena táctica de guerra, sino, fundamentalmente, con una buena política de guerra. Y en esos principios se educó nuestro pueblo; esos principios se convirtieron en un valor, en una cultura de nuestro pueblo. Y si algo ha caracterizado a nuestra Revolución, es la lealtad a los principios, y si en algo esta Revolución, de una manera pudiéramos decir que casi única en el mundo, en ese terreno fue cuidadosa, fue en que no se cometiera jamás una violación de principios, en el respeto a la persona física del adversario y del prisionero.

Nosotros teníamos tribunales revolucionarios, leyes severas, pero jamás se le puso el dedo encima a nadie para maltratarlo físicamente, porque fue preocupación de la dirección del Partido que jamás eso ocurriera. Ejemplo: los mercenarios que invadieron a este país al servicio del imperio, de una potencia extranjera, acreedores, en cualquier código, incluso a la pena capital; más de 1 200 prisioneros, y ahí están la inmensa mayoría de ellos vivos todavía, viviendo de aquellas glorias y del contribuyente norteamericano, pudiera decirse. Mil doscientos prisioneros después de 72 horas de arduos combates, y no hay un solo caso; ahí están, pregunten, busquen, si hay uno solo que pueda decirlo. Ellos fueron entrevistados por la prensa y la televisión, y no hubo uno solo que pudiera decir que le dieron un pescozón, un culatazo, ¡ni uno solo! Fíjense qué educación la de nuestro pueblo, la de nuestros combatientes, qué orgullo por sus principios y por su ética, que ni el fragor de los combates, ni el recuerdo de los compañeros heridos o muertos en los combates, llevó a uno solo de nuestros miles de milicianos y combatientes o soldados a maltratar físicamente a uno de aquellos traidores. Quisiera saber cómo hubieran tratado en Estados Unidos a un ejército de mercenarios norteamericanos que, al servicio de una potencia extranjera, hubieran invadido ese país. Y no pueden presentar uno solo para justificar.

Hicieron cosas increíbles allí en Ginebra —Reagan—, ¡increíbles! Ellos han fabricado personajes; han fabricado, incluso, literatos y poetas con obras que escribieron en el exterior. Tal fue el caso del famoso Valladares, del cual tanto han publicado en el mundo y cuyos libros han distribuido por todas partes, llenos de todo tipo de asquerosas mentiras. Un tipo que no tiene cultura alguna. En una reciente entrevista en Italia un periodista le hizo tres o cuatro preguntas y lo desnudó completo; no sabía nada de nada el gran intelectual, el gran poeta, que fue arrestado como parte de un grupo de conspiradores y de terroristas, sí, con todas las pruebas, con todas las armas, y los explosivos, sancionado por los tribunales. Un señor que era policía de Batista, según está ahí en todos los archivos y en todos los documentos, que se hizo pasar por inválido. Hicieron la gran campaña en el mundo, y ya estos gobiernos que son esclavos de la prensa de derecha, se sentían con la obligación de interesarse porque le hacía imposible la vida la prensa de derecha a cualquier gobierno, porque tenía relaciones con nosotros, pidiendo su libertad.

Nosotros, que habíamos soltado miles de presos, al tipo no lo soltamos porque había engañado a todo el mundo, se hizo pasar por paralítico. Hablamos con los médicos más eminentes de ortopedia, y me dicen: "No tiene nada". Digo: "¡Pero cómo no tiene nada!" "Sí, no tiene nada". Digo: "¿Pero es posible?" "Es fingido todo". "Bueno, hagan una observación técnica, vigílenlo por algún medio electrónico o lo que sea, y se verá". Dice el médico: "Es la manera de probarlo". Y resulta que el tipo hacía ejercicios, lo primero que hacía por la mañana. Miraba así y así a los lados, antes de levantarse de la cama; tenemos la película. Es una lástima que no se la hayan podido exhibir a ustedes, una lástima. Miraba y se levantaba corriendo, y tenía una salud excelente. Si algo ha caracterizado a todos esos presos contrarrevolucionarios que han salido de aquí, que utiliza después el imperialismo en su campaña, es la excelente salud de que gozan, testigos elocuentes de nuestro sistema de salud, no solo en las montañas y con los niños, sino con los presos contrarrevolucionarios. Son la gente más saludable del mundo (Aplausos).

Pues bien, lo que es la propaganda. Y cuando el Presidente de Francia se interesó, casi nos dijeron que se acababa el mundo, que se caía el gobierno socialista si nosotros no ayudábamos al Gobierno francés, poniendo en libertad a ese personaje. Fue llamado el personaje y se le dijo: "Mira, están interesados por ti, pero te vamos a enseñar algo". Lo sentaron, estaba en su silla de ruedas, le pusieron la película y no pudo resistir, ¡saltó como un resorte! Tenemos, incluso, las películas de cuando saltó como un resorte, lo tenemos todo (Aplausos). La película del día que se levantó de su silla de ruedas el gran poeta. Entonces se fue, subió las escalerillas del avión. Si estaba entrenado, todos los días hacía calistenia y ejercicios físicos, estaba mejor que cualquiera de nosotros, porque tenía más tiempo que nosotros para hacer ejercicios físicos.

