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De Martí a Fidel una sola revolución: La presencia de México

Data: 

25/09/2018

Fonte: 

Cubadebate

Autore: 

(Conferencia impartida el 22 de septiembre del 2018 en Toluca, en ocasión del XXIII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba)
 
El dilema de Cuba siempre ha sido, incluso desde antes de concretarse nuestra nacionalidad, la independencia o la anexión a los Estados Unidos de América. Ese dilema fue resuelto definitivamente por nuestro pueblo el primero de enero de 1959, con el triunfo de la Revolución liderada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. En el bregar del pueblo cubano por la independencia, José Martí y Fidel Castro desempeñan un papel cimero.
 
Este XXIII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba en México es ocasión propicia para que reflexionemos sobre este tema, pues México ha desempeñado un papel fundamental en la historia de Cuba, como Cuba lo ha desempeñado también en la historia de México.
 
Importantes patriotas cubanos vivieron y trabajaron en México, incluso desde antes de la independencia. Los investigadores han identificados a más de 40 cubanos que, de una u otra forma, estuvieron vinculados a las luchas de los mexicanos por su independencia y en la defensa de su soberanía.
 
Fueron patriotas que lucharon en México contra el colonialismo español; pelearon contra los invasores; tuvieron un papel destacado en la Revolución mexicana; y muchos de ellos ocuparon importantes cargos gubernamentales, ya fuera como Gobernadores, Ministros en diferentes gobiernos, o miembros del Congreso.
 
También destacados patriotas mexicanos lucharon a favor de la independencia de Cuba de la metrópolis española. Muchos otros estuvieron al lado de los cubanos a lo largo de la república mediatizada que padeció nuestro pueblo durante la primera mitad del Siglo XX; y muchos otros más nos ayudaron en varias esferas después del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.
 
En esta reflexión me voy a centrar en nuestro Héroe Nacional, José Martí; y en el Líder Histórico de la Revolución cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Fidel dijo de Martí: “Martí es y será guía eterno de nuestro pueblo. Su legado no caducará jamás.” Y así ha sido y continúa siendo en la lucha del pueblo cubano por conquistar toda la justicia.
 
Pocos hombres en la historia de la humanidad hicieron tanto en tan poco tiempo como lo hizo José Marti. Fue escritor, periodista, poeta, pero sobre todo fue un antimperialista. De él aprendimos la vocación latinoamericana y antimperialista que ha caracterizado a nuestro pueblo a lo largo de su historia. José Martí tiene proyección universal. Fue un hombre de su tiempo; pero rebasó las fronteras de la época en que vivió para convertirse en el más grande pensador político hispanoamericano del Siglo XIX.
 
No es un hombre de museo, no puede limitarse a una escultura, su ideario está vigente, lo palpamos cada día, está entre nosotros. Eso explica el homenaje que se le rinde de manera permanente no solo en Cuba y en lo que él llamó Nuestra América, sino en todo el mundo. Llegó por primera vez a México el 8 de febrero de 1875 por el puerto de Veracruz, después de haber hecho dos escalas en los puertos de Progreso y Campeche.
 
Había nacido 22 años antes en La Habana, el 28 de enero de 1853. Resulta significativo que ese mismo año, el 9 de noviembre, desembarcó en La Habana Benito Juárez, quien fue muy admirado por Marti. Permaneció en esa ciudad hasta el 18 de diciembre del propio año, cuando salió para Nueva Orleans, donde conoció al grupo de cubano que formaban la Junta Patriótica, entre ellos a quien sería su secretario privado y yerno, Pedro Santacilia.
 
Luego de su llegada a Veracruz, José Martí continuó viaje a la Ciudad de México, donde se reunió con su familia y con ese ilustre mexicano a quien llamó “mi hermano queridísimo”, Manuel Mercado, que en ese momento se desempeñaba como Secretario del Gobierno del Distrito Federal. Fue Mercado quien lo introdujo en los principales círculos literarios y periodísticos del país, en los que Martí desempeñó una fructífera labor. Martí calificó a la Ciudad de México como el lugar que “siempre tuvo corazones de oro, y brazos sin espinas, donde se ampara sin miedo el extranjero.”
 
