خطابات و تداخلات

Discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la clausura de Pedagogia’93, efectuada en el teatro "Karl Marx", en la Ciudad de la Habana, el 5 de febrero de 1993

التاريخ: 

05/02/1993

Queridos educadores de América Latina;

Distinguidos invitados;

Compatriotas:

Menos mal que por fin alcanzó el teatro (RISAS), porque ayer no se sabía lo que iba a pasar ya que los delegados cubanos no cabían, puesto que los participantes latinoamericanos, en un número tan elevado, no tenían espacio suficiente; pero al parecer algunos regresaron ayer a sus países y hubo espacio para que, por lo menos, todos unidos aquí podamos participar en la clausura del evento (APLAUSOS).

Sin duda no soy la persona más indicada para pronunciar las palabras de clausura, puesto que no he participado en las discusiones.

Siempre me gusta participar en estos encuentros, conocer lo que se discute para estar en condiciones de expresar criterios y hablar de aquellas cosas que han despertado el máximo de interés entre los participantes. Solo he podido hacer algunas preguntas a los compañeros y compañeras presidentes de las comisiones, por tanto, vengo aquí a cumplir el deber de acceder a la petición de los organizadores del acto y al deseo de ustedes, expresado en días recientes, que me querían hacer improvisar de todas formas un discurso en este teatro (RISAS).

No quiero, por otra parte, ser muy extenso, cosa que no suele ser habitual (RISAS). Tengo presente las largas horas de discusiones que ustedes han tenido, el programa. Pregunté ayer y me dijeron que después de las discusiones de por la mañana o del mediodía de hoy irían ya directamente al teatro desde temprano, así que pienso que muchos de ustedes estén deseosos de llegar al hotel (EXCLAMACIONES DE: "¡No!"). Pienso también, aunque la temperatura está fresca, que están deseosos de darse un baño (EXCLAMACIONES DE: "¡No!") y dar por finalizado este magnífico encuentro.

He meditado sobre este acontecimiento. Me llamó mucho la atención y fue realmente sorprendente lo ocurrido el día de la inauguración, porque aquí se quedó todo el mundo sorprendido del número de asistentes desde el exterior, primero se hablaba de 3 000, después de 3 500, y al fin y al cabo ese día se habían inscrito más de 5 000 participantes procedentes de América Latina (APLAUSOS). Eso nos sorprendió a todos.

Este es el mayor local de que disponemos y aquí no cabían.

Me preguntaba qué va a ocurrir si seguimos a este ritmo (RISAS). Un encuentro de educadores en un estadio no parece lo más aconsejable (RISAS). Es decir, lo verdaderamente notable ha sido la extraordinaria participación.

Se dijo que al primer encuentro, efectuado en el año 1986, acudieron alrededor de 2 000; al segundo encuentro, 1 500, aproximadamente, y a este tercer encuentro, no menos de 5 200 latinoamericanos, sin contar cubanos —(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). Bueno, a los españoles los tengo que contar entre latino españoles, más o menos como familia (APLAUSOS PROLONGADOS). Realmente no podemos olvidar a los "culpables" de que haya tantos latinoamericanos (RISAS Y APLAUSOS)—, lo que nos lleva a preguntarnos a qué se debe esta gran concurrencia. Nosotros pensamos que, en primer lugar, a un sentimiento de solidaridad, porque no creemos que tengamos tantos méritos como para merecer tan alto honor. Pienso que aquí están presentes los sentimientos de fraternidad y de apoyo a Cuba, venir a Cuba precisamente en este momento tan especial y tan difícil.

He pensado también en la obra educacional de la Revolución. Creo que hay una obra importante en este terreno a lo largo de los años. No es necesario —extenderse en datos, aquí podríamos acogernos a lo que hizo Gómez el primer día, explicando que había un folleto con la historia de la educación en Cuba durante el período revolucionario, lo cual ahorraba expresar muchos datos.

No sé si todos ustedes tendrán ese folleto (EXCLAMACIONES). Una parte sí, creo que estaba en el maletín, pero después los maletines no alcanzaron y buscaron unas mochilas, y hubo quienes querían la mochila en vez del maletín porque gustaron más las mochilas (RISAS Y APLAUSOS). Pienso que si se acabaron los folletos —tanto del discurso de Gómez, que fue el que pude escuchar, ya que no tuve oportunidad de escuchar a Alarcón ni a Vecino; le pregunté cómo había estado y él, Vecino, con mucha modestia, me dice: "Creo que bastante bien" (RISAS), y le creo; creo, además, que es modesto; por lo pronto, pienso que debe haber estado bastante bien—, esos materiales se pueden imprimir y se pueden enviar. Me imagino que aquí queden, por lo menos, las direcciones de ustedes y no sería imposible hacerles llegar copia de los discursos, aunque sea dos o tres ejemplares de cada uno de los materiales principales y, entre ellos, sugiero el folleto donde está la historia del proceso educacional en el período de la Revolución (APLAUSOS).

En la mañana de hoy, y pensando en la necesidad de hablar por la tarde, leí a toda velocidad ese folleto que tiene 29 páginas en letra pequeñita; pero para mí resultaba realmente emocionante ese recuento porque, en realidad, son muchas las cosas transcurridas y muchas las experiencias vividas. Quizás lo que más emocionaba era recordar que todo comenzó por la alfabetización, que todo lo que sabíamos nosotros de educación cuando triunfó la Revolución era que había que desarrollar la educación y algunas ideas de cómo hacerlo. Pero, desde luego, lo que resultó ser después todo este programa, las cosas que fueron surgiendo por el camino no estaban siquiera en nuestra imaginación en los tiempos en que luchábamos en la Sierra Maestra. Ya desde el Moncada habíamos hablado del problema de la educación como una de las cuestiones fundamentales a resolver, eso lo sabía todo el mundo aquí; pero fue la vida, fue la batalla, fue la lucha por el desarrollo de la educación en nuestro país lo que engendró el conjunto de programas que se han realizado en estos años.