Y llegó allá así, policía de Batista, y para colmo de los colmos, Estados Unidos, al policía de Batista, al terrorista, lo ha designado representante de Estados Unidos allá en una institución internacional de derechos humanos. ¿Adónde llega el señor Reagan? ¿Hizo cónsul a su caballo o hizo qué? ¡Hizo representante de los derechos humanos a un policía de Batista! Creo que no hay gran diferencia con lo que dicen que hizo Calígula (Aplausos). ¡Increíble!

El señor Menoyo, que vino armado aquí, con sus fusiles y todo, a hacer la guerra de Estados Unidos, sancionado a un número elevado de años como se merecía —pero se merecía mucho más por traidor, por mercenario, por invadir el país al servicio de la CIA y del imperialismo—, pues también el mismo problema. Allá la prensa de derecha realiza las grandes campañas. Parecía que el gobierno socialista español se cala. "Bueno, señores, allá les vamos a mandar saludable al caballerito". Enseguida llegó a Estados Unidos, y allí lo envían para el Comité de Derechos Humanos, diciendo como un cotorro lo que le dijeron que dijera, a hablar de los derechos humanos y de las torturas en Cuba. Y ese señor salió saludable; no tenía ni una marquita ni nada, estaba espléndidamente bien. Porque nosotros no nos vamos a ensuciar las manos poniéndoselas arriba a uno de esos miserables, ni a ningún miserable (Aplausos).

No lo creerán ustedes. ¿A que no adivinan una de las cosas que hicieron allí, en la farsa que montaron allí? Había un señor que le faltaba una pierna, cometió delitos contrarrevolucionarios y fue necesario sancionarlo; después se le pone en libertad. Llevan al hombre, que tenía una prótesis, a decir que había perdido la pierna en las prisiones como consecuencia de las torturas, y entonces allí el personal cubano tuvo que presentar los documentos del juicio y el certificado médico de que el hombre cuando entró en prisión le faltaba una pierna. Hay cosas de esas, pero es un descaro, una desvergüenza. A pesar del poder de Estados Unidos y de sus influencias, no pudo obtener la mayoría allí; no la pudo obtener e hizo presiones como nunca.

Pero hay algo más. No es que nos duela a nosotros, que hemos sabido ser hombres de principios y consecuentes con nuestros principios, sin una sola excepción. Debo decir lo más importante: es que nuestro pueblo no toleraría semejante política. El pueblo sabe que aquí nunca se le ha dicho una mentira, los 10 millones de cubanos saben que yo sería incapaz de venir aquí a negar algo que hubiera ocurrido y a decir una mentira descarada, porque nuestro pueblo tiene confianza en la Revolución y en sus dirigentes porque jamás han usado la mentira (Aplausos).

Decir que se tortura aquí es, ante todo, un ultraje y un insulto al pueblo, porque sería nuestro pueblo quien no lo permitiría. No es que seamos nosotros un grupito con ética, que hemos decidido que no se haga eso; es que tenemos un pueblo con ética, educado en los principios de la Revolución, de tal manera que no perdonaría esa contradicción de principios, a pesar de que —como les digo— las masas son radicales.

Si algún mérito tiene el Partido o la Revolución no es esa política, sino que educó al pueblo en ese sentido y con esos principios. Por tanto, lo más ignominioso es el insulto a nuestro pueblo, cuando se dice que aquí se pueda practicar semejante cosa. ¡Hablen con nuestro pueblo y vean cómo piensa nuestro pueblo, en lo que cree y lo que siente nuestro pueblo, y verán qué profundos son esos principios! Y sin esos principios ninguna revolución hubiera podido mantenerse frente al poder del imperio.

Es lo que puedo decirles respecto a nuestra concepción de los derechos humanos.

Y, realmente, me pregunto si es que acaso nuestro proceso, nuestra sociedad, nuestro sistema es o no capaz de soportar un juicio profundo sobre todos estos aspectos de tipo humano; juicio del que no saldría jamás exonerado el gobierno de Estados Unidos.

El imperio, las cosas que hace la CIA ustedes las conocen, lo ven allí, la hipocresía, la mentira. Ese sí es un gobierno acostumbrado a mentir todos los días y para justificar cada uno de sus crímenes no ha hecho más que mentir; en Nicaragua, en Cuba, en Granada, en Libia, donde, hecho insólito y sin precedentes, bombardea la casa de la familia de un jefe de Estado, mata a una niña, una inocente criatura víctima de los bombarderos F-111 y de las bombas guiadas por láser y de toda la tecnología imperialista. ¿Cuándo se vio eso? Buscando justificaciones.

