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El gigante que desafió a los huracanes

Fidel Castro Ruz junto a José Rubiera en el programa televisivo Mesa Redonda
Fidel Castro Ruz junto a José Rubiera en el programa televisivo Mesa Redonda

Data: 

02/12/2016

Fonte: 

Periódico Granma

Autore: 

Los cubanos siempre vimos a Fidel ocupar la primera línea de combate para enfrentar los peligros de agresión militar que acecharon a la Patria en diversas ocasiones, sin reparar nunca en los riesgos a su propia vida.
 
Así lo hizo cuando la invasión mercenaria por Playa Girón en abril de 1961, y la Crisis de Octubre de 1962, cuando el país afrontó la po­tencial amenaza de un ataque ma­sivo de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, incluido el probable uso de armas nucleares.
 
Pero también actuó de esa forma ante cada huracán que azotó o amenazó al país después de 1959 y hasta el 2006, año en el cual debido a una repentina enfermedad se vio obligado a cesar en sus responsabilidades como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
 
Imposible entonces rememorar el drama vivido en la región oriental de Cuba por el lento y errático paso del ciclón Flora entre el 4 y el 8 de octubre de 1963, sin mencionar la presencia del Jefe de la Revolución en el propio escenario de la tragedia (murieron 1 157 personas), dirigiendo personalmente las operaciones de rescate y salvamento de la población amenazada por inundaciones de magnitud sin precedentes.
 
En una de esas complejas y arriesgadas acciones de auxilio, Fidel casi sufre un fatal accidente, pues el vehículo anfibio donde se desplazaba estuvo a punto de ser arrastrado por el violento torrente de agua. Solo la pericia de un campesino que logró acercar un camión Zil provisto de so­gas, evitó que ello ocurriera.
 
Cleo, Alma, Inez, Kate, el Lily de 1996, Georges, Michelle, Charley, Iván, fueron organismos ciclónicos tropicales que afectaron a Cuba y encontraron a Fidel impartiendo ins­trucciones para proteger a las personas y preservar los recursos de la economía, recorriendo cada área afectada incluso bajo los embates de la severa inclemencia del tiempo, dando aliento a los damnificados, y asegurándoles que la Revolución no los abandonaría jamás. Esa es una de las razones que lo hacen grande y amado por su pueblo.
 
Muy cercano a nuestro máximo líder en varias de esas contingencias naturales, el doctor José Rubiera expresa a Granma que tuvo el privilegio de conocerlo y compartir con él siempre que había una amenaza de ese tipo.
 
«Lo mismo en sus visitas al Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología, que en las Mesas Redondas en los estudios de televisión, Fidel mostraba vivo interés por los detalles relacionados con la fuerza del huracán, la trayectoria más probable que haría, cuál intensidad podría alcanzar, las zonas más vulnerables a sus impactos.
 
Hacía muchas preguntas y dentro de ellas, inquiría sobre todo en aquellos aspectos que a la población le interesaba, servía de excelente interlocutor con el pueblo».
 
Refiere Rubiera que son muchas las anécdotas sobre sus diálogos con el que considera un verdadero gigante de las ideas, el cubano y  latinoamericano más prominente del siglo XX, y uno de los estadistas más preclaros y sobresalientes a nivel mundial.
 
«Tenía el don de traducir a un lenguaje asequible el término más difícil y así sucedió cuando la amenaza del intenso huracán Iván en septiembre del 2004. Nosotros estábamos en la Mesa Redonda hablando del movimiento trocoidal que describía el ojo de tan peligroso meteoro, y nos pide que explicáramos de forma más sencilla el significado de ese concepto.
 
«Cuando pensamos que todo estaba claro, dijo con tono jocoso que se trataba de un corcoveo y así lo empezó a denominar la gente.
 
«Otra vez me hace una pregunta inesperada sobre la distancia exacta a la cual se encontraba un huracán de Kingston, Jamaica, y cuando pude hacer el estimado aproximado poniendo los dedos de mis manos sobre el mapa, y le di la respuesta, ya él había hecho el cálculo mental correctamente».
 
Lejos de la Patria, Rubiera recibió la dolorosa noticia del fallecimiento del Comandante en Jefe. La incredulidad inicial devino en amarga realidad con el paso de las horas, a la que dice habrá necesariamente que re­signarse. Para el reconocido meteorólogo Fidel ya no está físicamente, pero un hombre de su talla es inmortal y sus ideas de construir un mun­do mejor perdurarán eternamente.