Recuerdo que entonces hablábamos de las ciudades escolares, en las que ya estaba presente la combinación del estudio y el trabajo, y pensábamos en grandes ciudades escolares en todas las provincias; y, efectivamente, al principio de la Revolución empezamos a construir aquellas ciudades escolares —la primera, por lo menos, en la antigua provincia de Oriente.

Estaba claro que había que llevar la educación a las montañas y ya desde la guerra se habían hecho los primeros esfuerzos en la educación, pero el primer problema en la paz era llevar los maestros al campo. Había cientos de miles de niños y adolescentes en aquellas regiones sin maestros, teníamos conciencia de aquello y les habíamos prometido a los campesinos enviarles maestros: fue una de las primeras cosas que hicimos. De ahí resultó la necesidad de enrolar los primeros maestros —que llamábamos maestros voluntarios— para ir a las montañas.

Pero, ¿de dónde iban a salir tantos maestros voluntarios? Las escuelas de formación de maestros estaban en las ciudades; las condiciones de vida en las montañas y en el campo, en general, eran muy duras, muy pocas personas podían soportar aquellas condiciones de vida. Una de las primeras cosas que hicimos fue la creación de las famosas 10 000 aulas como primer paso, porque había 10 000 maestros sin empleo, un millón de analfabetos en una población de 6 millones y medio de habitantes, más de la mitad de los niños sin escuelas, las escuelas públicas que existían no tenían prácticamente nada, les faltaban materiales, les faltaban instalaciones, les faltaba todo, y funcionaban unas cuantas escuelas privadas que eran consideradas, en general, como buenas escuelas para una minoría insignificante de la población.

Surgió un día la idea de la Campaña de Alfabetización. Realmente creo que aquello resultó un acontecimiento histórico que pudiera calificarse de proeza. ¿Cómo hacerlo? Hicimos el compromiso de liquidar el analfabetismo en un año —ese es el tipo de compromiso que no debe hacerse, pero lo hicimos. Quién sabe cuántos compromisos no debimos hacer; pero los hicimos, y, además, los cumplimos (APLAUSOS). Fue necesario movilizar 100 000 estudiantes, algunas decenas de miles de maestros, los que había, algunos maestros voluntarios, y así, un número de personas que alcanzaba casi 170 000; los enviamos a vivir en las casas de los analfabetos, en las montañas y en todas partes. Partiendo del nivel de analfabetismo que existía, fuimos el primer país —y creo que el único—en liquidar el analfabetismo en un año, porque realmente liquidamos el analfabetismo en un año (APLAUSOS). Se empeñaron en enseñar a leer y a escribir a todo el mundo, a personas de 80 y 90 años, no querían que se escapara nadie. Creo que al fin alfabetizaron casi a 800 000 en aquel breve período.

Después la experiencia cubana sirvió de ejemplo a otros esfuerzos en favor de la alfabetización con medidas similares, con movimiento de masas, con movilizaciones de estudiantes, que han tenido algún éxito; pero, desde luego, nadie pudo hacerlo en un año, solo se podía realizar aquello en medio de una gran efervescencia revolucionaria.

Coincidió con que se produjera la invasión de Playa Girón, precisamente en medio de la Campaña de Alfabetización, y ni siquiera la invasión de Playa Girón fue capaz de interrumpir dicha campaña.

Después de la Campaña de Alfabetización, en que regresó aquella juventud, se organizó un plan de más de 100 000 becas; por ahí empezó el movimiento de becados.

Se les dio oportunidad de estudiar a todos aquellos jóvenes que habían participado en la campaña. Todavía existían nada más que una o dos universidades. No había universidades en todas las provincias, no había escuelas, no había institutos, no había secundarias; y para que muchos de aquellos jóvenes —alfabetizadores o no— pudieran estudiar, surgió el plan de becas. Se utilizaron las residencias aquí en la capital de la alta burguesía que había emigrado hacia Estados Unidos esperando que la Revolución iba a durar unos meses, y aquellas casas y otras instalaciones sirvieron de escuelas para más de 100 000 jóvenes. También vinieron muchas jóvenes campesinas.

A la Campaña de Alfabetización siguió todo el proceso ulterior, que le llamaron de seguimiento, y claro, no voy a contar la historia, simplemente hacer constar que por ahí empezó todo, hasta que, siguiendo aquel esfuerzo, llegamos a ciertas cosas sofisticadas que tenemos hoy; porque fue el desarrollo de las ideas, la voluntad de seguir adelante y la conciencia plena de la importancia fundamental de la educación lo que nos llevó a lo que tenemos hoy.

Cuántas soluciones fue necesario encontrar por el camino: el problema de los maestros. Desde luego, cometimos errores; no fue un proceso sin reveses, sin desaciertos.

Al principio pensábamos que si los maestros no se educaban en las montañas, no tendríamos nunca maestros capaces de ir a las montañas, y nos empeñábamos en organizar las escuelas formadoras de maestros en el campo con muchas dificultades. Iban miles y miles, pero también regresaban miles y miles. Por aquel camino no llegaríamos nunca a tener el número total de maestros que necesitábamos.

Un día descubrimos que era necesario cambiar la concepción y organizar las escuelas de maestros también en las ciudades, en todas las ciudades, en todas partes, y al fin pudimos tener entonces una cantera grande para formar maestros; pero eran estudiantes de sexto grado los que ingresaban para hacerse maestros porque no había otros.

Hay que decir que la Revolución, con sus múltiples tareas, dio empleo a infinidad de estudiantes. Hubo decenas y decenas de miles de jóvenes que se fueron para otras actividades, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias, por ejemplo, que necesitaban personal calificado y que necesitaban mucha gente, porque desde temprano empezaron las grandes amenazas. A otras instituciones, instituciones del Estado, a la administración fueron muchos jóvenes, y no teníamos una cantera suficiente para formar el número de maestros que necesitábamos para llevar a cabo el programa, tanto el programa de educación para todos los niños del país como los programas de seguimiento. Y nuestros primeros maestros ingresaban en las escuelas con seis grados, los primeros estudiantes de maestros; hoy ingresan con nivel de preuniversitario.