¿Y lo del Irangate? ¡Cuánta hipocresía no encierra ese episodio, cuánta mentira, cuánta cobardía incluso, porque Reagan dice que no sabía nada! 0 es el bobo más grande del mundo, o es el mentiroso más grande del mundo (Aplausos). ¿Cómo es posible? Quien tiene alguna experiencia de Estado, todo el mundo sabe lo que hace la gente por la libre, y hay gente que hace cosas por la libre. Pero, en primer lugar, la hipocresía: mientras hablaba de terrorismo y de millones de cosas, estaba cambiando armas por rehenes. Es decir, no hay consistencia, no hay consecuencia; lo que decía que no haría jamás era lo que estaba haciendo a espaldas del Congreso, a espaldas del pueblo. Dice que estaba lleno de nobles intenciones de ver cómo un grupo moderado prevalecía sobre un grupo más radical, etcétera, y ahí están todos los datos de las armas que entregó, y lo que entregó y cómo lo entregó. Lo que dice es que no sabía que el dinero iba para la contra. Y yo digo: uno sabe lo que puede saber o no saber un presidente.

¡Ah!, el señor jefe de la CIA, el señor William Casey —creo que se llamaba—, se murió. Dirá Reagan: ¡Qué bien a tiempo murió este amigo mío, este funcionario mío! (Aplausos.)

Dicen que el jefe del Consejo de Seguridad lo sabía. ¿Y cómo se puede concebir que no lo supiera Reagan, si el jefe de su Consejo de Seguridad lo sabía? Tenía que saberlo Reagan, inexorablemente. Dicen que Casey lo sabía, se asegura; si lo sabía el Jefe de la CIA, ¿cómo no lo iba a saber Reagan? Esto es imposible. Pero voy a algo más, voy a las leyes de la psicología. Todo el mundo sabe que Reagan, que es un hombre que no está enterado de nada, que no tiene datos de nada, acerca del único problema que estaba enterado, con datos y todo, es acerca de lo de Nicaragua. Y los que han hablado con él lo han contado, que para todo buscaba una tarjetica, llamaba a un tipo: "Ven acá, explícame", y enseguida, para hablar de un tema; que el único tema del que hablaba sin asesores, sin papelito y sin recordatorio, era el de Nicaragua, sabía todos los detalles.

Su obsesión era Nicaragua, y lo es todavía; pidió dinero a otro e hizo de todo; era su obsesión. ¡Cómo se puede suponer que hubiera gente tan cruel, entre el grupo de personas que lo rodeaban, de asesores y de colaboradores, tan cruel que le negara a Reagan la felicidad, el placer, el dulce aquel de decirle: "Oiga, jefe, el dinero de aquel negocito de allá de Irán, de los rehenes, de las armas, se lo estamos mandando a los contrarrevolucionarios!" (Risas y aplausos.) Eso está contra las leyes de la psicología humana —un psicólogo puede explicar eso—, eso está contra las leyes de la mentalidad de los políticos y está contra las leyes de la psicología de los subordinados.

Yo he dicho que Reagan me decepcionó porque yo creía que era un reaccionario consecuente, que era un bravo, que realmente era un cawboy, un vaquero, un tipo leal con sus amigos, y me decepcionó cuando lo vi con todos aquellos embarazos, diciendo que si sí, que si no, que no sabía nada, y buscando cabezas de turcos, a Poindexter, a North, a todos los demás. Sí, ese héroe americano, para que ustedes vean qué problemas tenemos y en manos de quién puede estar el mundo, de locos como ese y de una opinión pública, desgraciadamente, tan confundida a veces, que es capaz de ver un héroe en un bandido como el señor North. ¡Increíble! (Aplausos.) Lo cual, realmente, no habla bien del nivel de educación política de las masas en Estados Unidos, y expresa el grado de desinformación al que a veces se ve sometido el pueblo de Estados Unidos.

Habló anteriormente de 27 espías, sacados a la luz pública con pruebas irrefutables. ¿Creen que eso se ha publicado en Estados Unidos? iNo! Ellos tienen los mecanismos cuando quieren ocultar algo, cuando quieren bloquear una noticia, para bloquearla totalmente. Y mientras esos medios hacen un héroe de North, no se ha publicado una letra, prácticamente, del más grande fiasco, de uno de los más grandes papelazos que una institución de espionaje ha hecho nunca.

De modo que ahí lo vemos, el cawboy, el bravo de las películas, el que gana todas las guerras y todos los combates, el que con un revólver de seis tiros mata a 25, al que no se le acaban nunca las balas, como en aquellas películas de Tom Mix que vi yo cuando tenía 10 ó 12 años. Entonces, dice que no, que él no sabía nada. ¿Dónde está la moral, dónde está la ética, dónde están los principios?

Estamos de lleno en un problema que ustedes han discutido mucho: lo que se refiere a la autodeterminación de nuestros pueblos. Ustedes lo han dicho y han hablado: la conspiración contra los acuerdos de Guatemala, pero en especial la guerra sucia que ha costado la vida de 40 000 nicaragüenses. Nicaragua tiene tres millones y medio de habitantes. Estados Unidos es 70 veces mayor que Nicaragua; 40 000 nicaragüenses muertos es como si hubieran muerto en Estados Unidos, como consecuencia de una guerra sucia, 2 800 000 habitantes.