Amó y defendió a México como un mexicano más. Desde México no solo se involucró profundamente en la preparación de lo que llamó “la guerra necesaria” por la independencia de Cuba; sino que también nos alertó sobre los peligros y las amenazas que desde el Norte acechaban a Nuestra América.
 
Su estancia en México le permitió conocer la tragedia de los aborígenes y despertó en él su amor por los indígenas y lo reafirmó en la defensa de las causas más justas. Aquí realizó una destacada labor periodística y literaria, en la que abordó los principales temas del momento en todas las esferas; incluida la defensa de las luchas por la libertad de nuestras tierras de América.
 
En el artículo que publicó en la Revista Universal el 27 de abril de 1876, donde se refiere a esos peligros y amenazas escribió: “La cuestión de México como la cuestión de Cuba, dependen en gran parte en los Estados Unidos de la imponente y tenaz voluntad de un número no pequeño ni despreciable de afortunados agiotistas, que son los dueños naturales de un país en que todo se sacrifica al logro de una riqueza material”.
 
Como él mismo señaló, conoció al monstruo porque vivió en sus entrañas; y nos alertó sobre los peligros que desde allí nos acechaban.
 
Su condición de patriota, amante de la libertad y la independencia, se puso de manifiesto desde sus primeros escritos. Ya en México, en ocasión de las fiestas por el Cinco de Mayo escribió: “Bien hace el pueblo mexicano en celebrar fiesta el día en que el enemigo de su libertad fue atacado y abatido: esta fiesta no significa odio, esta fiesta significa independencia patria.”
 
En México estableció contacto desde temprano con los patriotas cubanos que estaban asentados en el país. No escatimó esfuerzo ni tiempo para escribir, hablar, explicar, convencer y trabajar en defensa de la independencia de Cuba. Siempre dejo claro que el reconocimiento a la independencia de Cuba no significaba odio a España; sino que era algo justo, como justa había sido la independencia de México.
 
Como señalara Herrera Franyutti, “su pluma se había convertido en espada defensora de Cuba.” A su salida de México, viajó por otras tierras latinoamericanas y por Estados Unidos, en una intensa labor de propaganda y de unidad de las fuerzas revolucionarias cubanas en el exterior. Centavo a centavo, fue creando conciencia, uniendo voluntades, inculcando el principio de que “los grandes derechos no se compran con lágrimas, sino con sangre.”
 
En 1891 publica en Nueva York su ensayo Nuestra América, de gran actualidad y vigencia; y no es casualidad que treinta días después el ensayo es reeditado en el periódico El Liberal, de México. Y es que ese ensayo es un llamado urgente a la unidad latinoamericana. Allí escribió “Injértese en nuestras Repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas.”
 
Más adelante señaló: “Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!”.
 
Para Martí era un imperativo eliminar lo que de colonia queda en nuestras repúblicas; es su reclamo, y sabemos que no se refería solo al lastre posible en las leyes y el sistema de dominación, sino también al impacto que este lastre colonial tenía y tiene en el pensamiento de los hombres y mujeres de nuestras tierras.
 
La independencia de Cuba fue una constante en José Martí desde muy joven. Sin haber cumplido aún los 16 años de edad, publicó su primer poema dramático, Abdala, en una de cuyas estrofas se lee: “El amor, madre, a la patria /No es el amor ridículo a la tierra, /Ni a la yerba que pisan nuestras plantas; /Es el odio invencible a quien la oprime, /Es el rencor eterno a quien la ataca”.
 
Dedicó por entero su vida a preparar la lucha por la independencia de Cuba. En ese quehacer, comprendió que era necesaria la creación de un espacio político en el que se unieran todos los que estuvieran dispuestos para la guerra revolucionaria, sin limitación de raza, sexo, nacionalidad o posición social. La lucha por la independencia tenía que ser para “conquistar toda la justicia” y por una patria “con todos y para el bien de todos”.
 
Es así como el 10 de abril de 1892 se constituye oficialmente el Partido Revolucionario Cubano. El artículo primero de las bases del partido es suficientemente claro: “El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr, con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”. Eran las únicas dos colonias que quedaban a la metrópolis española en este continente. La independencia de Puerto Rico sigue estando pendiente todavía.
 