Pero hay un momento en que la explosión de alumnos graduados de sexto grado era tan grande, que no había adónde enviarlos; fue necesario un gran programa de construcción de escuelas de nivel medio, cientos de escuelas se construyeron. Por aquellos tiempos surgieron las escuelas en el campo, secundarias y preuniversitarias, pero no había profesores: fue necesario improvisarlos —se creó el Destacamento "Manuel Ascunce Domenech" en memoria de un joven alfabetizador asesinado por bandas contrarrevolucionarias en el Escambray—, llamar a estudiantes de décimo grado —creo que los primeros fueron de décimo grado— para convertirlos en profesores. Pero no podíamos esperar a que se graduaran como profesores por las vías normales, los convertimos en profesores y estudiantes, aplicamos el principio del estudio y el trabajo: recibían y a la vez impartían clases.

Así fue el trabajo del destacamento pedagógico durante muchos años. Sin esa fórmula nosotros no habríamos tenido nunca el número de profesores necesarios; pero la inmensa mayoría de los maestros y de los profesores de secundaria en aquella época eran no titulados. Hubo un momento en que solo el 30% de los maestros primarios tenían titulo. Después teníamos problemas con los profesores de preuniversitario, pero seguimos el mismo camino. Después vinieron los problemas con relación a los profesores universitarios.

Debemos decir también que el imperialismo hizo todo lo posible por promover el éxodo de profesionales, por dejar al país sin profesores, sin médicos, les abrió las puertas de par en par. Había mucha gente que desde antes soñaba con la posibilidad de ir a trabajar a un país mucho más desarrollado, un país rico, era una vieja aspiración. Y así de algunas de las escuelas nos llevaron una gran parte de los profesores; nos llevaron también muchos profesionales.

Una de las ramas donde estábamos relativamente bien en cuanto a personal era la de medicina. Contábamos con 6 000 médicos y nos llevaron 3 000, nos dejaron solo 3 000 médicos. Nos llevaron una gran parte de los profesores de las escuelas de medicina. Por eso nos vimos obligados a librar también una batalla tremenda en el campo de la salud pública para tener lo que tenemos hoy.

Esto puede dar una idea, sin entrar en todos los detalles, de lo larga y difícil que fue esta lucha para llegar a lo que pudiéramos llamar tendencias actuales o situación actual, ideas actuales sobre la pedagogía.

Las universidades no existían, solo la de La Habana, la de Santiago de Cuba, bastante reciente, y una o dos más que se habían creado improvisadamente antes de la Revolución en otras partes. No es la situación de ahora. En las universidades también tuvimos que improvisar profesores, escoger a muchos de los mejores alumnos y dejarlos allí cuando el país los necesitaba en la producción, porque además del escaso número de ingenieros y de personal calificado, una parte de los que había se los llevaron también, se fueron con sus patronos para Estados Unidos.

Fue una batalla a brazo partido contra las presiones, contra el bloqueo, contra el éxodo de personal calificado la que se libró para alcanzar estos niveles de los cuales hablaba Gómez y de los cuales se habla en ese folleto. Llenar 29 páginas con una letra pequeña es contar con un número elevado de cosas realizadas: las escuelas especiales, por ejemplo; las demás escuelas, las escuelas tecnológicas, las escuelas de profesores de educación física, las escuelas de maestros, las escuelas de auxiliares o de educadoras de círculos infantiles, las escuelas vocacionales, las escuelas vocacionales militares, para aquellos que iban a escoger la carrera militar; hubo años en que se construyeron más de 100 escuelas en el campo, los tecnológicos para la industria y para las distintas ramas de la industria, incluida la azucarera; las escuelas de arte. Surgieron un conjunto de instituciones, se fueron desarrollando. El programa era completo, el programa era integral; desgraciadamente, no pudimos desarrollarlo todo tal como llegó a concebirse.

Se realizaron incontables construcciones universitarias, al extremo de que hoy tenemos 47 centros universitarios con una matrícula enorme, con los distintos tipos de enseñanza: enseñanza regular, enseñanza para trabajadores, etcétera.

Les mencionaba las escuelas especiales. Teníamos un programa para construir todas las escuelas especiales que necesitábamos. Naturalmente que muchas de aquellas escuelas fueron creadas en determinadas instalaciones que a veces no reunían todos los requisitos, pero ya teníamos un programa de construcción de todas las escuelas especiales que necesitábamos para una cantidad de 80 000 alumnos, muchas de ellas nuevas. En la capital, por ejemplo, se llegaron a construir 24 escuelas especiales, que eran las que necesitaba; pero se estaban construyendo en otras partes del país.

Según todos los cálculos la matrícula necesaria era aquella. Ustedes saben que esos conceptos son relativos, se pueden discutir. Hay escuelas especiales que son incuestionables, no hay solución para el problema sin ellas; hay algunos problemas que se pueden resolver en las escuelas normales, puede haber otras vías. Pero según todos los cálculos se necesitaban 80 000 capacidades y habíamos alcanzado 60 000. No llegamos al ciento por ciento, nos faltaron por construir más de 100 escuelas.

Cada una de esas escuelas tenía su prototipo, estaban especialmente diseñadas para cada cosa, porque una escuela para alumnos con problemas acústicos no es lo mismo que una escuela para alumnos con limitaciones físicas. Yo conozco varias y sé que tienen sus características especiales.

Todas esas ramas de las distintas enseñanzas se fueron desarrollando de esa forma.

Ahora, asombra recordar que solo había una escuela tecnológica en Cuba al triunfo de la Revolución. Eso es para que ustedes vean lo que es el colonialismo y el neocolonialismo, ¡una sola escuela tecnológica! Había seis escuelas agrícolas y un número muy reducido de escuelas de formación de personal docente, que estaban en las capitales de las seis provincias. Es asombroso recordar todo aquello y compararlo con lo que se hizo después.

En el terreno de la formación del personal docente, se hicieron instalaciones de todo tipo, instalaciones nuevas.