Me pregunto qué habría pasado si hubieran muerto, no 2 800 000, 280 norteamericanos como consecuencia de una guerra sucia; de 2 800 000 reduzco la cifra a 280, a 28: ¿Qué habría pasado? ¿Qué dirían del gobierno que hiciera semejante cosa? Entonces, ¿en qué mundo vivimos? ¿Qué concepto de la equidad tenemos? ¿Qué igualdad existe o puede existir entre un país que se toma el derecho a hacer esas cosas atroces, de invadir un día a Granada?

Nosotros le contabilizamos a Reagan alrededor de 20 mentiras descaradas para justificar aquello, el melodramatismo, incluso, de unos estudiantes que llegaban besando la tierra por haberlos salvado, y nunca corrieron el más mínimo peligro; fue todo pretexto. Hasta les hicieron creer a muchos norteamericanos que aquello era cierto; los conmovieron, se derritieron viendo aquellos jóvenes besando la tierra. Fue uno de los tantos pretextos para llevar a cabo aquel crimen.

Se organiza la guerra sucia contra Nicaragua. ¿Qué derecho tiene Estados Unidos a organizar la guerra sucia? Se suministra un torrente de armas y de millones para apoyar el genocidio en El Salvador; se le prestan miles de millones a Pinochet; se apoya al régimen de Sudáfrica, que es puro racismo y fascismo, uno de los regímenes más desprestigiados del mundo, se arroga el derecho de hacer la guerra sucia contra cualquier proceso revolucionario. ¿Qué ética puede haber en eso, qué principio, qué respeto a las instituciones internacionales, a las leyes y a las normas internacionales?

No tengo que hablar mucho de esto, ya ustedes lo han expresado con toda claridad. Ese gobierno, al lado de los regímenes más reaccionarios y más represivos del mundo, ¿qué ética, qué moral tiene? Se sienten dueños de nuestras vidas, de nuestras tierras, de nuestros derechos. Hay que hacer el tipo de gobierno que quiera el imperio. Nosotros llevamos 28 años de hostilidad porque quisimos seguir este camino, y Nicaragua porque quiere seguir el suyo. Todo lo que sea renovación, todo lo que sea cambio, todo lo que sea reformas sociales profundas, de cualquier tipo, tiene de antemano la hostilidad y el odio del imperialismo.

Me parece muy bien y cuestión esencial y fundamental, que este tema de la autodeterminación y de la paz haya sido centro de este Congreso, porque es clave. Vean ustedes lo que está ocurriendo en América Latina. Nos tratan como en los tiempos del pirata Walker; nos tratan como en los tiempos en que invadieron las tierras del centro y del oeste de Estados Unidos; nos tratan como en los tiempos en que se apropiaron de las propiedades de los indios y prácticamente los exterminaron, quedaron unos pocos de los millones de indios que había en Estados Unidos.

Desgraciadamente, ese país surge y desde muy temprano inicia una política de expansión, de genocidio, de exterminio. Allí están los indios reclamando sus derechos, reclamando sus tierras, reclamando un trato más justo. Se convirtió en práctica de los predecesores de Reagan cortarles el cuero cabelludo a los indios y colectarlo. Es conocida la historia de aquellas atrocidades; es conocida la historia de los millones de hombres que fueron arrancado al Africa, para trabajar allí.

Así, mientras en la declaración de 1776 se expresaba que todos los hombres nacen libres e iguales, que se consideraban verdades evidentes que todos los hombres nacían libres e iguales y que a todos les concedía el Creador determinados derechos, la libertad, etcétera, resultó ser que, durante más de un siglo, los negros procedentes de Africa no eran hombres; para ellos no había nada, el Creador no les había concedido absolutamente nada; eran esclavos y generaron los miles de millones con que se financió el capitalismo en Estados Unidos.

Del mismo modo, el desarrollo de Europa fue financiado por los esclavos de Africa y por los indios, también esclavizados y también exterminados. Ahí está la historia que vale la pena recordarla, junto al muy nombrado Quinto Centenario.

Podíamos preguntarnos qué pasó. En Cuba sabemos lo que pasó: desapareció la población prácticamente, y en México, Perú y otros muchos lugares sabemos lo que pasó. Se proclamaban unos principios. Hay mucha hipocresía en eso, y hubo mucha hipocresía. Después ya no eran esclavos, pero eran asalariados. Y hoy, al cabo de 200 años de Constitución, que van a conmemorar ahora, los blancos ganan tres veces más que los negros; los niños negros que mueren son cuatro veces más que los niños blancos; los jóvenes empleados blancos son cuatro veces más que los empleados negros, etcétera, etcétera, etcétera. Y lo mismo les pasa a las demás minorías nacionales.

Un ejemplo más a mencionar, cosa intrascendente para ellos: esa institución del Ku Klux Klan que alguien mencionó.