Tres años después, el 11 de abril de 1895, desembarcó por Playitas de Cajobabo, en la parte oriental de Cuba. Ya era el Delegado del Partido Revolucionario Cubano. Fue acompañado de otros ilustres patriotas, entre ellos el Generalísimo Máximo Gómez, para incorporarse a la guerra que había comenzado el 24 de febrero de ese año y que el mismo había preparado con tanta minuciosidad.
 
Apenas un mes después, con solo 42 años de edad, cayó en combate en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895. El día anterior, había comenzado a escribir su conocida carta al mexicano Manuel Mercado, que la muerte no le permitió concluir. Allí se lee: “… ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber—puesto que lo entiendo y tengo ánimos con qué realizarlo—de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.”
 
En esa carta, reitera la necesidad de “…impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia…”
 
Es por todo eso que el más esclarecido discípulo de Jose Marti, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, dijo en el juicio del Moncada que Martí era el autor intelectual de esa acción. Como antes había hecho Martí, Fidel preparó la etapa revolucionaria por la independencia de Cuba que le correspondió, con gran minuciosidad, aunando voluntades, creando conciencia. “En cuanto a mí – señaló en el juicio del Moncada – sé que la cárcel será dura como no la ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa. La historia me absolverá”.
 
La presencia de José Martí en el pensamiento y en la acción de Fidel Castro es visible y palpable.
 
 “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”, escribió Martí; y en su autodefensa en el juicio por los sucesos del cuartel Moncada dijo Fidel: Nosotros llamamos pueblo, si de lucha se trata, a los 600 mil cubanos que están sin trabajo…a los 500 mil obreros del campo que habitan en bohíos miserables…a los 400 mil obreros industriales y braceros cuyos retiros, todos, están defalcados…a los 100 mil agricultores pequeños que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya…a los 30 mil maestros y profesores… tan abnegados y sacrificados…y que tan mal se les trata y se les paga…a los 20 mil pequeños comerciantes abrumados de deudas…a los 10 mil profesionales jóvenes…que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida…
 
La lealtad de Fidel al ideario martiano es incuestionable. Lo puso en práctica, lo llevó a vía de hechos y lo concretó. Cuando se habla de Martí y de Fidel es claro el nexo entre ellos. Fidel ha sido esencialmente fiel al ideario martiano. La Revolución cubana liderada por Fidel ha hecho realidad los sueños de Martí.
 
Desde muy joven, Fidel defendió sus ideales y acciones con las doctrinas de Martí. Fue un convencido de que la libertad cuesta muy cara y es necesario resignarse a vivir sin ella o comprarla por su precio.
 
Por eso el ataque al cuartel Moncada. «Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario –dijo en su alegato de defensa- que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!».
 
Pero Fidel Castro, los jóvenes del centenario, el pueblo de cuba, no lo dejaron morir. Fidel y sus compañeros vinieron también a México. Llegó el 7 de julio de 1955. Vino al México que había hecho una revolución trascendental a principios del siglo; al México que supo acoger en su seno a todos los patriotas cubanos que luchaban por la independencia patria; al México que no se plegó al dictado de Estados Unidos para que rompiera relaciones diplomáticas con Cuba; al México hermano, solidario y querido; al México de ustedes y de nosotros. Aquí conoció a quien pasaría a la historia como “el Guerrillero Heroico”, el comandante Ernesto Che Guevara.
 
Salió de Tuxpan con sus compañeros en el yate Granma en 1956, convencido de que ese año serían libres o serían mártires. Y no solo fueron libres, sino que hicieron libre a todo un pueblo y llevaron esperanzas a los pobres y oprimidos del mundo.
 
Como Martí, quiso mucho a México. “Hay en Cuba, con relación a México –expresó- una tradición de historia y de amistad que no tiene igual con ningún otro pueblo de América Latina. Nuestras luchas han estado muy vinculadas a las luchas y a la historia de México.
 
Cuando nuestras guerras independentistas, los patriotas cubanos tuvieron en el pueblo mexicano un amigo, y en el país hermano un hogar. Allí vivió un tiempo nuestro Héroe Nacional, José Martí. Allí enriqueció su visión revolucionaria y americana. Martí amó entrañablemente a México, amor que lo acompañó hasta su tumba.
 
¿Dónde habríamos podido nosotros organizarnos si no hubiese existido México? Allí nos organizamos, de allí partimos. Pero nuestro fuerte sentimiento de amistad y cariño hacia México no se basa solo en la historia pasada, sino también en la historia presente.
 