Afortunadamente, esas se construyeron casi todas, nos faltan todavía tres o cuatro por terminar. Se llegaron a establecer facultades pedagógicas en cada una de las 14 provincias del país, de la misma forma que se llegaron a establecer facultades de medicina en cada una de las 14 provincias del país, y en algunas provincias había varias.

Es verdaderamente triste que nuestro programa completico, tal como se había concebido, no se haya terminado. Nos faltaron construcciones universitarias que estábamos haciendo, muchas veces para mejorar lo que había. Otras veces el problema consistía en dotar de instalaciones nuevas a viejas instituciones. Pero teníamos un programa para construir nuevas prácticamente todas las escuelas primarias que no reunían las condiciones ideales; programas de círculos infantiles, todos los necesarios, y la idea de que un día —con el desarrollo del país— todos los niños pudieran ir a esos círculos y no solo los hijos de las madres trabajadoras.

Nos faltaron, como dije, un número de escuelas especiales, un número de escuelas de oficio, que no eran suficientes o que tenían instalaciones inadecuadas. Pero en unos pocos años más, sin los acontecimientos que sucedieron después, habríamos podido terminar aquel programa completo con sus instalaciones. Desde luego, lo que hicimos fue suficiente para situarnos en el primer lugar entre todos los países del Tercer Mundo y por encima de unos cuantos países desarrollados (APLAUSOS). Tal fue el esfuerzo en aquellas condiciones, que nosotros tenemos hoy, por ejemplo, más personal docente par cápita que ningún país del mundo (APLAUSOS).

Se dice que en los países en desarrollo —llamados así por decir algo, porque lo que debe decirse es países en subdesarrollo, si se tiene en cuenta que el abismo crece entre los desarrollados y los no desarrollados; no son países que se desarrollan, sino que se subdesarrollan, se alejan cada vez más del desarrollo— el número de alumnos por personal docente es 26 —eso es promedio, en algunos son menos y hay otros que tienen muchos más alumnos por personal docente en total—; se dice que en los países desarrollados el número de alumnos por personal docente es 16. En Cuba el número de alumnos por personal docente es 10 (APLAUSOS).

Otro índice es el número de personal docente por habitante.

En América Latina muchos países tienen unos 100 habitantes por personal docente. En este hemisferio los que tienen mejores índices son Estados Unidos, con 77 habitantes por personal docente, y Canadá, que tiene 52 habitantes por personal docente. Cuba tiene 39 habitantes por personal docente (APLAUSOS).

Por eso se ven otros índices que mejoraron extraordinariamente: llegar, por ejemplo, al ciento por ciento de escolarización en la primaria. Son pocos países los que tienen ciento por ciento de escolarización en la primaria, siempre hay una fracción —no sé por qué— de 99 no sé cuánto, pero viene a ser equivalente en la práctica al ciento por ciento en la enseñanza primaria.

En el nivel medio la escolarización es más del 90% en nuestro país. Creo que en América Latina es de 57%.

La retención escolar en primaria, que en América Latina es de alrededor del 50%, en nuestro país es más del 90%.

El niño empieza a recibir atención aquí antes de nacer. Por ahí leí un dato de que cada madre embarazada recibe 15 controles prenatales antes del parto, así que al alumno lo están cuidando desde que está en el vientre de la madre (APLAUSOS).

La mortalidad infantil, lógicamente, se fue reduciendo también, hasta llegar al nivel actual, este año de período especial, algo verdaderamente increíble. Nosotros mismos no creíamos que con las enormes dificultades del período especial hubiéramos podido mantener el índice de 10,7 por mil nacidos vivos, y el índice se redujo a 10,2 (APLAUSOS), por lo que nos encontramos no solo en el primer lugar de todos los países del Tercer Mundo, sino entre los 25 primeros países del mundo.

Ya estamos acercándonos al momento en que bajemos de 10, cuándo lo lograremos es imposible asegurarlo en estas circunstancias; pero es el hecho de que algunas provincias tienen menos de 10. La provincia de Villa Clara —una provincia rural— tiene 6,6 de mortalidad infantil, está entre los más bajos del mundo; y hay municipios de montañas donde hace tres o cuatro años que no ocurre una muerte infantil, en regiones de montañas donde antes ni se sabe la cifra. Por ahí hay muchos lugares en la orilla del mar donde se ven las crucecitas de los niños que morían cuando los llevaban para tratar de embarcarlos hacia la ciudad, porque no había carreteras, no había comunicaciones.

La institución del médico de la familia se ha extendido y ya tenemos alrededor de 18 000 médicos de la familia.

Mencioné que al principio había 6 000 médicos y se quedaron 3 000, pues con esos 3 000 como semilla se desarrolló el programa de la formación de médicos, del desarrollo de universidades y facultades de medicina, de tal manera que ahora tenemos más de 40 000 médicos. Por cada médico que nos llevaron los yankis, hoy tenemos 14 (APLAUSOS); y el prestigio de la medicina en nuestro país aumenta, al extremo de que es creciente el número de personas que solicitan recibir asistencia médica en Cuba.

No solo se beneficiaron los niños con este programa, se benefició toda la población, se beneficiaron las madres, al extremo de que los índices de mortalidad materna son insignificantes, creo que son alrededor de 3,2 por cada 10 000 niños nacidos vivos. Esos índices antes eran elevadísimos.

El esfuerzo educacional se manifestó en todas las esferas, porque la educación es todo, sin la educación no se desarrolla nada.

Hoy nuestro esfuerzo, en medio de condiciones increíblemente difíciles, es mantener lo que tenemos y mejorarlo con lo que disponemos. Es imposible en estos momentos pensar en nuevas construcciones escolares, algunas se van terminando o se añade algo, se arregla algo, de hecho las construcciones escolares están paralizadas; sin embargo, mejoran los índices y mejora la educación gracias al esfuerzo de estos años que nos permitió disponer en la actualidad de casi 300 000 docentes en los distintos niveles. Esto sin contar las decenas y decenas de miles de docentes que están en otras cosas, porque todo el mundo buscaba profesores, maestros. Las organizaciones de masa, el Partido, la Juventud, las instituciones del Estado siempre estaban solicitando maestros para algún trabajo, ya que el maestro se destacaba por sus conocimientos, por su preparación. Esa ha sido una lucha tremenda, una competencia terrible con los demás organismos del Estado llevándose maestros, independientemente del número de jubilaciones, aunque nuestra masa de docentes es realmente joven.