A México le arrebataron más de la mitad de su territorio —un abuso de fuerza histórico—, la parte más rica, donde estaban los grandes yacimientos minerales de oro, de petróleo, de todo, y todavía pretenden seguir agrediendo a México por otras vías. Ahora han hecho esa ley cruel con relación a los inmigrantes, que servirá para que les paguen menos, servirá para que sufran más humillaciones. Y, claro, no quieren declararse ilegales, porque no tienen confianza, y con toda razón están desconfiados.

La historia ahora es que no hallan qué hacer con México. Crece la población mexicana, son 80 millones, y los imperialistas tienen terror. ¡Quisieran esterilizar a todas las mujeres mexicanas para que no nacieran más mexicanos! Ahora tienen miedo, toman conciencia; tienen miedo a las inmigraciones, resultado del subdesarrollo, de la pobreza, de la explotación, del saqueo de nuestros pueblos.

Ustedes han hablado aquí de la deuda externa, como uno de los factores que está trayendo consecuencias gravísimas para la autodeterminación de nuestros pueblos. Se dijo aquí que era impagable e incobrable. Una larga batalla a todo lo largo del año 1985 libró nuestro país para formar conciencia en torno a este problema. Dos años después podemos decir que los hechos nos han dado totalmente la razón, y que ya es conciencia universal que la deuda es incobrable y es impagable (Aplausos). ¡Ya eso no lo duda nadie!

Aquella deuda, como se dijo, era impagable por razones políticas. Quienes trataran de hacer tales restricciones y obligar al pueblo a tales sacrificios para pagar esa deuda, se arruinaban políticamente. Era impagable económicamente, porque con supuestos crecimientos de la economía que no han existido nunca, niveles crecientes de exportación que no han existido nunca, en condiciones económicas de tipo internacional que son peores que nunca, era un imposible económico pagar esa deuda. Era un imposible matemático, porque la matemática decía con exactitud que cada vez se iba a deber más, cualesquiera que fueran las fórmulas que se aplicaran. Era tal esa deuda que un día nos pusimos a hacer los cálculos y nos dimos cuenta de que lo que se debía por hectárea era impagable, lo que se debía por kilómetro cuadrado era impagable, lo que se debía per cápita era impagable; que, incluso, para contar peso a peso, a un peso por segundo o a un dólar por segundo la deuda externa de América Latina, hacían falta 13 000 años. ¿Y cómo podía pagarse lo que no podía siquiera contarse?

Y ya no era la deuda, sino los intereses, en medio de una crisis económica internacional, de una creciente política proteccionista y de dumping, en medio de un orden económico cada vez más injusto, en medio de un intercambio cada vez más desigual. No basta más que sacar una pequeña cuenta: para comprar un camión cuántas toneladas de café hacían falta hace 30 años, hace 40 años; cuántas ahora, varias veces más; o qué cantidad de cobre, o qué cantidad de aluminio, o qué cantidad de yute, de cacao, de azúcar o de otros productos, de lo que fuera. Quizás uno de los fenómenos más despiadados, aun necesitado de estudio y de profundización, es el fenómeno del intercambio desigual. Por eso nosotros hemos dicho que aun pagando la deuda, aun borrándose la deuda, volvemos a estar igual en poco tiempo.

Ya hoy no se discute la deuda, ya se discuten los intereses, si es que se pagan o no se pagan, y ya los acreedores están estableciendo condiciones.

Debemos decir, en honor a la verdad, que una gran oportunidad histórica se ha estado perdiendo; que los países de América Latina y los países del Tercer Mundo no fueron capaces de unirse en ese momento crucial; que el imperialismo hizo clubes de acreedores; que los países del Tercer Mundo miraban casi como una mala palabra, un crimen, un sacrilegio, unirse, una unión de deudores, la unión de todos los deudores para discutir con los acreedores: no, porque el imperio había dicho que eso era una mala palabra, un sacrilegio. Y estamos tan acostumbrados a obedecer que fuimos incapaces de reunirnos, y cuando nos reuníamos nos reuníamos tibiamente, y se reunía un grupo de cuatro, cinco o seis, no admitía a los demás.

Y así hemos estado perdiendo el tiempo, cuando esta deuda era la gran motivación, la gran coyuntura histórica para unirnos no solo para exigir que la deuda fuese anulada, deuda que hemos pagado varias veces; no solo para eso, sino para exigir el cese del proteccionismo, del dumping y todas esas prácticas inicuas, cese de la manipulación de las tasas de interés, cese del intercambio desigual. ¡Teníamos que unirnos para exigir todo eso y no hemos sido capaces de unirnos! (Aplausos.) Y esa es una responsabilidad histórica de los políticos de esta época, que en los momentos más críticos no fueron capaces de promover la unión.