Después del triunfo de la Revolución, y en aquellos primeros años difíciles, e incluso en los primeros días de alegría, quién podrá olvidar que uno de nuestros primeros visitantes ilustres fue el general Lázaro Cárdenas. También recordamos que a raíz de la invasión mercenaria de Girón, en 1961, Lázaro Cárdenas se enroló para venir a combatir junto a nuestro pueblo.
 
En los difíciles años iniciales, cuando se configuró toda la conspiración imperialista contra Cuba y el intento de aislar a Cuba, y no solo de aislarla, sino de destruir a la Revolución, México fue el único Estado que no rompió relaciones con Cuba y se opuso enérgicamente a todos los acuerdos agresivos contra Cuba.”
 
Nuestro Héroe Nacional, José Martí, también habló con entusiasmo y elocuencia sobre México, país al que consideró su segunda Patria. En una ocasión dijo:
 
¨Oh México querido. Oh México adorado, ve los peligros que te cercan! ¡Oye el clamor de un hijo tuyo, que no nació de ti! Por el Norte un vecino avieso se cuaja. Tú te ordenaras, tú entenderás, tú te guiarás; yo habré muerto, oh México, por defenderte y amarte; pero si tus manos flaqueasen y si no fueras digno de tu deber continental, yo lloraría, debajo de la tierra, con lágrimas que serían luego vetas de hierro para lanzas, como un hijo, clavado a su ataúd, que ve que un gusano le come a la madre las entrañas¨.
 
En otros momentos de su corta pero fructífera vida, señaló: “Las revoluciones son estériles cuando no se firman con la pluma en las escuelas y con el arado en el surco”. “Hasta que los obreros no sean cultos no serán felices”. “La ignorancia mata a los pueblos y es preciso matar a la ignorancia” “Mientras haya un antro no hay derecho al sol”. “Divorciar al hombre de la tierra es un atentado monstruoso”. “Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos”. “Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre”. Son enseñanzas que nos legó nuestro Héroe Nacional y que Fidel implementó con acciones concretas.
 
Como Martí, Fidel comprendió que la Revolución cubana era una sola, que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante. «Esas banderas –dijo en memorable discurso- que ondearon en Yara, en la Demajagua, en Baire, en Baraguá, en Guáimaro; esas banderas que presidieron el acto sublime de libertar la esclavitud; esas banderas que han presidido la historia revolucionaria de nuestro país, no serán jamás arriadas. Esas banderas y lo que ellas representan serán defendidas por nuestro pueblo hasta la última gota de su sangre».
 
Fue por eso que la Revolución derribó los cuarteles para convertirlos en escuelas, erradicó el analfabetismo, aseguró la salud de todo un pueblo. Junto a Martí, nos enseñó que “sin cultura no hay libertad posible”.
 
Fidel hizo realidad la máxima martiana de crear una patria en que la ley primera de la República sea el culto a la dignidad plena del hombre. Bajo el liderazgo de Fidel, construimos en Cuba una sociedad de los humildes y para los humildes, con todos y para el bien de todos, con independencia, dignidad y soberanía.
 
Asumiendo y enriqueciendo las ideas latinoamericanistas y antimperialistas de Martí, Fidel concibió como parte de su ideario y accionar político, la necesidad de la unidad de América Latina y el Caribe para hacer frente al “gigante de las siete leguas” y de esta forma evitar que “cayera con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”. Fue promotor de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). De esta forma, el sueño de Martí y otros próceres de nuestra América, se hizo realidad.
 
En el plano del internacionalismo, Fidel materializó el planteamiento martiano de que “patria es humanidad”. Cientos de miles de cubanos han prestado y continúan prestando sus servicios en decenas de países del mundo.
 
Por eso, como a Martí, todo el mundo lo admira, respeta y quiere. Por eso, como Martí está presente con nosotros, cada día, en cada obra de la Revolución. Como Martí, Fidel no pensó solo para su tiempo; pensó para el futuro, nos guio y enseñó el camino a seguir.
 
En ocasión de este XXIII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba en México, quiero concluir recordando una frase de nuestro Comandante en Jefe: “Nada soportaremos contra México, lo sentiremos como propio. ¡Sabremos ser fieles a la amistad que han forjado siglos de historia y de hermosos principios comunes!