Todas las instituciones tienen profesores y maestros. A pesar de eso contamos con casi 300 000 —el número exacto creo que son 282 000— y disponemos de una reserva de maestros que nos permite distintos programas de superación y hace posible que miles de docentes estén estudiando a tiempo completo gracias a esa reserva de maestros, que no es un lujo, porque el problema de la sociedad humana es organizarse de tal manera que todas las personas puedan ser útiles, que todas las personas tengan la preparación suficiente para un trabajo útil, porque la clave de todo, más que el dinero, más que los recursos materiales, son los recursos humanos (APLAUSOS).

¿Qué sería de esos casi 300 000 maestros sin los programas educacionales? Podíamos tener 140 000 y la mitad de esos que hoy son maestros podía estar en sus casas, o como amas de casa, o realizando otras actividades, o sin hacer nada, que es lo que ocurre hoy en el mundo: decenas de millones, cientos de millones de personas sin hacer nada porque no tienen la preparación para hacerlo ni hay la voluntad de que hagan algo, viven como rebaño sin que los que tienen que ocuparse de ellos se ocupen o se preocupen.

El problema de una sociedad, tal como lo vemos nosotros, dentro de nuestro concepto revolucionario, nuestro concepto socialista, es que el hombre tiene derecho a organizarse de una manera racional, porque si hasta las hormigas son capaces de organizarse de manera racional, si hasta las abejas son capaces de organizarse de una manera racional, ¿por qué el hombre, la más extraordinaria creación de la naturaleza, el único ser provisto de una verdadera inteligencia, no será capaz de organizarse de una manera racional?

¿Es acaso racional una sociedad donde haya cientos de millones de personas desempleadas? En el mundo hay miles de millones, en la Europa superdesarrollada hay decenas de millones, en Estados Unidos hay un 7,5 % de desempleados, a esto hay que añadir los subempleados y los que tienen un empleo que no producen nada.

El capitalismo ha sido incapaz de crear una sociedad racional; ha creado una sociedad llena de contradicciones y de absurdos, llena de paradojas; ha creado una sociedad que todo lo dilapida, los recursos naturales, pero especialmente los recursos humanos; una sociedad que todo lo enajena.

Lo que nosotros hemos alcanzado en la educación, en la salud y en otros muchos campos, demuestra lo que puede una sociedad que intenta organizarse de una forma racional. Pero, sin esa racionalidad, sin esa organización racional, ningún país del mundo habría podido resistir lo que nuestro país está resistiendo hoy día (APLAUSOS); en medio del caos del capitalismo, habría sido absolutamente imposible.

¿Cómo puede explicarse que un país que ha perdido el 75% de sus importaciones, un país que tiene que estar trabajando con el 40% del combustible de que disponía —y todo como consecuencia de la desaparición del campo socialista y la desintegración de la URSS, países con los que teníamos el 85% de nuestro comercio y precios justos para nuestros productos—, cómo es posible que con ese terrible golpe que ha sufrido la economía de nuestro país no se haya cerrado una sola escuela, no se haya quedado un solo niño sin maestro y haya maestros con año sabático, y haya miles de maestros superándose porque tenemos ahí el personal que, de todas maneras, tendría que vestir, calzar, alimentarse, respirar, consumir un poco de la energía solar que a todos nos llega todos los días, algo posible únicamente por la regionalización de nuestra sociedad? (APLAUSOS)

¿Cómo es posible que en estas condiciones no se haya cerrado un solo hospital, no se haya quedado un solo enfermo sin asistencia médica? ¿Cómo es posible que no se haya quedado un solo médico sin empleo? ¿Cómo es posible que cada maestro que se gradúa tenga su trabajo asegurado? (APLAUSOS) ¿Cómo es posible que cada médico, que cada ingeniero, que cada técnico de nivel medio tenga su trabajo o una ayuda económica? Porque cuando la falta de materias primas y otros recursos, la falta de energía, la falta de combustible nos impide realizar aquellas actividades económicas en las cuales podríamos emplear a ese ciudadano, ese ciudadano no se queda desamparado, no se queda sin el apoyo de la sociedad, no se queda sin una contribución de la sociedad. Sí bien no es mucho lo que tenemos para repartir, por lo menos repartimos de manera equitativa y humana lo que tenemos (APLAUSOS).

¿Habría sido posible hacer eso bajo otra concepción social? Y ahora me pregunto, ¿por qué quieren destruirnos? ¿Por qué Estados Unidos quiere destruir la Revolución Cubana, que ha alcanzado estos logros tan humanos, cuando sabemos lo que pasa en el mundo?

Sabemos lo que ha pasado en muchos países, la realidad, la terrible realidad, la verdad, no la mentira que tanto se usa y de la cual tanto se abusa contra nuestra patria para tratar de negar los méritos de nuestra Revolución (APLAUSOS), el espíritu extraordinariamente humanista de nuestra Revolución (APLAUSOS). ¿Por qué?, si a mí me ha dicho el director de la UNICEF que si en América Latina, por ejemplo, existieran los parámetros de salud de Cuba, se salvarían 750 000 niños todos los años. Quiere decir que el imperialismo y el capitalismo están asesinando a 750 000 niños todos los años en este hemisferio (APLAUSOS).

Ya no hablo de los que dejan sin escuelas, de los que andan por las calles limpiando parabrisas, los que andan por las calles sin hogar, los que andan por las calles vomitando fuego para que les den una limosna; ya no hablo de los que son víctimas de los escuadrones de la muerte (APLAUSOS), hablo de los que matan todos los años, sencillamente, porque no tienen las mínimas condiciones de salud. Y hablo de los que matan de menos de un año, no de los que matan de más de un año, de uno a cuatro, y de cinco a catorce, ni hablo de los que matan a cualquier edad, entre tantas y tantas personas que en este hemisferio y que en el Tercer Mundo no tienen asistencia médica.