Se habla de integración, ¡muy bien!, pero no se dan los pasos, y lo primero que había que hacer: vamos a unirnos, señores, todos juntos, es imposible bloquear a un continente, lo que se le hizo a Cuba no se le puede hacer a 400 millones de habitantes en América Latina y el Caribe (Aplausos). No fueron capaces de promover la unidad tantas veces planteada. Se ha estado perdiendo una gran posibilidad histórica con esa deuda, que, repetíamos, económicamente, matemáticamente, era imposible de pagar, que moralmente también era imposible. Nosotros decíamos que era un imposible moral, puesto que ese dinero se fugó, o se malgastó en armas, o se despilfarró, o se lo robaron; ese dinero no fue a parar al pueblo, no fue a servir las necesidades del pueblo. Todos sabemos cómo se contrajo esa deuda, todos sabemos lo que ocurrió con esas enormes sumas, cuando había mucho dinero, los petrodólares, etcétera, prestándolos casi a la fuerza, los acreedores detrás de los futuros deudores. Y es inmoral pagar una deuda con la que nada tuvo que ver el pueblo, en la que el pueblo no recibió ningún beneficio, una deuda que se malgastó, se despilfarró o se fugó.

Todo el mundo sabe que se han fugado en estos años cientos de miles de millones de dólares para Estados Unidos; resultado de la manipulación del dólar, de los altos intereses, de la inflación causada por las condiciones de nuestros países. ¿Quién quería guardar dinero en moneda nacional? Se arruinaba de un día para otro. Lo invertían en dólares, lo enviaban a Estados Unidos para recibir altos intereses. Ellos crearon las condiciones para esa fuga de capital. ¿Y cuánto nos estaban quitando? Treinta mil millones de dólares por año, solo en pago de intereses y de amortización de la deuda. Si hace veintitantos años Kennedy había hablado de Alianza para el Progreso y de préstamo de 20 000 millones de dólares por año para América Latina, ahora, cuando éramos el doble de población, cuando la pobreza era mayor, estaban sacándonos cada año cuatro veces esa cantidad, entre los intereses a pagar, las amortizaciones de la deuda, los intereses y dividendos de las inversiones, la fuga de capital y lo que nos roban por el intercambio desigual; nos estaban quitando como 80 000 millones de dólares por año.

El año pasado nos quitaron 30 000 millones netos sin contar fuga de capitales, sin contar intercambio desigual. Solo por intereses y amortización de la deuda de 120 000 a 130 000 millones de dólares le han quitado a América Latina en los últimos cinco años, dinero neto. ¿Podremos desarrollarnos? ¿Podremos hacerles frente a todos los problemas educacionales, sanitarios, de desarrollo, de viviendas, de todo tipo? ¿Podremos? Yo pregunto así, realmente, pregunto si podremos, si hay esperanza para nuestros pueblos por ese camino.

Y ahora que los servicios de salud y los de educación han disminuido, se han ido deteriorando, como consecuencia de esta crisis económica, que aumenta el desempleo, aumenta la pobreza, aumenta la desnutrición, aumenta la mortalidad infantil, todo —se sabe, está calculado estadísticamente— como consecuencia de esta crisis, y la población es mucho mayor.

Y ahora tenemos nuevas plagas: el SIDA. ¿Quién trajo el SIDA a América Latina? ¿Quién fue el gran vector del SIDA en el Tercer Mundo? ¿Y por qué hay países como Santo Domingo, con 40 000 portadores del virus, y Haití, y otros países de Centroamérica y Suramérica, índices altos en México, en Brasil y otros países? ¿Quién lo llevó? Estados Unidos, es la realidad.

¿Por qué nosotros tenemos índices tan bajos? Ah, porque nos bloquearon, para algo ha servido (Aplausos). Prohibieron el turismo, el intercambio, vienen unos pocos norteamericanos; los apreciamos mucho. Pero solo unos pocos porque no quieren más conflictos con abogados, periodistas y otros, y los dejan venir. Tampoco hay prostitución y drogas que propicien la expansión del virus.

Ahora ellos tienen medios técnicos, reactivos, planes, programas, para controlar las donaciones de sangre, centros de investigación. ¿Y qué tienen los países latinoamericanos? La deuda de 400 000 millones, los servicios deteriorados. ¿Cómo nos enfrentamos a esas enfermedades en América Latina?

Y, desde luego, no estoy hablando del caso de Cuba, que son condiciones muy diferentes, y nos estamos defendiendo bien. Pero después que nos contagiaron no prestan ni un centavo para ayudar a combatir esa enfermedad.

Así, esta situación de crisis económica ha ido agravándose y ustedes son testigos. No tengo que convencerlos de eso, ni trato de convencerlos; estoy comentando simplemente.

Por último, nosotros decíamos que la deuda era también un imposible jurídico. ¿Por qué? Me pregunto por que los chilenos en el futuro tendrán que pagar los 25 000 millones de deuda de Pinochet —nadie sabe cuánto es; eran 20 000 hace dos años—, ese dinero que se invirtió en armas, en reprimir al pueblo chileno, con lo cual no tiene nada que ver el pueblo chileno: la política de Pinochet de apertura económica, de aplicación de las teorías de la Escuela de Chicago, la entrega a las transnacionales de la economía, lo que trae desempleo, hambre, todas las calamidades.