Ya no hablo de los que matan en el propio Estados Unidos, porque todo el mundo sabe que cuando vienen esas grandes olas de frío se congelan cientos y miles de ancianos que no tienen dónde refugiarse, y nuestro país, de acuerdo con cálculos elementales en estos años de la Revolución, ha salvado la vida de más de 400 000 niños que habrían muerto sin la Revolución (APLAUSOS), que habrían muerto sin los índices de salud que tiene la Revolución; 400 000 niños han sido salvados por los programas de salud de la Revolución. Ya no hablo de los niños que han recibido educación en la Revolución, ya no hablo del nivel de escolaridad de nuestro pueblo, ya no hablo del hecho de que el analfabetismo es algo que aquí no se menciona, palabra que aquí se usa solo cuando se hacen recuentos históricos.

¿Y qué quiere el imperialismo, hacer desaparecer de la faz de la Tierra el país que ha reducido la mortalidad infantil a 10,2, a cero el analfabetismo, a cero la desescolarización de los niños de primaria, a un ínfimo tanto por ciento la desescolarización de los niños de nivel medio? ¿Qué quiere, liquidar al país que tiene más docentes por habitante, que tiene más médicos por habitante? ¿Por qué quiere destruir el ejemplo de la Revolución Cubana y por qué no acabar con esos sistemas inhumanos y despiadados que viene padeciendo la inmensa mayoría de los pueblos de la humanidad, sobre todo los pueblos del Tercer Mundo? ¿Por qué no liquidan ese criminal sistema que se llama neoliberalismo? (APLAUSOS) ¿Por qué no liquidan esas instituciones que pretenden la privatización de todo (APLAUSOS), desde las escuelas hasta las calles y los parques? ¿Por qué no liquidan esas instituciones que ex gen que desaparezcan los presupuestos de educación, de salud, de seguridad social? (APLAUSOS)

Quieren liquidar una concepción, un sistema, una sociedad que es lo inverso de todo eso. ¿Por qué la quieren ahogar? ¿Por qué la quieren asfixiar? ¿Para crear qué en el mundo? ¿Para ofrecerle qué al mundo?

Por eso nosotros, que tenemos estas convicciones, las defendemos con tanta decisión y con tanta firmeza. Nosotros, que conocemos estas verdades, que sabemos lo que significa lo otro y que no queremos ser lo otro, estamos dispuestos a pagar el precio que sea necesario (APLAUSOS).

Ha coincidido este evento con un proceso electoral importantísimo en nuestro país donde, precisamente en las próximas semanas, tendrá lugar la elección directa y secreta de los delegados a las asambleas provinciales y de los diputados a la Asamblea Nacional, que constituye el máximo órgano de poder del Estado. Sin embargo, no habrán visto ustedes las calles de nuestra ciudad llena de pasquines, de carteles, de propaganda de todo tipo; no habrán visto esa guerra, ese lucha, esa pugna feroz. Y si visitan los barrios, verán a los candidatos a diputados trabajando juntos, haciendo la campaña juntos, visitando juntos las escuelas, las instituciones, los centros de trabajo; reuniéndose con la gente, discutiendo con la gente, conversando con la gente, en virtud de los principios que hemos aplicado en nuestro país.

No teníamos por qué copiar los inventos del imperio, de las sociedades saqueadoras y explotadoras; no teníamos por qué copiar de aquellos que crearon el colonialismo, aquellos que fueron responsables del colonialismo, de la esclavitud, del neocolonialismo, del neoliberalismo; no tenemos por qué copiar de ellos. Hay algunos que lo han tratado de hacer y se embarcaron, se fragmentaron en mil pedazos, y quién sabe si alguna vez volverán a ser lo que fueron (APLAUSOS).

A nosotros nos quieren barrer de la faz de la Tierra porque resistimos, porque nos negamos a uncirnos a ese yugo, porque nos negamos a dejar de ser lo que somos, aunque tengamos que luchar en condiciones muy difíciles.

Ellos hablan de democracia, y valdría la pena que meditaran sobre lo que estamos haciendo nosotros y cómo son las elecciones en nuestro país y cómo hemos ido perfeccionando nuestras ideas. Son las nuestras, no queremos decir que nuestras recetas sean iguales para todos o puedan servir para todos, no tenemos esas pretensiones. Hay muchas cosas que ha hecho la Revolución que sabemos que otros países están empezando a hacer, o que otros países se sienten deseosos de hacer y no pueden.

La concepción del estudio y el trabajo, la aplicación de ese principio marxista y martiano —no podemos olvidar a Marx, no fue solo Martí, y quién puede sentir más amor por Martí que nosotros, los cubanos (APLAUSOS)—, tanto Marx como Martí plantearon el principio del estudio y del trabajo, desde aquellos análisis que había hecho Engels en la sociedad inglesa donde obligaban a trabajar a los niños de siete, de ocho, de diez años.

Aquella sociedad despiadada había descubierto que el niño era un productor en potencia, como lo saben y lo han descubierto en todas partes del mundo las sociedades capitalistas, donde hasta niños de ocho, nueve y diez años tienen que trabajar para ganarse la vida. Pero tanto Marx como Martí descubrieron que el trabajo podía ser un gran instrumento de educación, que el problema no estaba en el moderado esfuerzo físico o mental que tuviera que hacer un adolescente como parte de su educación, sino en las razones por las cuales les imponían un esfuerzo físico y mental desproporcionado, en condiciones despiadadas, a aquellos adolescentes.

La aplicación del principio marxista y martiano del estudio y el trabajo es algo, a mi juicio, que constituye una creación de la Revolución Cubana, ¡su aplicación!, que fue también elaborada, porque de aquellas ideas se había hablado, pero era necesario ponerlas en práctica, y la Revolución Cubana elaboró las ideas para poner en práctica aquel principio.