¿Dónde está la legalidad, el fundamento jurídico, para cobrarle al pueblo chileno, a sus trabajadores, a sus campesinos, esa deuda? ¿Quiénes contrajeron la deuda?

Gobiernos militares, como regla, sin congreso, sin ninguna representación popular. El propio Estados Unidos inició su guerra de independencia cuando los ingleses le quisieron imponer determinados impuestos al té, y dijeron: ¡No impuestos sin representación! Ahora podemos decirle: ¡No pago de la deuda contraída sin representación popular! (Aplausos prolongados.)

Esta situación va creando circunstancias realmente preocupantes, alarmantes, porque digo: ya de la deuda no se discuten los capitales; los intereses, si acaso. Pero los intereses acaban con la economía; aunque los rebajen, acaban. Y vuelvo a repetir: se acaba la deuda con intereses y todo, y si no se acaba el intercambio desigual, si no hay Nuevo Orden Económico Internacional, si no se acaban las políticas proteccionistas y los dumping, igual o peor. Ya sabemos lo que ha hecho Estados Unidos: importaba 5 millones de toneladas de azúcar hasta hace poco; ahora importa solo un millón, y lanzó esos excedentes para el basurero del azúcar en el mundo, que es el llamado mercado mundial. Ellos subsidian allá en Europa, mientras aquí los precios mundiales están por debajo de los costos de producción, y los ricos países industriales, como Japón, ¡ah!, pueden comprar el azúcar a cinco centavos, a seis centavos la libra, a la mitad, a un tercio de su costo de producción. A ellos les pagamos sus buldóceres, sus grúas, sus equipos, a un precio incomparablemente mayor, porque con lo que importamos pagamos hasta los gastos militares, pagamos hasta los impuestos; con lo que producimos a base de salarios de 50 y 60 dólares al mes, como ocurre con muchos de estos productos pagamos salarios de 1 000, 2 000 y 3 000 dólares al mes. ¡Ese es el intercambio desigual! Es lo que se intercambia entre aquellos que viven bien y ganan mucho salario, y lo que produce el pobre; no nos pagan lo que valen los productos, nos dan una limosna por lo que producimos.

Desde luego, para lograr el Nuevo Orden Económico Internacional hay que unirse, hay que hacer conciencia y unirse. Sin embargo, grandes peligros nos amenazan, la política imperialista es más agresiva cada vez, más descarada, más intervencionista en todo. Aquí se dijo: lo de las Malvinas, El Salvador, Granada, Haití, donde ahora mismo están suministrando armas, Panamá y Nicaragua, por supuesto. No he tratado de mencionarlos todos, son muchos. Pero lo más importante es que nos quieren trazar políticas como nunca, más agresivamente que nunca.

Ahora quieren convertir la deuda en inversiones. Sería la más grande de las catástrofes, porque con lo que debemos puede comprarse América Latina completa. Claro, saben que no van a cobrar, que no pueden, y están inventando. Y, claro, allá está Pinochet, sí, aceptando el pago de la deuda en inversiones. Al final no quedará ni la casa que tiene Pinochet por allá por las afueras de Santiago; tendrá que entregársela a una empresa yanki, a un banco yanki, en pago de la deuda.

¡Es terrible! Pocas veces hemos tenido semejante amenaza en un continente donde tanta conciencia se hizo contra el dominio de los monopolios, y están tratando de llevar adelante esa política y algunos gobiernos han mostrado cierta proclividad a esa política. Tenemos que estar muy alerta con relación a eso, y hacer conciencia.

Pero algo más: hay una tremenda ofensiva para la desestatización de determinadas empresas, que fueron durante decenios símbolos de la soberanía; desestatización de servicios públicos para que pasen a manos de transnacionales, o para que pasen a manos del capital privado, con el pretexto, tan esgrimido siempre por el capitalismo y el imperio, de que sean más eficientes. Quieren culpar a la soberanía nacional de los errores, las deficiencias y las corrupciones de los políticos, que son los que han conducido a situaciones difíciles a esas determinadas empresas.

Leía cables recientes del Fondo Monetario Internacional. Están ofreciendo cientos de millones de dólares a empresas privadas y condicionando los préstamos de instituciones internacionales a la desestatización de las empresas públicas; están preconizando la peor forma de neocolonialismo y de la renuncia por parte del Estado a la propiedad de esas empresas. No predican que se administre mejor, no; sencillamente que pasen a manos privadas, y en esta situación de crisis están utilizando los recursos de todas esas instituciones financieras para predicar y exigir la desestatización de esas empresas, lo cual creemos que es realmente muy grave.