Hay otra cosa como es el médico de la familia, tiende a extenderse la concepción cubana del médico de la familia. Pero no pretendo por ello que lo que nosotros hagamos en la esfera política sea remedio o panacea universal. Sé que es nuestro remedio y estamos muy satisfechos con nuestro remedio, y sé que no es fácil aplicarlo, porque para aplicarlo es necesario primero hacer una revolución muy profunda, y no es fácil hacer revoluciones profundas (APLAUSOS).

Nosotros hemos establecido el principio de que el pueblo postula y el pueblo elige. No es el Partido, no es nuestro Partido quien postula ni es nuestro Partido quien elige; son las organizaciones de masa y es el pueblo. Los delegados de circunscripción son postulados por el pueblo organizado en asambleas, sin ninguna intervención del Partido. De ahí salen esos delegados, que son los que constituyen las asambleas municipales del Poder Popular; pero son, además, los que postulan a los candidatos a las asambleas provinciales y a los diputados a la Asamblea Nacional con la participación de las organizaciones de masa, presididas por los trabajadores y constituidas también por los campesinos, las mujeres, los CDR, los estudiantes; ellos constituyen las comisiones de candidatura y son los que proponen los candidatos a las asambleas municipales. No es el Partido.

Por eso un hombre sencillo y humilde del pueblo puede ser diputado a la Asamblea Nacional, no hay que ser millonario. Ahí está su historia, ahí está su vida, ahí están sus méritos, que es lo que cuenta. La mayor parte de los miembros de esa Asamblea Nacional son delegados de base, hasta un 50% de acuerdo con la ley. Y para ser electo como delegado a la asamblea provincial o como diputado a la Asamblea Nacional, necesita la mitad más uno de los votos válidos.

En ese proceso estamos inmersos nosotros ahora con vistas a las elecciones el 24 de febrero. Comparen ustedes este proceso nuestro, estos procedimientos y estos métodos con lo que ocurre en otras partes. ¿En qué parte los obreros postulan? ¿En qué parte los estudiantes postulan, los campesinos, las mujeres, los vecinos, y eligen? Nos sentimos orgullosos de estos procedimientos; nos sentimos orgullosos, además, de cómo en medio de una situación tan difícil, en medio de un período especial, nos sometemos a la prueba de esas elecciones, que supone para la Revolución contar de manera franca y plena con la mayoría del pueblo (APLAUSOS). Y la Revolución no cuenta solo con la mayoría del pueblo, cuenta también con lo mejor del pueblo; no cuenta solo con la cantidad, sino que cuenta también con la calidad (APLAUSOS).

En todas estas tareas estamos envueltos, en momentos en que desapareció el campo socialista, se ha creado un mundo unipolar y Estados Unidos pretende gobernar ese mundo y pretende hacer desaparecer de la faz de la Tierra la Revolución Cubana.

A nosotros nos llegan infinidad de mensajes de muchas partes del mundo que se sintetizan en una palabra: "¡Resistan, resistan, resistan!" (APLAUSOS) Por eso nos conmueve esa declaración de ustedes, esa solidaridad de ustedes, esa idea de recoger en el continente libretas y lápices para nuestros niños, de modo que nuestro programa educacional no se detenga. Nosotros haremos lo posible para que no se cierre una sola escuela, para que aunque sea en papel de cartucho tengan los niños donde escribir y con qué estudiar (APLAUSOS). Pero nos alienta, nos estimula, nos refuerza ese noble esfuerzo de ustedes, que representan no al pueblo rico, sino al pueblo humilde, al pueblo modesto de la América Latina, quienes han tenido que venir aquí haciendo grandes sacrificios personales, sobre todo cuando las distancias son grandes y hay que pagar más de 1 000 dólares por un viaje de ida y vuelta en avión, unos más y otros menos, según la distancia, pero todos con el mismo mérito y la misma buena voluntad (APLAUSOS).

Nos conmueve pensar que nuestros niños van a estudiar con esos lápices y esas libretas. Pero lo vemos, sobre todo, por el sentido moral que eso tiene, que es lo importante, lo fundamental. La batalla contra el bloqueo es una batalla política, difícil y dura, porque los que organizaron y crearon el bloqueo elaboraron bien esa madeja y la enredaron como un nudo gordiano, muy difícil de deshacer. No bastan los acuerdos de las Naciones Unidas, hay que librar una batalla política a nivel mundial para derrotar el bloqueo que hoy es cien veces más cruel, porque antes, cuando existían el campo socialista y la URSS, comerciábamos con esos países, vendíamos nuestros productos, recibíamos precios justos, importábamos mercancías, disponíamos de combustible, disponíamos de suficientes alimentos.

En el año 1960, en los primeros tiempos de la Revolución, cuando empezó el bloqueo yanki, con una tonelada de azúcar se compraban ocho toneladas de petróleo; con la URSS, en virtud de acuerdos comerciales que se fueron forjando a lo largo de años, si el precio del petróleo subía, subía el precio del azúcar y con una tonelada de azúcar comprábamos siete toneladas de petróleo. Quiero expresarles que hoy con una tonelada de azúcar solo se compra 1,4 toneladas de petróleo, que goza de precios monopólicos; y el azúcar sí es difícil de producir, porque hay que sembrar la caña, cultivarla, cortarla, transportarla, transformarla, embarcarla y se necesita el esfuerzo de cientos de miles de hombres. Prácticamente lo que están consumiendo nuestros vehículos, nuestras plantas, nuestras fábricas es azúcar, cuando con una tonelada de azúcar usted solo puede comprar 1,4 toneladas de petróleo. Esto es para que tengan una idea del tipo de dificultades a las que nosotros tenemos que enfrentarnos, aunque, claro, buscamos nuevas vías, buscamos nuevas fórmulas, pero delante tenemos el bloqueo yanki, implacable, sistemático, despiadado, endurecido, sin que podamos contar ahora con aquel comercio y aquellas ventajas que teníamos en nuestras relaciones económicas con el campo socialista y con la URSS.

Por eso el bloqueo ahora nos hace mucho más daño, incomparablemente más daño; además, son terribles las presiones contra todos los que comercian con nosotros, o quieren comerciar con nosotros, o quieren invertir algo en Cuba, o quieren realizar alguna operación comercial con Cuba.

Es por ello, compañeras y compañeros latinoamericanos, que el bloqueo ahora es mucho más duro por esas condiciones especiales surgidas al desaparecer el campo socialista; sin embargo, estamos dispuestos a luchar, estamos dispuestos a resistir y estamos dispuestos a esperar el tiempo que sea necesario, porque el mundo no puede seguir como va, ni seguirá como va, ni los pueblos se pueden resignar a que el mundo siga como va, y ustedes no se van a resignar a que el mundo siga como va (APLAUSOS). Los maestros no se van a resignar a que el mundo siga como va y la presencia de ustedes aquí lo demuestra, esta presencia masiva, este número extraordinario de más de 5 000 participantes procedentes de América Latina y de España (APLAUSOS).

Estas tendencias tendrán que revertirse y se van a revertir; pero se trata de una batalla larga, dura, difícil; de una batalla política, en la cual ustedes tienen ideas de qué hacer, cómo hacer, cómo organizarse y cómo trabajar para hacer sentir la presión del mundo contra ese monstruoso crimen que es el bloqueo imperialista contra Cuba. Nosotros, por nuestra parte, cumpliremos nuestro deber, y cumpliremos con el deber de trabajar, sobre todo, por la amistad y la unión con los pueblos de América Latina.

¡Ojalá los gobiernos —y lo digo aquí con toda franqueza— tuvieran la misma conciencia de ustedes acerca de la unidad y de la integración de América Latina! (APLAUSOS PROLONGADOS)

Me pregunto cuántos traductores han hecho falta en este encuentro, cuántos traductores hacen falta para que nos comuniquemos entre nosotros. ¿Qué ocurriría si en vez de una reunión de latinoamericanos fuera una reunión de europeos? Por cada delegado habría, por lo menos, cuatro intérpretes para poder entenderse; y, sin embargo, ustedes libremente se comunican, se acercan, tratan de unirse para hacer algo, para poder vivir y sobrevivir, para afrontar el futuro.

¿Y acaso estos pueblos, con cuyo destino tanto soñaron hombres como Bolívar, como Martí, como Morelos, como Juárez, como San Martín, como O’Higgins, como Artigas y como tantas relevantes personalidades de nuestra historia, pueden seguir como están, hechos fragmentos, hechos pedazos, pisoteados por esos gigantes de las botas de siete leguas de que hablaba Martí y nos recordaba Gómez? ¿Cuál será nuestro destino, cuál será nuestro futuro?

Mucho me dolió —y lo digo con toda franqueza— que en la cumbre de Madrid no se mencionó ni una sola vez el nombre de Bolívar (APLAUSOS). Por hacerlo en nombre de Cuba, por recordar a los que lucharon contra la conquista y por recordar a los que lucharon por la independencia; tal vez yo pronuncié palabras fuera de época, tal vez pronuncié palabras inoportunas; pero es hora de hablar de Bolívar, es hora de hablar de Martí, es hora de hablar de aquellos que soñaron de verdad con patrias dignas, y con destinos dignos y comunes para cada uno de nosotros.

Han pasado casi 200 años desde que se iniciaron las luchas por la independencia en este hemisferio, ¿y qué somos?, ¿adónde vamos? Me pregunto —como me preguntaba en Madrid— si nos van a descubrir de nuevo, nos van a conquistar de nuevo y nos van a esclavizar de nuevo (APLAUSOS). Porque se hace mucha apología del V Centenario del famosísimo descubrimiento y ni una palabra de los millones que se mueren todos los años por enfermedades y por hambre, ni una palabra de los sufrimientos de cientos de millones de habitantes de este hemisferio, de la inseguridad en que viven, de los padecimientos que sufren; ni una palabra de las decenas de millones de hombres y mujeres exterminados por los conquistadores.

Si no condenamos eso, si no recordamos eso, el destino que nos esperaría sería que dentro de otros quinientos años habría otras celebraciones con motivo de los crímenes y las violaciones que se cometieran contra nosotros, con motivo de las conquistas, de la esclavitud y de la explotación que se hiciera de nuevo a costa de nosotros. Ustedes, que son maestros, lo saben; ustedes, que tratan de enseñar a los niños y a los adolescentes en la verdad, lo saben, y lo saben más que nadie; ustedes, que tratan de forjar el patriotismo, lo saben; ustedes, que tratan de forjar los valores de la justicia social y la solidaridad, lo saben. Porque sin esos valores no seremos nada, no seremos nadie, o peor, seremos algo: seremos eternos explotados, seremos eternos esclavizados (APLAUSOS).

Por eso esperamos tanto de ustedes y nos alegramos de que se multiplique este movimiento de docentes, como se multiplica el movimiento de médicos y otros muchos profesionales que tienen conciencia de estos problemas en forma similar a la de ustedes. Y por eso, permítanme expresarles nuestro más profundo agradecimiento por el hecho de que hayan tenido en cuenta a Cuba, por el hecho de que se hayan acordado de Cuba, por el hecho de que hayan tenido confianza en Cuba, por el hecho de que hayan venido a Cuba (APLAUSOS).

Considero que ya se ha creado una institución, un movimiento con estos encuentros de docentes, y si primero se concibió darlos cada cuatro años y después se decidió darlos cada tres, estoy de acuerdo con la proposición de Bigott de que realicemos este encuentro cada dos años (APLAUSOS PROLONGADOS); y si no cabemos en este teatro, inventaremos algo, otros locales, otra cosa, nos dividiremos en muchas partes y realizaremos nuestro encuentro.

Por eso, permítanme despedirme de ustedes con aquellas palabras inolvidables del Che y pensando que pronto nos volveremos a ver: ¡Hasta la victoria siempre!

(OVACION)

 

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