Creo, por ello, que se ha reunido este Congreso en un momento muy especial de América Latina. Me explico las posiciones de ustedes, el espíritu de ustedes, la energía con que lo han denunciado todo. Creo que han sacado un programa; la Declaración Final es excelente. Me parece excelente que se envíe a las Naciones Unidas y a otros organismos internacionales. Creo que las conclusiones que ustedes han sacado constituyen todo un programa lleno de fuerza moral, de ética; yo diría que es un programa revolucionario (Aplausos). Lo revolucionario es precisamente eso. En las condiciones de nuestro hemisferio y en cualquier circunstancia, son ideas revolucionarias. Es un programa revolucionario que podemos, sencillamente, enarbolar todos: socialistas, demócratas, marxista-leninistas, porque creo que los puntos que se plantean son incuestionables. Nosotros haremos nuestro ese programa, haremos nuestra esa política (Aplausos). Lo digo sin vacilación. Y expresamos nuestra gratitud por estos conocimientos, por estas enseñanzas que nos dejan.

Y no tengo que exhortarles a luchar. Ustedes saben que es una necesidad hoy más imperiosa que nunca, ustedes saben que más que nunca necesitan nuestros pueblos divididos y balcanizados unirse, integrarse económicamente. Pero para cualquier momento, cualquier proceso de unión y de integración, lo más importante es la conciencia. ¡Sean ustedes abanderados de esa conciencia! ¡Sean ustedes como muchos ilustres predecesores, como aquellos que escribieron páginas gloriosas en la historia! Les hablé de abogados. Martí era abogado, Agramonte era abogado, Céspedes era abogado, muchos de nuestros próceres de la independencia eran abogados; Lincoln era abogado (Aplausos); Lenin era abogado, Marx era abogado, Engels creo que tenía algunos negocios, creo que era hombre de negocios, pero gente de principios.

Yo decía en broma que muchos revolucionarios en la historia del hombre han sido abogados, quizás porque tomaron conciencia, fueron capaces de alcanzar esos valores y desempeñaron un importante papel en la historia. Y sí un abogado en cualquiera de esas épocas históricas desempeñó un papel importante, ¿qué no podrán desempeñar miles de abogados? ¿Qué papel no podrá desempeñar nuestra Asociación Americana de Juristas, unidos, conscientes? De aquí ha salido un programa, y ustedes son influyentes y lo serán cada vez más a medida que las condiciones objetivas ayuden a abrir las conciencias y los corazones a las ideas justas, a los principios correctos.

Pienso que es mucho lo que puede hacerse, es mucho lo que pueden hacer ustedes, pero bien merece que aspiren a ser abanderados de los profesionales; no solo de los abogados, sino de todos los profesionales.

Yo me he reunido otras veces no solo con abogados latinoamericanos, sino también médicos —congresos grandes, por ejemplo, sobre pediatría—, me he reunido con maestros, y les puedo asegurar una cosa —y no ahora, sino hace dos años, hace tres—: me admiraba ya del nivel de unanimidad de criterio, de conciencia en torno a estos temas, en torno a estos problemas, de los más variados sectores profesionales. Cuando los médicos hablan, hablan con un gran dolor, porque ellos están presenciando lo que ocurre todos los días, en todas partes; y cuando hablan los maestros, hablan con un gran dolor. Y si nos unimos todos, médicos, maestros, profesores, arquitectos, ingenieros, economistas ... Nos hemos reunido con economistas, nos hemos reunido con representantes del periodismo latinoamericano, nos hemos reunido con representantes de las mujeres latinoamericanas, representantes de las juventudes, de los estudiantes, de los campesinos y de los sindicatos, y les puedo asegurar que se está formando una conciencia; y si la conciencia es lo que preludia y lo que antecede y es la premisa de los grandes cambios, yo diría que tanto las condiciones objetivas como subjetivas nos acercan al momento de los grandes cambios.

Creo que he abusado bastante de la paciencia de ustedes. Ya debiéramos estar en la recepción a la que los hemos invitado y por eso debo terminar. Quiero terminar expresándoles nuestro más profundo agradecimiento por el honor que nos han hecho y las lecciones que nos han dejado.

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(Ovación)

Si ustedes me excusan un minuto, que me faltó decir una cosa que me impresiona mucho.

Me impresionó particularmente la presencia aquí de decenas de abogados norteamericanos (Aplausos).

He sido crítico con el imperio, con el sistema, pero jamás lo seré con el pueblo norteamericano, capaz de engendrar hombres como Brian Wilson, el que defendiendo la paz fue capaz de pararse frente al tren militar, sacrificar sus piernas, mantenerse inconmovible y decir que él tan pronto se reponga volverá a la lucha. En días recientes he tenido oportunidad de hablar también de eso y considerarlo no solo como un héroe norteamericano, un héroe latinoamericano, sino también un héroe mundial (Aplausos).

Por eso digo que nos estimula mucho esa presencia y que esta lucha no solo será de nosotros los latinoamericanos; será la lucha de los pueblos latinoamericanos unidos al pueblo norteamericano, que sufre como nosotros muchas de estas calamidades a las que nos hemos referido aquí.

Muchas gracias (Aplausos).
 

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